El patrimonio minero levanta pasiones

Una de las guías del Ecomuseo de de Samuño, durante su explicación a los visitantes. / M. V.
Una de las guías del Ecomuseo de de Samuño, durante su explicación a los visitantes. / M. V.

La oferta cultural del Ecomuseo de Samuño y el MUMI registra cifras de récord | «Son dos grandes museos que se complementan y que dan una clara idea de la dureza y grandeza de este trabajo»

MARTA VARELA LANGREO.

La cultura minera se instala en los planes de ocio de muchas familias españolas y de grupos de jóvenes. Cada fin de semana centenares de personas apuestan por esta oferta cultural que no sólo atrae a asturianos, sino que llegan de distintos puntos de España y de Portugal. La idea general es conocer como era la mina y como vivían los mineros asturianos.

«Estuve en un tren y en una mina». Así resumía el pequeño de la madrileña familia Alonso su visita al Ecomuseo de Samuño. Lo hacían en la mañana tras completar, a primera hora de la mañana, la visita al Museo de la Minería y la Industria (MUMI). Consideran que son dos «grandes museos que se complementan, nos vamos con una idea clara de la dureza y grandeza de la minería».

Las hermanas gijonesas María José e Isabel de la Roz acudieron con sus familiares a disfrutar del día en el valle de La Nueva. Los más pequeños de la casa querían «descubrir minerales, como el carbón, y ver el paisaje» y se mostraron nerviosos por subirse a un tren minero. Los guías reconocen que en cada visita «las preguntas son más concretas y la gente se siente muy atraída por las cosas que se hacían en la mina, pero también por lo que hacían después las familias mineras». Los niños son los que más preguntan y los que «en ocasiones nos ponen en un aprieto con su curiosidad», añadía la experta.

En el langreano Ecomuseo de Samuño se calcula que en los últimos cuatro días han podido pasar más de 1.500 visitantes y que un gran número se ha quedado en reserva por falta de espacio. Mientras, al MUMI acudieron centenares de personas atraídas por su propuesta minera e industrial que refleja el pasado de una comarca que fue uno de los ejes económicos de Asturias.

Una queja es común a ambas instalaciones, la escasez de una propuesta hostelera cercana a ambos. Situación que lleva a que muchos visitantes, tras preguntar, se decanten por salir del valle para continuar disfrutando del día. Así, ayer los tres negocios de La Nueva colgaron el cartel de completo a la hora de la comida. Mientras, el bar del equipamiento continúa cerrado, abriendo solo para grandes grupos que acuden con su propia comida.