El paraíso natural sumergido de Asturias

Mapa topobatrimétrico del fondo marino de la costa asturiana con sus montañas y cañones desembocando en la llanura abisal a cerca de 5.000 metros de profundidad. /
Mapa topobatrimétrico del fondo marino de la costa asturiana con sus montañas y cañones desembocando en la llanura abisal a cerca de 5.000 metros de profundidad.

En nuestros fondos marinos habitan más de 1.500 especies y los cañones superan los 4.700 metros

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA

Si las aguas del Cantábrico se retiraran frente a Asturias como en el milagro bíblico del paso por el Mar Rojo, el paisaje que dejarían a la vista se asemejaría bastante al terrestre: montañas, con sus laderas, riscos o despeñaderos, y valles, estrechándose en desfiladeros o abriéndose en sus cuencas hacia vegas llanas con sus praderas y bosques submarinos poblados por una rica fauna. Los desniveles serían mayores bajo el océano que los de la orografía de la región, llegando a los 4.700 metros en la desembocadura de los diversos cañones de la costa asturiana en la llanura abisal.

Por analogía con las grandes cavidades subterráneas hay quien se refiere a estos accidentes submarinos como simas, un término inexacto para el director del Centro Oceanográfico de Gijón, Javier Cristobo, ya que «si bien en geología se aplica a las cavidades terrestres, para las profundidades marinas la denominación correcta sería la de cañones o de montañas cuando se trata de elevaciones sobre el terreno. Son accidentes que están en el fondo de todos los océanos», matiza. Los más importantes de nuestra zona costera son el llamado sistema de Cañones de Avilés y el Cachucho, que el oceanógrafo compara, respectivamente y con la intención de ofrecer una imagen gráfica que todos puedan entender, «con los grandes valles de Somiedo y con los Picos de Europa». Las medidas de ambos nos pueden servir para ajustar esa visualización a la realidad: el cañón de Avilés –el principal del sistema que forma– comienza a unas 10 millas de la bocana de la ría avilesina en los 128 metros de profundidad y desemboca a -4.700 metros, con un longitud de 75 kilómetros y una extensión de unos 40 (aproximadamente entre el meridiano de Gijón y la costa occidental de Cudillero). El Cachucho –conocido internacionalmente como Banco de Danois, por el investigador francés que lo dio a conocer en 1948– se encuentra a unos 65 kilómetros al norte de Ribadesella y desde su base tiene una altura de 4.800 metros, con la cumbre situada a unos 450 metros de profundidad; tiene forma de meseta y una extensión de 15 kilómetros de norte a sur, y 50 en dirección este-oeste. Desde un punto de vista ecológico, ambos representan las zonas submarinas más ricas en biodiversidad de la costa asturiana, y el Cachucho ha sido declarado en 2011 área marina protegida. Además de estos accidentes, el margen continental de la costa del Principado presenta otros cañones menores: en el extremo occidental el de Navia y al oriente los de Llanes y Lastres. Por su parte, el sistema de Avilés está formado por un cañón principal y dos subsidiarios: El Corbiro y La Gaviera, junto a dos elevaciones rocosas: El Canto Nuevo y Agudo de Afuera.

Estos fondos marinos han sido estudiados desde los años ochenta por investigadores de la Universidad de Oviedo y en ellos hallaron muestras de arrecifes de coral de aguas frías, una particularidad desconocida hasta entonces en el Cantábrico. A partir de 2010, el proyecto Indemares –cofinanciado por la UE y coordinado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente– ha realizado diversas campañas estudiando estas áreas y ampliando los conocimientos existentes sobre los distintos hábitats que albergan. Se utilizaron para ello robots y cámaras submarinas, además de diversos sistemas de draga, arrastre y toma de muestras. Entre las cerca de 1.500 especies identificadas se encuentran algunas tan singulares como el calamar gigante o cetáceos como cachalotes, delfines y rorcuales. En los arrecifes se localizaron auténticos bosques de gorgonias con ejemplares de metro y medio de altura, así como esponjas gigantes. Junto a rarezas como los calamares gigantes ('Architeuthis dux' y 'Taningia danae') o el pez reloj anaranjado (Hoplostethus atlanticus) –que puede llegar a vivir hasta los 100 años–, se encuentran en estas áreas las principales especies pesqueras de nuestra flota: rape, merluza, bacaladas, lirios o el que dio nombre popular al Cachucho, la palometa roja o virrey ('Beryx Decadactylus' y 'Beryx splendens'). La preservación de los hábitats de esta fauna piscícola y un conocimiento lo más completo posible de todas las especies presentes son los objetivos de las diversas campañas emprendidas en el marco del proyecto Indemares: «Todas estas zonas son auténticos oasis de vida –explica Javier Cristobo– y, en concreto, la riqueza que ofrecen los arrecifes coralinos es muy importante, ya que muchas de las especies comerciales dependen de su preservación y de que se sigan manteniendo en buenas condiciones».

Cristobo participó como investigador en la elaboración del primer mapa topobatrimétrico del margen continental asturiano, una iniciativa conjunta del Instituto Oceanográfico Español (IOE) y el Principado de Asturias. En su despacho del Centro Oceanográfico de Gijón nos muestra que si colocamos sobre el mapa en relieve otro con la distribución de los principales caladeros de la región, la correspondencia entre ambos es notoria: «Está claro que la orografía del fondo tiene que ver con las zonas de pesca que tradicionalmente explotaron los marineros asturianos», afirma.

Nuestros pescadores siempre tuvieron conocimiento de los recursos que existían en esas zonas y sobre este hecho señala el oceanógrafo en un estudio publicado en colaboración con el responsable del Centro Oceanográfico de Santander, Francisco Sánchez, sobre el sistema de cañones de Avilés, que «durante decenas de años, las diferentes y numerosas modalidades de pesca del Principado de Asturias han ido acoplándose al escaso espacio disponible en una rica plataforma en recursos, aunque limitada en superficie, para evitar en lo posible el solapamiento de sus actividades y los conflictos derivados de ello. En un impresionante ejemplo de adaptación competitiva, las flotas asturianas han ido ocupando sus respectivos hábitats en consonancia con el de sus especies objetivo». Ahora, recordándolo, el investigador lanza una reflexión sobre el futuro de esos recursos: «Se dice que se pesca mucho, pero tan importante como mantener las poblaciones de peces es mantener los hábitats donde viven esas especies». Un motivo más para prestar atención a esta otra Asturias, sumergida bajo el Cantábrico, que gracias al trabajo de los investigadores científicos empezamos a conocer más en profundidad y a valorarla en toda su riqueza ecológica.