«La ópera tiene que servir para hacer reflexionar a la sociedad»

Varela se dirige al numeroso público bajo la mirada de Mercedes de Soignie. / OMAR ANTUÑA
Varela se dirige al numeroso público bajo la mirada de Mercedes de Soignie. / OMAR ANTUÑA

«Cambios traigo pocos», manifestó el nuevo director general y artístico de la Ópera de Oviedo en el Aula de Cultura de LA VOZ

J. F . GALÁNAVILÉS.

Licenciado en Derecho y campeón de Asturias juvenil de balonmano con el Villa de Avilés, Celestino Varela dio sus primeros pasos en la música como cantante en la Coral Avilesina y en el Orfeón de Ensidesa. Todo cambió un buen día, cuando asistió en la Casa de Cultura a una representación de 'El Barbero de Sevilla', de Rossini.

Fue un flechazo que ahondaría en su ser el día que como voz de una formación coral participó en 'Don Pasquale', de Donizetti. A partir de ahí su trayectoria musical fue dirigiéndose a la ópera al tiempo que se alejaba del canto, disciplina que nunca ha abandonado del todo. «Uno puede dejar de cantar, pero no de ser cantante», matizó durante la amena, didáctica y distendida charla que mantuvo ayer en el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS con Mercedes de Soignie, su responsable, ante un público expectante, deseoso de conocer tanto su trayectoria como la ruta que se marca en su nueva singladura profesional.

Desde el pasado abril Celestino Varela es el director general y artístico de la Ópera de Oviedo, la segunda más antigua de España. «Cambios traigo pocos». Su antecesor en el cargo, Javier Menéndez, «rompió con el modelo anterior y ofreció una versión moderna del género. En lo que sí quiero incidir es en la utilización que se puede hacer de la ópera a nivel social. No es solo un entretenimiento. La ópera profundiza descarnadamente en los problemas de la humanidad y tiene que servir para hacer reflexionar a la sociedad».

A modo de ejemplo aludió a dos conocidos títulos no operísticos, uno literario, 'Patria', de Fernando Aramburu, y otro cinematográfico, 'Ocho apellidos vascos', de Martínez-Lázaro. «Puede que dentro de unas décadas seamos conscientes de lo mucho que han contribuido a cambiar nuestra perspectiva».

Público joven

El otro gran reto que se plantea es acercar al público joven al universo de la ópera. Sabe que no será tarea sencilla y muchos menos rápida. «Nuestro sistema educativo siempre ha dejado a un lado a las humanidades, y más aún a la música lírica. En los países centroeuropeos ir a una ópera es algo normal, cotidiano, casi tanto como lo es aquí ir a tomarse una sidra. Nuestro déficit viene del colegio. A los niños hay que mostrarles la música ya desde temprana edad. Y me refiero a la música en todas sus dimensiones, como en Alemania. Fue allí, en Berlín, donde descubrí la ópera con mayúsculas».

La temporada de ópera en Oviedo se compone de cinco representaciones, todas en el Campoamor, un teatro que «tiene sus limitaciones. La caja escénica es pequeña y hay elementos obsoletos. Hay muchas obras que no se pueden traer simplemente por una cuestión de seguridad». Las barreras no son sólo físicas, también las hay intangibles. «Hay que contar con la venta de entradas. Las cuentas tienen que cuadrar y con cinco representaciones el margen es muy estrecho».

En España la ópera «necesita cambios. Hay que difundir el género, abrir al público los ensayos generales», incluso sumarse a las nuevas tendencias y tecnologías mediante retransmisiones en 'streaming', terreno que a tenor de sus palabras, puede resultar pantanoso. «La ópera tiene que tener un toque contemporáneo, pero hay líneas rojas que no se pueden franquear. Hay gente que se ha acercado a la lírica sin respeto, cambiando incluso frases del libreto. Modernidad sí, pero no a cualquier precio», aseveró con rotundidad.

Varela estudio en la escuela de Ópera de Sabadell, ha participado en unas setenta representaciones en el Liceo, cursó un máster en gestión cultural y trabajó en una empresa como asesor estratégico. La perspectiva que ofrecen veintiún años de trayectoria profesional le permite ver que el mundo de la ópera «ha cambiado mucho. Al cantante, sobre todo al joven, hay que tratarlo con humanidad, no como si fuera algo de usar y tirar, cosa que desgraciadamente sucede. La industria los tritura y luego se olvida de ellos. Lo hemos visto hasta en Operación Triunfo. Hay que trabajar a futuro, carreras largas, y la crítica ha de tener un poco más de compasión», concluyó el avilesino Celestino Varela.