«Fuimos la revolución de Ensidesa»

La sidrería Yumay acogió la comida de antiguos aprendices de Ensidesa, 64 que se formaron en las promociones del 56 y 57. / MARIETA
La sidrería Yumay acogió la comida de antiguos aprendices de Ensidesa, 64 que se formaron en las promociones del 56 y 57. / MARIETA

Los aprendices de las promociones de 1956 y 1957 se reunieron en el Yumay en su tradicional comida anual de reencuentro

ALEJANDRO L. JAMBRINA AVILÉS.

Los aprendices de Ensidesa de la tercera y cuarta promoción se juntaron ayer en el restaurante Yumay de Villalegre para celebrar una comida de reencuentro. Aquellos niños que entraron en la escuela con tan solo 14 años entre 1956 y 1957, volvieron a compartir 'batallitas' con unos cuantos años más encima, «pero con la misma ilusión y cariño que entonces».

Se reunieron un total de 64 personas que, por segundo año consecutivo, han juntado sus dos promociones «porque lamentablemente cada vez quedamos menos», señalaban. Estos encuentros sirven para recordar un tiempo pasado muy diferente, pero que siempre se recuerda como el mejor. «En aquellos momentos fuimos la revolución de la Ensidesa, fuimos una generación más formada y supimos adaptarnos a los tiempos», comentaba Isidoro Sánchez. Como tantos, él entró de aprendiz en la primera sede de la escuela, en la plaza de Álvarez Acebal, siendo un niño junto a 125 compañeros y trabajó más de cuarenta años como Maestro, pero el camino no fue fácil. «Nos pagaban 12 pesetas al día y en las pensiones te cobraban 30 por noche, eran otros tiempos», recuerda otro compañero, Pascual Fernández.

En la promoción del 56 también entraron en la escuela Luis Pérez y Ramón Morán. Sus historias son poco comunes, pues además de trabajar en la empresa se hicieron muy conocidos por participar en campeonatos internacionales de forja y de moldeado en fundición. Morán se coronó como el mejor moldeador del mundo en el campeonato mundial de Dublín y Pérez hizo lo propio en forja tras conquistar las Olimpiadas Juveniles del Trabajo en una reñida final que se celebró en Gijón en el año 1962. Entonces tenía 22 años y hoy, a los 77, lo recuerda como un momento muy feliz. «Allí valoraban nuestros conocimientos técnicos, que por aquel entonces eran fundamentales en la empresa», comentaba ayer en la comida. «Ahora todo ha cambiado y evolucionado mucho, las máquinas han sustituido a las personas», lamentaba su compañero.

Si lograron convertirse en grandes profesionales fue gracias a un equipo de profesores que les enseñó a trabajar durante las 25 promociones que dio la escuela de Ensidesa. Es por ello que algunos de estos alumnos se convirtieron años más tarde en docentes, como Fausto Rodríguez, que impartió clases de electricidad durante los últimos cinco años de actividad, en la escuela de la Toba. «Iba una hora al día a dar clases, una actividad que compaginaba con mi trabajo, pero que me hacía feliz», reconoce. «De la Escuela de Aprendices de Ensidesa han salido grandes profesionales que han hecho crecer a la empresa y la han convertido en el referente que es hoy en día», concluía.