Los Genovés conjugan su arte en el Centro Niemeyer

La familia Genovés (Pablo,Silvia, Juan y Ana), ante la escultura 'Transbase'./MARIETA
La familia Genovés (Pablo,Silvia, Juan y Ana), ante la escultura 'Transbase'. / MARIETA

La exposición 'La unidad dividida por cero' une al artista valenciano y a sus tres hijos y se complementa con la donación de la escultura 'Transbase'

JOSÉ L. GONZÁLEZ

Cuatro artistas, cuatro disciplinas, cuatro visiones del mundo, del arte, cuatro miradas llenas de matices diferentes, pero un solo apellido: Genovés. El avilesino Centro Niemeyer inauguró ayer la exposición 'La unidad dividida por cero', la primera que reúne el trabajo del pintor Juan Genovés con el de sus hijos, Pablo, fotógrafo; Ana, escultora; y Silvia, videoartista, y que se podrá visitar hasta el 6 de enero de 2020. «Para mí ha sido una sorpresa, jamás pensé que iba a inaugurar una exposición con mis hijos», señaló el pintor, emocionado y satisfecho a sus 90 años.

La génesis de esta exposición que alberga la cúpula del Niemeyer hay que buscarla en el proyecto de otra muestra, la que Pablo Genovés planeaba en este mismo centro cultural. Fue su director, Carlos Cuadros, quien vivió ayer «uno de los días más emocionantes» de su vida, el que le propuso juntar el trabajo de toda la familia. Una tarea que recayó en su hermana Ana, la pequeña de los tres.«Mis hermanos y yo siempre hemos tenido una relación especial conAsturias. Mi abuelo materno era vaqueiro.Ha sido fantástico poder mostrar lo maravillosa que es mi familia», afirmó la benjamina de la familia, quien además de aportar piezas a la muestra es su comisaria.

La arquitectura del Centro Niemeyer es la quinta pata de este proyecto.Las singulares formas del creador brasileño han sido todo un reto para el montaje, un desafío del que han salido nuevas formas de apreciar las obras.«Siempre he sido un pintor de sombras y nunca había visto colgados mis cuadros con su sombra proyectada en la pared y es algo que sugiere cosas», señaló JuanGenovés.

La cúpula del centro, con su forma de «crisol» invertido, se ha revelado como una suerte de «milagroso» espacio de fusión donde «el espectador tiene la oportunidad de asistir al encuentro de cuatro obras muy diferentes».

La primera que se encuentra el visitante en el recorrido es la reproducción de 'El abrazo', una de las obras más conocidas de JuanGenovés que, en este caso, forma parte de la instalación 'Abrazo/desAbrazo'. Y es que, detrás de la pared en la que se ubica, hay una adaptación de la obra en forma de fotografía de Pablo.Una instalación en la que también participa Ana y que aporta una lectura diferente a la icónica pintura de su padre.

La muestra permite además hacer un recorrido por la trayectoria vital y profesional de Juan Genovés, con cuadros de sus diferentes etapas, en los que la simple observación del color ya deja patente la evolución del artista, y también la de un país que pasó de la dictadura franquista a la conquista de la capacidad para decidir su futuro.

Las fotografías de Pablo ocupan además un espacio propio en la cúpula. Es la suya una poética que se aleja de la propia técnica fotográfica para acercarse a la pintura, proponiendo mundos mucho más cercanos a la ficción que al registro de la realidad.

Silvia se suma a esta fiesta artística con una serie de vídeos en los que hace gala de su particular visión del humor y del absurdo para sorprender al espectador. La muestra la completan las esculturas de Ana, piezas que invitan a la reflexión y al misterio de la perplejidad. «Lo verdaderamente importante es el modo en que sus poéticas despliegan cuatro maneras de ver el arte y entender el mundo, atravesadas todas ellas por la presencia de la incertidumbre, de algo que no se sabe, pero se intuye, que late debajo de aquello que se ve», señala Miguel Ángel Hernández en el catálogo.

Donación

La exposición de la familia Genovés es solo una parte de la propuesta artística que ayer se pudo ver en el Niemeyer. Si esta es temporal, la otra parte es permanente. Se trata de la escultura 'Transbase', una pieza de acero pintada de blanco de 4,5 x 4 x 2 metros que luce ya en la plaza del Niemeyer y que está basada en el cuadro 'El abrazo', de JuanGenovés. «Está perfecta, estoy encantadísimo, cada detalle está hecho al milímetro. De España siempre esperaba la chapuza, pero esta está hecha con amor», destacó JuanGenovés.

Partiendo de 'El abrazo', el propio autor desarrolló una maqueta que se trasladó al acero en las naves del GrupoDaniel Alonso, patrono de la Fundación Niemeyer. El resultado, dos grandes planchas de acero con siluetas recortadas de personas que corren hacia un centro vacío. «Todo proyecto que he hecho llevaba luego a una chapuza. En Asturias esto no pasa», señaló el pintor, quien recordó que, en su Valencia natal, han sido muchas las propuestas para crear una escultura firmada por él que nunca han visto la luz.

La obra es una donación al Niemeyer, que pasa a formar parte de su fondo.Para disfrutarla en su plenitud, su autor recomienda «rodearla. Hay que dar la vuelta, porque así se ve el movimiento de las figuras, que cambian». Incluso el tiempo de Asturias le puede venir bien a esta pieza, según destacó su autor. «Hasta esta mañana, cuando la vi con sol, no me había dado cuenta de que también se ven las sombras.El tiempo en Asturias es muy cambiante y esta es una escultura que está viva».