La restauración de San Miguel de Lillo saca a la luz nuevas pinturas murales del siglo IX

Recuperación. Vistas de las pinturas que los restauradores han conseguido recuperar en la iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo. / TPA
Recuperación. Vistas de las pinturas que los restauradores han conseguido recuperar en la iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo. / TPA

Los técnicos logran recuperar decoraciones originales del siglo IX y descubren una escena tardomedieval con escudos de dos familias

LUIS MENÉNDEZGIJÓN.

El prerrománico asturiano no deja de dar sorpresas. La última, en la iglesia de San Miguel de Lillo, donde el equipo de restauradores que trabaja allí desde el pasado año ha conseguido recuperar una serie de pinturas del siglo IX que permanecían ocultas. Se trata de una serie de decoraciones geométricas que destacan por contar con una paleta de color muy sencilla, pero que a la vez cuentan con una gran viveza y que destacan por su factura técnica, según señalaron los técnicos a la Tpa.

Estas pinturas se encuentran en la bóveda de la nave sur y hasta que estos trabajos se han puesto en marcha era imposible verlas debido a los problemas de humedad, los daños biológicos y las intervenciones poco acertadas que se realizaron en el pasado.

No es esta la única sorpresa que ha deparado esta campaña de restauración del templo de San Miguel de Lillo. En el ábside, el equipo técnico ha conseguido recuperar una escena tardomedieval que cuenta con los escudos de las familias Álvarez y Solís, superando así las expectativas con las que se iniciaron los trabajos de restauración.

Otro de los descubrimientos es el que se refiere a los tubos acústicos. A cinco metros de altura, bajo las impostas de las bóvedas, se han localizado varios elementos de este tipo, unas estructuras que, se cree, tenían una función de amplificación del sonido.

Hasta ahora, solo se conocía la existencia de tres de estos elementos cerámicos en el templo, que fueron documentados por Menéndez Pidal en 1950. Los expertos destacan el valor de este hallazgo ya que pocas iglesias con la antigüedad de San Miguel de Lillo, que data del siglo IX, cuentan con estas estructuras.

Los trabajos de restauración no solo se han centrado en las pinturas y los tubos acústicos. Los técnicos también han volcado sus esfuerzos en las celosías, que se encontraban muy deterioradas.

La restauración de San Miguel de Lillo es un plan plurianual que comenzó el pasado año impulsado por el Ministerio de Cultura, que aportó 663.000 euros. Por su parte, la Consejería de Cultura del Principado sumó otros 60.000 para devolver el antiguo esplendor a este templo logrando la consolidación de las pinturas murales y los revestimientos originales.

La primera fase de los trabajos consistió en un estudio pormenorizado del estado original, que se documentó con fotografías y vídeos. Después, con sondas digitales, se analizaron los materiales y las condiciones climáticas para redactar un protocolo de conservación y poder proceder a la limpieza de las superficies de daños biológicos con métodos no invasivos para eliminar, de forma paulatina, los recubrimientos de antiguas restauraciones que cubrían los elementos originales. Además, se sustituyó el portón de castaño, colocando uno nuevo con un diseño casi idéntico al anterior y que mejora la ventilación.