«Asumo resignado que no se puede reclamar cultura donde falta educación»

Gonzalo Suárez, en su casa de Madrid. /Iñaki Martínez
Gonzalo Suárez, en su casa de Madrid. / Iñaki Martínez

Gonzalo Suárez vuelve a las librerías con 'La musa intrusa'. «Me gustaría rodar otra película en Asturias y escribir otro libro con la más intrusa de las musas»

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAGijón

Es un imprescindible la cultura española. Un hombre y nombre mayúsculo del cine y de las letras. Es Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934), que vuelve a las librerías con 'La musa intrusa', que sigue con la cabeza lúcida creando sin tregua.

–Vuelve con 'La musa intrusa'. ¿Las musas no entienden de edad? ¿No tienen horario ni fecha en el calendario?

–Las intrusas no. Siempre aparecen cuando menos se las espera. Incluso a aquellos que ni siquiera las esperan. 'La musa intrusa' ha sido un libro inesperado, incluso para mí.

–¿Recuerda usted cuando se le despertó la primera musa, cuándo advirtió que estaba creando?

–Las musas son como las moscas. En mi tiempo, los niños las cazaban al vuelo y les arrancaban las alas. En Puñil, Anleo, mi tío Eusebio las mataba con la boina. Mi nieto Martín las atrapa delicadamente entre dos dedos como si fueran mariposas y las saca al exterior para que recuperen su libertad. Hay muchas maneras de tratar con las moscas y con las musas. Pero las musas intrusas nunca se dejan atrapar.

–Es este nuevo libro un relato diferente, en el que se entremezcla lo autobiográfico con la pura ficción. ¿Por qué decidió hacerlo así?

–No se entremezclan. Hay un largo prólogo autobiográfico y un único relato de ficción. Se lo debo a la sugerencia de Claudio López Lamadrid, mi editor en Random House. El libro está dedicado a mi padre, pero su publicación simultánea en México y en España se la dedico a la memoria de Claudio. Era un gran editor que se preocupaba por los libros que editaba y… los leía.

–¿A usted le abruma la realidad de hoy? ¿Es necesario a veces buscar refugio en la ficción?

–Nací en el Oviedo del 34. Viví la guerra y la posguerra. Lo que llama «la realidad de hoy» no puede abrumarme más que la realidad de ayer, ni la ficción es refugio suficiente para afrontarla.

–Un hombre tan apegado al arte y la creación, ¿cómo vive nuestra intensa vida política?

–Ante todo soy un ciudadano de a pie que ejerce su derecho a voto.

–¿Le duele que la cultura no forme parte de los discursos políticos, de los debates?

–Asumo resignado que no se pueda reclamar cultura donde falta educación.

–¿Con qué ojos mira a este mundo que nos rodea? ¿Qué cara se le queda viendo las noticias?

–Me sorprendo a mí mismo comiendo un filete mientras contemplo las injusticias y atrocidades de un mundo donde se mata sin piedad y se muere de hambre.

–Hablamos antes de este nuevo libro, pero acaba de presentar en el Museo del Prado 'El sueño de Malinche'.

–No podía sospechar que 'El sueño de Malinche' despertara tantas expectativas. Creo que, gracias a los dibujos de Auladell y al tratamiento poemático, se está convirtiendo en una pieza importante para la relación de México y España. En estos momentos estamos pendientes de diferentes museos que pretenden adquirir la película para su colección.

–Ha dicho que «todos somos hijos de nuestra infancia». ¿Cuál es su Asturias de infancia?

–Salí de Asturias a los dos años y descubrí Asturias a los nueve. Mi infancia transcurrió más bien en el Madrid de la posguerra y mi paisaje fue la biblioteca de mi padre.

–¿Y cómo es su Asturias de hoy? ¿Ha cambiado su visión con el tiempo o con la distancia?

–Asturias me deslumbró porque era como la selva mágica de mis sueños y esa mirada del niño sigue prevaleciendo ahora, cuando ruedo películas o escribo libros. Pero, por supuesto, también soy consciente de los problemas que afectan a Asturias como al resto del país.

–También ha dicho: «Solo quiero escribir una historia más y hacer una película más». ¿Cómo quiere que sea ese libro? ¿Cómo quiere que sea esa película?

–Acabo de hacer una película, 'El sueño de Malinche', y publicar un libro, 'La musa intrusa'. Necesito cobrar resuello. Pero puedo anticipar que me gustaría rodar otra película en Asturias y escribir otro libro con la más intrusa de las musas.

–Discúlpeme, pero me resisto a creer que solo le queden un libro y una película pendientes. ¿Hay más historias? ¿Hay sueños imposibles?

–Las historias surgen y se renuevan con la velocidad de los pensamientos. No tengo ni idea de lo que haré ni de lo que pueda llegar a hacer. Pero, desgraciadamente, sí hay sueños imposibles.

–También querría dirigir la adaptación de 'Doble dos' y no va a ser posible.

–Soy el autor de la novela y de mi parte en los guiones que escribí con Sam Peckinpah, pero Antena 3 que, al parecer, financia parcialmente el proyecto, prefiere a otro director.

–Hace poco me decía Margarita Salas que siente una discriminación hacia las personas mayores, que no se atiende ni se escucha su talento. ¿Comparte con ella ese sentimiento?

–Nadie puede impedir que escribas ni que pintes a cualquier edad mientras puedas. El cine es diferente porque implica una inversión de dinero y las nuevas generaciones irrumpen con fuerza y talento. Es lógico. Pero no me siento discriminado. Siempre me he movido fuera de contexto.

–Permítame mirar atrás, a su cine y a su literatura. Cuando se habla de usted siempre se le reconoce como un imprescindible de la cultura española.

–Sinceramente, no soy imprescindible ni creo dejar más legado que el de obstinarme en no hacer aquello que no quiero hacer. He evitado pertenecer a grupos y he tratado de dirigirme a las personas de una en una, fuera de modas y colectivos.

–¿Y qué sensación le provoca el cine de hoy? ¿Qué ve?

–Buena técnica y exceso de mimetismo. Paradójicamente, se hacen muchas películas y se ven muy pocas. Con alguna salvedad, los autores de antaño brillan por su ausencia y la taquilla tiene la última palabra. Veo más series extranjeras que películas y aprecio el buen nivel actoral y de realización.

–¿Y qué lee? ¿Qué nota le pone a nuestras letras?

–Leo y releo biografías y ensayos, y cada vez menos libros de ficción. Tenemos excelentes escritores y yo no soy quién para ponerles nota. Con los libros pasa como con las películas. Se publican muchos y se leen pocos.

–Por cierto, tercie usted en el debate del lenguaje inclusivo.

–No tercio en debates, que cada cual opte libremente por el lenguaje que quiera.

–¿Se atreve a opinar sobre la cooficialidad del asturiano?

–Personalmente creo que la libre expresión en la lengua que uno elija no necesita la bendición oficial. Un escritor debe superar todos los condicionamientos, como los pintores impresionistas se echaban al monte con el lienzo bajo el brazo sin esperar ninguna aceptación oficial.

–¿Teme que algún día nos quedemos sin salas de cine y todo lo veamos en casa?

–No lo temo, lo preveo. Pero esa nueva relación acerca el cine al libro y permite que veamos más películas que nunca y podamos recuperar aquellas que antes quedaban recluidas en filmotecas y cineclubs.

–¿Tiene Netflix o no le van las plataformas?

–Tengo Netflix, pero no entro en las redes sociales y uso un móvil que sólo sirve para recibir llamadas y llamar, si es que eso le interesa a alguien.

–¿Toda la creatividad está en las series como dicen algunos?

–Las series suelen ser un producto frecuentemente excelente que no requiere la creatividad personal de un solo director. Importan más los guionistas.

–Usted nació cuando nació, pero si hubiera nacido en este siglo. ¿Sería otra su forma de crear arte?

–En 'La musa intrusa', de la que hablaremos en otra ocasión, está la respuesta a su pregunta.