El efecto Vasarely resucita en el Thyssen

Exposición de Victor Vasarely. /EP
Exposición de Victor Vasarely. / EP

Acoge una retrospectiva del padre de Op Art, los trampantojos cinéticos que engañan a la percepción

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Hace medio siglo el arte óptico de Vasarely era omnipresente. El Op Art, el osado y dinámico ilusionismo óptico del «radical» artista francohúngaro, libraba un batalla sin cuartel con el Pop Art. Engañando al ojo y a la mente del espectador con sus trampantojos cinéticos y paradojas geométricas, hay quien sostiene que ganó el primero, aunque muriera de éxito. Cinco décadas después es Andy Warhol quien ocupa el trono de la popularidad global, mientras que el efecto Vasarely resucita con la ayuda de grandes museos europeos como el Thyssen-Bornemisza. Presenta hasta el 9 de septiembre una espectacular monográfica sobre Victor Vasarely (Pécs, 1906 - París, 1997), el padre del movimiento Op Art. El parisino Centro Pompidou hará lo propio en febrero próximo y antes el ilusionismo colorista y dinámico de Vasarely estallará en Fráncfort certificando su resurrección.

«La locura Vasarely estaba en los 60 y los 70 por todas partes: en camisetas y minifaladas, en la consulta del dentista, el cine, el banco, la discoteca e incluso en la iglesia», constata el director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, para dar prueba de la inmensa popularidad que alcanzó la geométrica pintura de Vasarely, un «ilusionista óptico» de inspiración cuántica y matemática «empeñado en democratizar el arte». «Fue al Op Art lo que Warhol al Pop Art, pero tras esa locura, en Vasarely latía un impulso racional: aspiraba a ir más allá de la pintura y de la escultura y lograr la interacción psicológica y fisiológica con el espectador», plantea Solana.

Un efecto que es nítidamente perceptible en muchas de las 88 obras de una muestra que encandila y desconcierta. Hasta tal punto que una de las conservadoras del museo se sintió mareada y debió abandonar una de las salas de la exposición cuando traducía la explicaciones de Márton Orosz, conservador del Museo de Bellas Artes de Budapest, director del Museo Vasarely y comisario de la muestra. Organizada en ocho secciones y por orden cronológico, incluye dos películas y se abre con un prólogo dedicado a las 'Estructuras Vega', una de las series más populares de Vsarely, realizada en la cima de su carrera y que toma su nombre de la estrella estival más brillante del hemisferio norte.

Contra el elitismo

Formado en Budapest con los huidos de la Bauhaus alemana, el dinámico y paradójico arte de Vasarely llegó a todas partes y logró una de las antiguas ambiciones de las vanguardias soviéticas: «llevar el arte a las masas y acabar con el elitismo y la separaciones entre el arte y la vida y el elitismo de las subastas y las galerías». «Fue el gran empeño de Vasarely, que logró además algo de lo que Warhol no fue capaz, como es la saturación total del campo visual», destaca Solana.

Pero su descomunal éxito fue su condena, ya que «Vasarely moriría de éxito», según Solana. Aun así, el poder de su pintura cinética persiste y afectó de pleno al propio Guillermo Solana, quien sintió como Vasarely «había vuelto a la vida» ante una de sus obras icónicas en una visita al Pompidou.

Organizada con fondos de los museos Vasarely de Budapest, de Pécs, de la Fundación Vasarely de Aix-en-Provence y de otros destacados préstamos de colecciones privadas, con 'El nacimiento del Op Art' el Thyssen quiere demostrar la fortaleza de ese renacido efecto Vasarely ofreciendo una visión global de la vida y obra del artista nacido en Hungría pero que realizó lo mejor de su producción en Francia. «Nos adelantamos en la recuperación de un gran artista radical que habíamos perdido por un tiempo», dijo Solana, feliz por tomar la delantera al Pompidou y contribuir tan activamente a esta resurrección de un «ilusionista que desencadena su magia analizado las propiedades ópticas». «El espectáculo no está en el lienzo, sino en el efecto que se produce en la retina del espectador. Es como si la obra se metiera en nuestros propios ojos», dice Orosz para resaltar ese «el efecto vibrante» de la pintura en movimiento «de un pionero de la desmaterialización de la obra artística».

«Fue un artista crucial del siglo XX que no está reconocido como merece en el XXI» dice su hijo Pierre, responsable de la fundación Vasarely radicada en Francia. «Su papel fue determinante para la tecnología y sigue siendo rabiosamente contemporáneo», afirma Pierre Vasarely de una de las figuras más destacadas de la abstracción geométrica.

Sus experimentos con estructuras ambiguas y ópticamente dinámicas irrumpieron a mediados de los sesenta con la etiqueta Op Art, dando origen a una tendencia efímera pero de extraordinaria popularidad. La muestra del Thyssen quiere destacar ese papel crucial de Vasarely en el desarrollo de la abstracción geométrica y difundir, al hilo de sus principios y reflexiones teóricas, sus experimentos para integrar el arte en la sociedad.

«Se propuso acabar con el concepto elitista del arte en los 60», insiste el comisario destacando la importancia de su propuesta para poner en valor el papel del artista francohúngaro en el arte cinético. Un género que Vasarely desarrolló a partir de un algoritmo y sun interés por la física cuántica. Un arte que engrandeció e internacionalizó «y para el que su aportación fue decisiva». «El Op Art fue más popular que el Pop Art en los sesenta», concluye el comisario para quien el «ilusionismo plástico» de Vasarely «aguanta bien el paso del tiempo».

Ficha

Qué: Victor Vasarely. El nacimiento del Op Art

Dónde: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado, 8. Madrid. www.museothyssen.org

Cuándo: del 7 de junio al 9 de septiembre de 2018.

Cuánto: Entrada general 12 ?, reducida 8 ?.

 

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