Alegría vienesa con chispa española

El público completó el aforo del Teatro Jovellanos./
El público completó el aforo del Teatro Jovellanos.

El gijonés Mariano Rivas dirigió a la Orquesta Filarmónica de España en un Jovellanos abarrotado | El público disfrutó de dos horas largas de valses, polcas y guiños a la música del país en un concierto muy apludido

RAMÓN AVELLO GIJÓN.

Ante un público con ganas de diversión que abarrotaba el Jovellanos, la Filarmónica de España, con el gijonés Mariano Rivas al frente, celebró ayer el concierto de Año Nuevo. Junto con la orquesta, actuaron la soprano Jessica Stavros, la bailarina Nuria Lloris, la Coral Polifónica Gijonesa Anselmo Solar, el Coro Joven de Gijón, dirigidos por Santi Novoa y el Coro Castillo de Gauzón, dirigido por Rocío Cuervo Coto, en un concierto peculiar que hermanaba valses y polcas con oberturas, danzas y romanzas españolas.

Decía Odón Alonso hace casi treinta años en un concierto de Año Nuevo en Gijón que la zarzuela debería ser ingrediente de la música festiva del principio del año en España y que incluso habría que llevarla a Viena. Ayer no estuvo en Viena, pero al menos se escuchó en Gijón. El programa compaginó en la primera parte obras de Johann Strauss II y Chaikovski, con páginas de Gerónimo Giménez, Moreno Torroba, Amadeo Vives y Falla. En la segunda parte predominaron los aires centroeuropeos, con piezas de J. Strauss II hijo, Liszt, Lehar y Rudolf E. Kalman, terminando con las dos propinas clásicas del Concierto de Año Nuevo en Viena, 'El Danubio azul' y la 'Marcha Radetzky'. Programa variado que Rivas dirigió con ritmo, oscilaciones de tiempo a veces algo extremas en la velocidad y siempre con entrega y pasión. Respecto a los solistas, la soprano grecoamericana Jessica Stavros tiene una voz larga con una tesitura muy solvente en los agudos. Tal vez en la petenera 'Tres horas antes del día' le faltó un poco de 'rajo'. Sin embargo en los aires de opereta, Jessica estuvo espectacular. La bailarina Nuria Lloris fue la solista más aplaudada por su intervención en el fandango de 'Doña Francisquita', de Amadeo Vives. Es sorprendente cómo se desenvolvía en un espacio estrechísmo del escenario. Las corales no encontraron una ubicación idónea en el escenario. En 'Amigos, siempre amigos', de Guerrero, la sonoridad estaba un poco pálida. Mejor en sus intervenciones de 'La viuda alegre', de Lejard, y 'Las princesas de las czardas', de Calman, acompañando a una Stavros estratosférica.

Entre los aspectos más destacados de un concierto muy apludido destacamos una cierta alegría y sentido del humor de la orquesta con la complicidad del director en obras como 'En los valles de Krapfen', de Strauss, protagonizado por una flauta dulce; la fuerza y la energía de la jota 'El sombrero de tres picos', en una versión en la que con medios orquestales reducidos se consiguen grandes clímax sonoros, o la versión bastante sólida en la cuerda de la rapsodia húngara 'Delis', de Frantz Liszt.

Al final el público disfrutó de dos horas largas de valses, polkas y guiños a la música española, esto último lo más apludido.

 

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