Celestino Varela, «una mano férrea con guante de seda» para la Ópera

Celestino Varela, nuevo director general de la Ópera de Oviedo, durante su presentación. / MARIO ROJAS
Celestino Varela, nuevo director general de la Ópera de Oviedo, durante su presentación. / MARIO ROJAS

El nuevo director general presenta un plan en el que quiere involucrar a la UE, captar público de las comunidades vecinas y acercarse a los socios

A. VILLACORTA OVIEDO.

«Una mano férrea con guante de seda». Así definió ayer la catedrática de Musicología María Encina Cortizo a Celestino Varela (Avilés, 1971) durante su presentación oficial como nuevo director general de la Ópera de Oviedo, celebrada en el Salón del Té del Campoamor. Porque, a su «sólida formación en el terreno musical y en el de la gestión y programación», el avilesino suma «una serie de cualidades que le hacen la persona idónea para liderar equipos».

Varela se impuso por unanimidad ante el Patronato de la Fundación Amigos de la Ópera entre 23 candidaturas nacionales e internacionales -otras tres fueron declaradas no válidas- tras la marcha de Javier Menéndez al Teatro de la Maestranza de Sevilla. Un proceso de selección marcado por «el rigor» que fue calificado por Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, presidente de la Fundación, como «todo un reto», visto «el nivel artístico y gerencial de los candidatos».

Pero, finalmente, el elegido fue este hombre que ayer prometió «dejarse la piel» por la Ópera de Asturias -como le gusta llamarla- y que desgranó algunas de las líneas maestras del plan que presentó ante el Patronato para llevarse el gato al agua. Y lo hizo arropado, entre otros, por el viceconsejero Vicente Domínguez; la vicealcaldesa ovetense, Ana Taboada; el concejal de Cultura, Roberto Sánchez Ramos, y el anterior presidente de la institución, Jaime Martínez.

Con apenas 48 horas en el cargo, la próxima temporada ya montada y sintiendo que volvía «a casa», el nuevo director general se refirió a tres puntales para «poner a la Ópera, a Oviedo y a Asturias como referentes a nivel mundial». Tres objetivos estratégicos de los que el primero estará influido por las próximas elecciones, así que «va a haber un acercamiento a los nuevos representantes a nivel local, autonómico, estatal y europeo» en busca de nuevos apoyos.

«Yo creo que Europa, que está viviendo una crisis en la que se ha ocupado demasiado de los asuntos económicos y poco de los socioculturales, necesita crear de una vez por todas un tejido cultural que vaya más allá de anécdotas como el Erasmus», empezó, por lo que una de sus metas es «presentar a la Unión Europea un proyecto auténtico. Una especie de bandera azul igual que la que se da a las playas, que ondee en todos los centros que se adscriban a un proyecto común y que sirvan como embajadas culturales europeas. Que traten de difundir la cultura de una Unión que está en crisis, porque la UE ha abandonado el tratamiento de las personas y de la cultura».

En paralelo, abrirá «una ronda de contactos con las administraciones para hacerles ver lo que supone en cada orden la Ópera de Asturias». Y es que, «en una zona que lleva muchos años en continua depresión social, en continuo encogimiento, no podemos abandonar la cultura en el marco de ese eje noroccidental que hemos visto tantas veces últimamente en los periódicos. Queremos levantar la mano, subir el listón del Campoamor y decir: 'Esta va a ser la gran Ópera del Noroeste'». Es decir: la de Asturias, Cantabria, Galicia y Castilla y León, porque «la Ópera de Bilbao juega en otra liga». Y, para eso, se ha fijado como fin captar nuevos públicos en esas comunidades, «a una hora en coche».

«Quitarle a la ópera el cartel del elitismo y abrirla de verdad» será, por tanto, su segundo eje de acción «para convertirla en un foro de debate en el que la sociedad trate de reponerse de este batacazo de valores y principios que se está llevando».

Y, finalmente, Celestino Varela está decidido a «potenciar la atención al socio» y «establecer un contacto directo con él para que se sienta importante. Porque, hoy en día, hay muchos medios para hacerlo. Desde grupos de WhatsApp a aplicaciones que permiten interactuar. Yo los contesto todos y quiero que el abonado note cercana a la Fundación. Tenemos que escucharles. Hay que estudiar al público y atender a sus preferencias dentro del repertorio».

Todo ello, sin descuidar a los nuevos aficionados, porque «uno de los problemas es la edad del público». Y, como caso didáctico, puso a su mujer, que «se fue un año a estudiar canto a Berlín y allí ir a la ópera es como ir al cine sin palomitas, porque desde el colegio conocen todos a Bach». Llevar la lírica «a donde sea y en cualquier formato, porque la ópera es un cantante, un piano y una historia que contar». Una misión en la que solo hay tres líneas rojas: «El respeto al cantante, a la partitura y al libreto. Lo que no puede hacer el director de escena es erigirse en protagonista».