«Tengo ganas de pelear y buscar otros retos»

La soprano allerana Beatriz Díaz, en la antigua Escuela de Comercio. / CAROLINA SANTOS
La soprano allerana Beatriz Díaz, en la antigua Escuela de Comercio. / CAROLINA SANTOS

La soprano Beatriz Díaz desvela en Gijón las principales claves de sus quince años de carrera musical

PABLO A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

La soprano asturiana Beatriz Díaz (Boo, 1981) desveló ayer en la antigua Escuela de Comercio algunos de los secretos de cocina de su trabajo a lo largo de sus quince exitosos años de carrera profesional y puso la miel en los labios al público que la escuchó hablar de cómo será mañana la gala lírica que protagonizará con el tenor Alejandro Roy en el Teatro Jovellanos, promovida como el encuentro de ayer por la Sociedad Filarmónica de Gijón.

La intérprete estuvo arropada por el presidente de la entidad y crítico musical de EL COMERCIO, Ramón Avello, así como por el responsable del Taller de Músicos de la Fundación Municipal de Cultura -colaboradora del encuentro-, Eduardo García Saldueña, trasmitiendo con amenidad y cercanía cómo vive su oficio en un momento en el que, afirmó, «tengo ganas de pelear y explorar nuevas vertientes, otros retos». El más inminente, su debut el próximo 25 de enero en el Teatro de la Zarzuela de Madrid con 'El sueño de una noche de verano', de Joaquín Gaztambide, un estreno absoluto con libreto contemporáneo.

Díaz, que comenzó sus estudios de canto con Elena Pérez Herrero en Oviedo y se perfeccionó con maestras de la talla de Mirella Freni, Montserrat Caballé o Elena Obraztsova, confesó su debilidad por Puccini (con muy destacada presencia en el programa de la gala de la Filarmónica), de cuya música declaró que «fue el motor que movió mi vida siempre, y más en momentos especiales». Ahora, cree llegado el momento de sumergirse en repertorios como el que representa el compositor italiano. «Es un reto y me lo planteo como tal. Lo sencillo sería decir 'sé estas canciones, canto esto y voy a quedarme ahí'. Creo que sería un error, hay que crecer, investigar, conocerse». Una materialización de ese deseo de afrontar caminos de mayor dificultad lo ofrecerá en su concierto con Roy interpretando el aria 'Un bel di vedremo', de la ópera 'Madama Butterfly', por primera vez. De hecho, confesó que su actuación en el coliseo gijonés será como «una presentación de la nueva Beatriz, que habrá a quien le guste más y a quien menos. Para mí es parte de mi desarrollo como cantante, de lo que quiero hacer y cómo lo quiero hacer», aseguró.

Sus quince años de carrera profesional y todo lo hecho hasta ahora, le proporcionan junto con la madurez vocal también alcanzada en este tiempo «un cierto poso de tranquilidad y distancia, ya que durante mucho tiempo quizás te exiges ser una máquina y a día de hoy tengo totalmente establecido que soy un ser humano. Lo somos, podemos tener fallos -yo lo he visto en grandísimos cantantes- y no pasa absolutamente nada», argumentó. A fin de cuentas, recordó que «nosotros llevamos el instrumento encima, la voz no es un violín. La técnica te ayuda a suplir carencias, pero a veces te toca cantar en circunstancias difíciles y cuesta que no te afecte».

La zarzuela, un género por el que manifestó una especial predilección, y la referencia a sus trabajos en ella le sirvió para reivindicar su valor estético pese a que «durante mucho tiempo se la maltrató y cantarla era como jugar en Segunda B. Afortunadamente, todo ha cambiado y se está empezando a hacer como se debe, aunque hay talibanes de todo, de la ópera y de la zarzuela», señaló.

Mañana en el Jovellanos la soprano allerana mostrará junto a Alejandro Roy todo la calidad que la ha encumbrado como una de las voces líricas más solventes de nuestro país.