«Cuando alguien me dice que le gusta la buena música, me echo a temblar»

El artista Nacho Vegas, quien mañana actúa en Gijón./P. ZAMORA
El artista Nacho Vegas, quien mañana actúa en Gijón. / P. ZAMORA

Nacho Vegas cierra mañana el verano con un concierto en el Botánico de Gijón y ya no hay entradas. «Los nervios son aún mayores», confiesa Nacho Vegas. Cantante

PABLO SUÁREZ

Dicen que la buena salud de un músico se mide, en términos generales, en canciones. Según ese planteamiento, Nacho Vegas (Gijón, 1974) está de celebración. Con una carrera asentada, el asturiano, un currante del rock, aglutina una cartera de temas a la altura de pocos. Muchos de ellos saldrán mañana a pasear por el Botánico, en un concierto que se presume «distinto».

-Hace días que no hay entradas para su concierto. ¿Sigue habiendo presión por tocar en casa?

-No sé si presión es el término más adecuado pero entiendo lo que dices y sí, tanto yo como mis compañeros y compañeras dentro y fuera del escenario estamos comprometidos con nuestro trabajo y somos conscientes de la responsabilidad que conlleva. Si a ello unimos que tocar en Xixón es algo muy especial para mí y que el Botánico estará lleno, los nervios son aún mayores que en otras fechas. Así que igual sí que podemos hablar de presión... Pero es una presión guapa.

-Acaba de sacar 'A les rexes de la cárcel' una canción que es en parte un homenaje a quienes sufrieron o sufren represión por expresar sus ideas. ¿Tiene la sensación de que somos menos libres que hace diez años?

-No lo creo. Hace diez o veinte años ya se cerraban medios de comunicación ('Egunkaria', por poner un ejemplo), se torturaba y se censuraba a artistas. Nada ha cambiado tanto. Lo que ocurre es que ahora los ataques a la libertad adquieren más visibilidad de forma casi inmediata, aunque la maquinaria de poder que los justifica también actúa más rápido.

-Podemos canceló un concierto de C. Tangana en Bilbao por el contenido de sus letras. A Pedro y Luis Pastor les sucedió lo mismo en Aravaca con el PP. ¿A qué achaca esta ola de censura artística?

-Yo no lo llamaría ola, porque es algo que lleva sucediendo mucho tiempo, y es la injerencia del poder frente a la libertad de expresión. Por eso es necesario construir un poder popular que contrarreste al institucional y a los poderes fácticos aliados a él, y en este sentido la cultura popular puede jugar un papel importante.

-Usted nunca duda a la hora de expresar sus opiniones. ¿Entiende que haya artistas que han preferido mantenerse al margen?

-Sí, claro que lo entiendo. Pero a la vez pienso que en la música, donde la mayoría conocemos bien lo que es la precariedad y somos una minoría los que conseguimos escapar de ella, adolecemos de conciencia de clase, nos cuesta vernos como trabajadores y trabajadoras con unos derechos comunes, y uno básico en nuestro oficio es el de poder expresarnos libremente. Sin esta conciencia solidaria, es lógico que muchos artistas no se animen a posicionarse. Dicho esto, no hay que olvidar que un buen número de artistas sí se han pronunciado, y además se están dando pasos importantes, como demuestran los logros del sindicato musical SMAC en Catalunya o la plataforma No Callarem. Pero ya sabemos que la revolución no será televisada, cantaba Gil Scott-Heron.

-La nueva alcaldesa parece que abogará por reducir las actividades lúdicas en el Botánico. ¿Qué opina?

-Creo que lo lúdico y lo científico no tienen por qué ser incompatible, pero más allá de eso no tengo nada que objetar. La música seguirá sonando, en un espacio o en otro. Al Gobierno municipal le pediría, como decía un compañero, «que no estorbe». Es decir, que no pongan trabas y faciliten el acceso de la gente a la cultura. Me consta que el actual concejal de cultura, Alberto Ferrao, se ha interesado por los problemas del sector musical en la ciudad, así que de momento prefiero confiar en que las cosas en esta área puedan mejorar.

-Al hilo de esto, ¿hay una cultura mejor o peor según su grado de intelectualidad?

-Rotundamente, no. Hacer distinciones en función de su intelectualidad, cualquier cosa que sea lo que signifique eso, solo incide en una deriva elitista de la cultura popular que me parece muy preocupante. Cuando alguien empieza diciéndome que le gusta la buena música me echo a temblar.