Setenta y ocho óperas después, un futuro

Jaime Martínez recibe el cariño de Juan Carlos Rodríguez-Ovejero durante su despedida en Oviedo. / PIÑA
Jaime Martínez recibe el cariño de Juan Carlos Rodríguez-Ovejero durante su despedida en Oviedo. / PIÑA

Juan Carlos Rodríguez-Ovejero le sustituye como presidente con retos como el de lograr un sexto título anual para la temporada

ALEJANDRO CARANTOÑA OVIEDO.

Jaime Martínez, que el pasado martes dejó de ser presidente de la Ópera de Oviedo después de quince años, se definió hace tiempo en una entrevista como «el muñeco del pim pam pum» de la casa. Lo pronunció con sorna y moviendo los puños suavemente en el aire, para explicar en qué consistía, según él, su tarea como presidente: «Que el equipo pueda trabajar tranquilo.»

Esto se antojaba especialmente complicado cuando lo dijo, en pleno fragor de la crisis que estalló en 2008 y que golpeó de lleno en la Ópera en las temporadas siguientes: al programarse con años de antelación, la temporada ovetense tenía comprometidos algunos proyectos de gran envergadura a los que debía hacer frente con una fracción del presupuesto con el que contaba cuando los había aprobado.Por ejemplo, mientras que en los albores de 2009 todo apuntaba a que iba a ser posible añadir un sexto título a la temporada, al poco la directiva se las veía y las deseaba para sacar adelante los cinco acostumbrados, con una 'Norma' abocada a convertirse en la primera ópera del ciclo no escenificada en tiempos modernos. Finalmente, la directora asturiana Susana Gómez y un equipo de la casa lograron vestir el debut en el papel de la soprano Sondra Radvanovsky en el invierno de 2011, en una de las funciones de las que el ya expresidente más orgulloso se siente.

Esa, la de la crisis, fue la primera vez que Jaime Martínez pospuso su decisión de dejar la presidencia: tal y como reveló esta semana en la despedida, no era el momento de «dejarle el marrón» al que viniese detrás. Sus «bravos» no dejaron de surcar el patio de butacas, arreciaron, pero también puso la cara y el pecho en los momentos difíciles con la directiva de entonces, de la que Javier Gómez era tesorero: recortes de personal, posiciones enconadas en un sector de la afición (hubo una votación muy bronca en las elecciones de 2008) y el consabido toreo con los gustos de los personal, como la incorporación al repertorio ovetense de 'The Rake's Progress', de Stravinsky, ese año, que provocó una de las reacciones más encendidas que se recuerdan. Cuando se estrenó 'Ainadamar', en torno al asesinato de Lorca, en diciembre de 2013, fue a él a quien le fueron a llover algunos rescoldos reaccionarios por su fondo. Todo ello amén de los vaivenes políticos, que en 2015 llevaron a la alcaldía de Oviedo a un tripartito de izquierdas después de casi tres décadas de un gobierno del Partido Popular con el que ya, por ósmosis, se asociaba a la lírica en la ciudad. Tocaba fijar el carácter institucional y ciudadano de la ópera: esa fue la segunda vez que Jaime Martínez decidió posponer su retirada.

Hizo suya, por tanto, la tarea de mantener la actividad y de blindar las decisiones artísticas del equipo que desde pocos meses antes de su llegada dirige Javier Menéndez, pero también de abrir y expandir el ciclo. Cuando accedió al cargo, en octubre de 2003, acababa de abrir la temporada 'Idomeneo', de Mozart, con tres funciones. Quedaban otras cuatro óperas con otras tantas representaciones: quince en total.

Logros

En estos quince años -han sido 16 temporadas, un total de 78 óperas bajo su responsabilidad, a falta de las dos que restan en la presente campaña- la Ópera de Oviedo ha llegado a las veintitrés funciones anuales, ha incorporado repartos jóvenes a precios populares (tres esta temporada) y ha llegado a producir en el Teatro Jovellanos de Gijón, además de haber iniciado una internacionalización que ha paseado la Ópera de Oviedo por Washington, Tel Aviv, Filadelfia o Gante y Amberes. Ha encargado, por primera vez en su historia, una nueva ópera ('Fuenteovejuna', estrenada este año) y ha incorporado la 'Tetralogía del Anillo', de Wagner, que se culminará el septiembre de 2019 con 'El ocaso de los dioses'. Se han instalado en Oviedo el barroco de Händel o la potencia de Benjamin Britten. Pero, sobre todo, ha criado a nuevos públicos: Martínez suele recordar con orgullo la visita que organizó de Stuart Skelton, el imponente tenor y exjugador de rugby que cantó 'Peter Grimes' en 2012, a los jugadores del Oviedo Rugby. Aquello sirvió de palanca para atraerlos y llevarlos a ver una función: no se cansa de insistir en que no es necesario saber nada para disfrutarla, que no es elitista, que todo el mundo cabe y que el teatro es sana disensión. Porque Martínez, neumólogo de profesión, es ante todo un apasionado de la ópera. Al igual que su sucesor, Juan Carlos Rodríguez-Ovejero, hizo sus pinitos como figurante cuando la ópera era otra cosa: hizo de Parpignol 'mudo' en una 'Bohème' en la que un cantante le ponía voz entre cajas y fusiló a Cavaradossi en una 'Tosca' de la vieja escuela: «El tenor lo hizo tan bien que en lugar de fusilarlo nos pusimos a aplaudirle».

Ahora, quiere la fortuna que coincida otro Mozart ('La clemenza di Tito' se estrena el próximo domingo) y que Jaime Martínez vuelva con su mujer, Susy Schmickrath, al patio de butacas con el abono que mantiene desde hace cuatro décadas. Desde allí verá lo que viene en la nueva etapa de Rodríguez-Ovejero, al que hizo entrega simbólica del «chollo» el martes pasado. Será en mayo cuando la asamblea anual de socios ratifique la decisión y, ya en la de 2020, cuando se celebren elecciones. El nuevo presidente recibía el equipaje con emoción y el deseo explícito de mantener, consolidar y contribuir a la evolución del ciclo.

De profesión ingeniero de minas, ha sido director general de DuPont y, actualmente, consultor de la compañía, además de fijo en la temporada y mecenas a título personal. En su primera declaración de intenciones, al ser nombrado, ya ha anunciado que pretende recoger lo iniciado, asentar la situación económica de la entidad y poner a su servicio su experiencia empresarial. «Hay que conseguir dinero e incrementar el prestigio nacional e internacional que tenemos», planteaba. También ha anunciado que seguirá profundizando en la tarea de popularizar el género entre jóvenes y niños (y adultos y mayores): «Hay que terminar», sentenciaba, «con esa imagen de que la ópera es pija».