Unos oscar sin alma

A pesar del carácter reivindicativo de las películas nominadas, ni los discursos ni la ceremonia estuvieron a la altura esperada

Peter Farrelly recogiendo el premio de 'Mejor película' ('Green Book', 2018)/AFP
Peter Farrelly recogiendo el premio de 'Mejor película' ('Green Book', 2018) / AFP
Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUEGijón

Lo de la entrega de Premios Oscar de anoche bien podría haber sido un «rasca y gana, compruebe si ha sido el afortunado y haga cola para recoger aquí su premio». Todo ello animado por una megafonía de 'fiesta de prau'. Bueno, no. Ni eso. Hasta la rancia banda sonora de las casetas del bingo tiene más gracia. O, al menos, los feriantes le ponen más ganas.

La 91 edición de los Oscar arrancaba en varios frentes: el 'referéndum' entre los académicos sobre el modelo de distribución de Netflix; el prolongado (casi) monopolio de premiados directores mexicanos; el reconocimiento (o no) a Amy Adams pero, especialmente a Glenn Close tras una infinidad de nominaciones; un número suficiente de afroamericanos premiados; y, lo importante: el dinero. Porque alguien tiene que pagar una fiesta cuya audiencia cae en picado. Ya ha perdido más del 40% de espectadores en pocos años.

Alguna mente brillante vio la luz tras la renuncia -motivada por sus tuits homófobos- de Kevin Hart . «¿Y si no ponemos presentador y ganamos ritmo y dinamismo?» La idea tampoco es que fuera novedosa aunque llevaba en barbecho desde 1989. Para darle forma incluyeron un potente número musical de arranque (al ritmo de'Queen' con Adam Lambert), una estrella para dar las buenas noches de despedida (Julia Roberts) y una impresionante puesta en escena de las bandas sonoras nominadas. Para todo lo demás: un desfile de caras conocidas entregando estatuillas.

El resultado fue una ceremonia fría, con ¿guiones? sin gracia que se limitaban a cubrir el expediente, sin hilo conductor (o alguien a quien echar la culpa) y cuya única chispa vino de la mano de Tina Fey, Amy Poehler y Maya Ruldolph justo en el arranque y antes de dar paso al premio de mejor actriz secundaria (Regina King por 'El blues de Beale Street'). El habitual capítulo de reivindicaciones se redujo a la breve introducción en castellano de Javier Bardempara dar paso al Oscar de 'mejor película de habla no inglesa' ('Roma') o -dentro de lo previsible- de Spike Lee(mejor guion adaptado por 'Infiltrado en el KKKlan'). Un discurso contra la discriminación racial que además recordó a Prince y que provocó aplausos, lágrimas y puso al Dolby Theater en pie. Una estampa casi inédita en esta edición.

Y aunque en muchas películas nominadas llevaban la reivindicación por bandera, los asistentes no estaban por ponerse en modo protesta. Ni #MeToo, ni chapas con el lema'Time's Up', ni nada de nada. La 91 edición pasará en blanco en esta categoría y tendremos que seguir tirando de hemeroteca para recordar el activismo de Vanessa Redgrave ('Julia')en defensa del pueblo palestino, Michael Moore ('Bowling for Columbine') cargando contra George W. Bush o Patricia Arquette ('Boyhood') y su discurso sobre la desigualdad de género, entre otros.

Se confirmó los directores mexicanos le tienen tomada la medida a la categoría de mejor realizador y confirmaron el dominio que mantienen desde el año 2013, a excepción Damien Chazelle y su 'La, La, Land' (2016). El trío de colegas Alfonso Cuarón ('Roma', 2018 y 'Gravity', 2013), Guillermo del Toro ('La forma del agua', 2017) y Alejandro González Iñárritu ('Birdman', 2014 y 'El renacido', 2015).

Pero aCuarón seguro que el premio le supo a poco. Y menos aún a Netflix que se quedó sin su estatuilla de 'mejor película' tras haberse gastado en la campaña de marketing el doble que en la propia producción de la cinta. Pero, y especialmente, lo que estaba en juego era la apuesta decidida por un nuevo modelo de distribución cinematográfica. Y ahí la respuesta ha sido un «sí pero no». Aunque guste o no, dos hechos son objetivos: Netflix ya es miembro de la Motion Picture Association of America -en la que figura Disney, entre otros- y que su prespuesto para contenido original ronda los 15.000 millones de dólares, solo este año. Con estas cifras, 'Roma' no tendrá el Oscar pero el muro de resistencia está próximo a caer. La merecida sorpresa de la noche, 'Green Book' (mejor película) ha hecho de parapeto provisional.

Para otra también tendrán que esperar Amy Adams y Glenn Close (¡y ya van siete veces de vacío). La eterna marquesa de Merteuil ('Las amistades peligrosas') no solo se veía victoriosa en un sentido casi literal - lució un vestido dorado- sino que tuvo que escuchar sonriente el ambiguo homenaje que le dedicó la ganadora Olivia Colman ('La favorita', también vencedora en el FICX): «Has sido mi ídolo durante mucho tiempo, no es así como querría que hubiera sido, creo que eres increíble».

Las audiencias dictarán la setencia definitiva sobre la idoneidad de este tipo de formato, sin alma. La gala pidió a gritos el regreso de un presentador aunque fuera para bromear sobre Trump, hacer selfies o repartir pizzas entre el público. Se hizo (y hace) necesario y eso no parece que admita mucha discusión. Como tampoco parece tenerla que Netflix, Amazon o los que estén por venir han llegado para quedarse. El streaming ha cambiado la forma de consumir el cine. Y eso parece que algunos aún no han querido entenderlo.

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