La nueva vida de Samuel Sánchez

Samuel Sánchez, excampeón olímpico de ciclismo en ruta, disfruta ahora de las cimas nevadas. / E. C.
Samuel Sánchez, excampeón olímpico de ciclismo en ruta, disfruta ahora de las cimas nevadas. / E. C.

Retirado en 2017 por un caso de dopaje cuya sentencia reconoce que «no tuvo intención de hacerlo», es un experto en esquí fuera de pistas

J. GÓMEZ PEÑA GIJÓN.

«La montaña no avisa». Al otro lado del teléfono, Samuel Sánchez no se refiere con esa frase a su profesión ciclista, sino a su pasión por el esquí fuera de pistas. Sobre la bicicleta era hábil, de los que curveaban cuesta abajo como en un eslalon. Ahora colabora con una agencia de viajes y aventura, Kahiopara, y acompaña en cumbres de Islandia o Canadá a grupos de esquiadores que buscan algo más sobre la nieve. Un helicóptero les deja en la cima, solos frente al desafío de bajar deslizándose en tierra virgen. Frente a la naturaleza. La montaña. Que no avisa.

«Vamos con guía, con una mochila de salvamento, con sonda, con dispositivo de seguridad y airbag por si quedamos sepultados en una avalancha». Disfruta contándolo. Y sigue, a ratos, con la bicicleta. Su otra manera de enfrentarse a la montaña.

Desde agosto de 2017 poco se sabía de Samuel Sánchez. La Vuelta a España estaba a punto de comenzar cuando la Unión Ciclista Internacional (UCI) comunicó que el corredor asturiano había dado positivo en un control antidopaje. La sustancia detectada era un precursor de la hormona del crecimiento. Samuel fue suspendido y, también, despedido del equipo BMC. Tenía 39 años y aquel era el peor final para una carrera deportiva llena de éxitos.

«Vamos con guía y con mochila de salvamento y airbag por si nos sepulta una avalancha» «Pruebo material por las mañanas y a la tarde me doy una vuelta en bici por la Bonaigua»

Un año y ocho meses después llegó el fallo. Su caso se había alargado incomprensiblemente y había puesto su prestigio en prisión preventiva. El exciclista había pagado ya las consecuencias, dejar su profesión, cuando, el pasado catorce de mayo, la Unión Ciclista Internacional lo sancionó con dos años, pero admitiendo por primera vez que el ovetense no tuvo «intención» de doparse. Fue, como dice el corredor, «un positivo sin querer».

En una entrevista concedida a EL COMERCIO hace unos años, Samuel Sánchez se confesó así: «Soy ahorrador». A los ciclistas les cuesta mucho cada moneda que ganan. Ahorró durante sus casi dos décadas de pedaleo. Lo aprendió en casa. Su padres se separaron pronto. Él regentaba un taller de motos y ella estudiaba en la universidad y trabajaba para sacar al crío adelante. A Samuel siempre le llamó la velocidad. Las motos y las curvas, las bicicletas y los descensos... Y el esquí. «Desde pequeño siento pasión por la nieve». Y ahora que ya no vive en el régimen cuartelario de un ciclista profesional, siempre atado a los entrenamientos y a la vida monacal, se desquita en Baqueira Beret o en montañas de Canadá e Islandia.

En Baqueira también colabora, como embajador, con la empresa Snowplay. Le encanta el esquí de travesía. Hace de probador del material. «Eso por las mañanas. Y, a veces, si sale el sol, a la tarde me doy una vuelta en bici por la Bonaigua o Pla de Beret», apunta. Con 41 años, sigue en forma.

Con su academia ciclista

Cuando ganó el oro olímpico, su hijo Unai no había cumplido un año. Ahora tiene once y pedalea en la MMR Academy, la escuela ciclista que dirige el excorredor del Euskaltel-Euskadi. «A esa edad los niños tienen que disfrutar. Se trata de salir con la bici, ir a merendar, a la piscina. Jugar», recomienda.

La Academia, con sede en Asturias, tiene sección de principiantes, cadetes y juveniles. Campo abonado. Es su manera de devolverle al ciclismo parte de lo que este deporte le ha dado. Así, entre la cantera ciclista y el esquí, Samuel Sánchez conjuga sus pasiones deportivas. Las dos tiran hacia el monte. La vida, ya se sabe, se ve mejor desde arriba. En cuanto puede, el campeón olímpico busca la nieve. Como ciclista conquistó cimas con la historia de Luz Ardiden y Arrate. Como piloto de motos aficionado le sacaba chispas a los circuitos. Siempre veloz.

Vértigo cuesta abajo

Como esquiador fuera de pistas, Samuel Sánchez busca ese vértigo cuesta abajo. Las montañas se conquistan primero con los ojos. Con la bicicleta, miraba y veía allí, arriba, el final del reto. Con los esquíes mira hacia abajo, traga saliva y... adelante sobre nieve que nadie ha pisado. Lleva material de socorro por si la montaña, que no avisa, se enfada. «Hasta ahora nunca he tenido un susto. Que siga así».