Arcelor prescindirá de 200 empleos en Gijón y amenaza con el cierre de la sección de largos

El tren de carril de la planta gijonesa de ArcelorMittal, en una imagen reciente. / DANIEL MORA
El tren de carril de la planta gijonesa de ArcelorMittal, en una imagen reciente. / DANIEL MORA

La empresa prevé amortizar estos puestos en cinco años ante el «riesgo de colapso» de las instalaciones de carril y alambrón

ÓSCAR PANDIELLOGIJÓN.

La industria asturiana sigue sumando malas noticias. ArcelorMittal anunció en la mañana de ayer a los representantes sindicales de su planta de Gijón la necesidad de prescindir de 200 empleados debido a la situación «crítica» que atraviesa la sección de largos de la planta, lo que afectaría a la acería y los trenes de carril y alambrón. Según destacó ayer la empresa, el «grave riesgo de colapso» hace necesario tomar medidas que fomenten la eficiencia de este segmento de la producción, que hasta ahora se había librado de los ajustes. El plan propuesto por el grupo, además, se deberá tramitar con carácter «urgente», con lo que se espera que las bajas se empiecen a negociar a partir del mes que viene, aunque no habrá despidos.

Los problemas a los que alude la compañía se agravarán a partir de octubre con la parada del horno alto, las reparaciones en la acería, el cese de actividad de las baterías de cok en Avilés y el retraso en el arranque de las de Gijón, llamadas a sustituir a las anteriores. Además de estas salidas, desde Arcelor ven necesario elevar la carga de trabajo por cada puesto y aumentar las polivalencias, según destacó CC OO en un comunicado hecho público poco después del encuentro con los representantes de la empresa siderúrgica.

Estas 200 bajas se plantean en un horizonte de cinco años, aunque el grueso de las salidas tendría lugar entre este mismo año y 2020. En este sentido, Arcelor espera que para octubre se cierre el proceso de negociación con los sindicatos para así poder concretar los empleados afectados. De permanecer estáticos y no concretar ninguna reforma, la empresa advierte de que las instalaciones de largos correrían peligro y, por tanto, también se comprometería la viabilidad de un horno alto. En otras palabras, de no realizar estos ajustes productivos la amenaza real de cierre de la acería y sus instalaciones dependientes ganaría enteros.

En total, en las instalaciones gijonesas afectadas por el plan de reajuste -acería y los trenes de carril y alambrón- trabajan unos 860 empleados. Esto, contando con los operarios directos y los demás oficios auxiliares que participan en la elaboración y evaluación del producto final. Unos 350 de ellos se desempeñan en la acería, 300 en carril y 200 en alambrón. Las bajas que se plantean se acercarían a una cuarta parte del total, mientras que la empresa apunta que acerías similares trabajan con un 40% menos de empleados. La fórmula que pone sobre la mesa pasa por adaptar a los empleados a varias tareas o a fomentar los «automatismos» dentro del proceso productivo.

Datos actualizados

Los sindicatos, de momento, llaman a la prudencia antes de la próxima reunión con la empresa, que tendrá lugar a mediados de julio. Las medidas, sin embargo, sí ha generado preocupación entre la plantilla, que ya acumula meses de paradas y malas perspectivas. «Siempre que la situación es mala se carga la responsabilidad y las consecuencias sobre los trabajadores y trabajadoras, algo que no sucede en situaciones más favorables o a la hora de tomar determinadas decisiones industriales, no siempre acertadas», reivindica José Manuel Castro, secretario general de CC OO en Arcelor.

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Además, pide a la empresa que aporte datos actualizados y que aclare cómo van a producirse estas bajas. «Las prisas nos hacen desconfiar. Estos asuntos hay que tomarlos con tiempo», concluye.

José Manuel García, secretario general de UGT-FICA en Arcelor en Gijón, reconoce que pese a esperar «problemas» a corto y medio plazo a causa de la fiabilidad de los trenes y la pérdida de competitividad el golpe es muy duro. «La acería está obsoleta y necesita elementos de automatización. Está en condiciones menos óptimas que otras plantas», justifica. A su vez, insta a partidos e instituciones a que lleven a la UE «no solo el coste energético sino el tema de aranceles y los costes de CO2.