La crisis del acero afecta ya a todas las secciones de las plantas de Arcelor en Asturias

Un trabajador del tren de carril, en la instalación gijonesa de ArcelorMittal. / DANIEL MORA
Un trabajador del tren de carril, en la instalación gijonesa de ArcelorMittal. / DANIEL MORA

Más allá de las paradas o el ERE, el grupo toma su primera decisión irreversible y pretende reducir su plantilla de largos casi un 25%

NOELIA A. ERAUSQUINGIJÓN.

La siderurgia asturiana ha vivido grandes reconversiones que han dejado su plantilla en la región en una quinta parte de lo que fue, pero el proceso continúa y ahora las factorías de Avilés y Gijón se enfrentan a su crisis más compleja desde que se creó el grupo ArcelorMittal en 2006, porque esta integra factores de muy diversa índole, desde la sobreproducción mundial a la guerra comercial, pasando por la descarbonización, la factura eléctrica y un exceso de importaciones que no frena la UE. Se trata de un cóctel de ingredientes negativos que ya ha provocado que se tomen decisiones de las que no se libra ninguna de las secciones de la multinacional en el Principado.

Todas las instalaciones se van a ver afectadas este año, de una u otra manera, por esa tormenta perfecta de la que habla la patronal siderúrgica Eurofer, que mezcla aspectos económicos y geopolíticos, pero también decisiones empresariales. Hasta ahora, se habían librado de los ajustes en Asturias las líneas de largos de Gijón, en las que trabajan 860 personas, pero ahora se sitúan en el ojo del huracán, con el anuncio de un recorte de casi una cuarta parte de la plantilla en cinco años, 200 trabajadores. No serán despidos por parte de la multinacional, aunque sí se prescindirá de eventuales y de unos 25 empleados de subcontratas, el resto de bajas será a través de jubilaciones. Frente a los recursos del expediente de regulación de empleo y de las paradas, este es el primer recorte irreversible que plantea la multinacional en la región.

Recorte general
700.000 toneladas menos anuales, afecta principalmente a las líneas de planos y la acería de Avilés.
Baterías de cok
Asturias tendrá que importar cok varios meses, debido al adelanto del cese de la producción en las baterías de cok de Avilés (el 1 de octubre). Para entonces aún no estarán listas las renovadas instalaciones de Gijón. Se arrancará la mitad a mediados de noviembre y la otra mitad a finales de abril, pero necesitan unos dos meses para estar a pleno rendimiento. La producción de cok no se normalizará hasta dentro de un año.
Hornos altos
El horno alto 'B' parará en octubre para el cambio de los circuitos de refrigeración, 'staves'; instalar una captación adicional para reducir las emisiones difusas y prepararlo para permitir inyección de gas de cok. Las obras, sin embargo, no comenzarán hasta noviembre. Después, alargará su parada hasta que el mercado se recupere. Cada mes supondrá un recorte de 100.000 toneladas adicional. El horno 'A' funcionará con cok importado.
Sínter
Con un horno parado, también se prevé que se paren de forma alterna los sínter, que sirven para abastecer a los hornos altos de mineral de hierro ya procesado junto con fundentes y combustible.
Acerías Cae la producción de arrabio en los hornos altos y estas producen menos
En la avilesina se procederá a la segunda fase de su reforma -la primera fue en 2016-, por lo que trabajará a medio gas e incluso estará parada varios días. En la de Gijón, se empezarán a notar los ajustes que anunció el jueves Arcelor, que advirtió de que otras plantas similares funcionan con un 40% menos de personal.
Líneas acabadoras
Con menos acero producido en cabecera, habrá ajustes en estas líneas, aunque si hay demanda se plantea traer desbastes importados para laminar en planos de Avilés. En largos, en Gijón, se prevé iniciar el recorte de personal. Serán unas 200 personas en cinco años.

Fuentes sindicales relacionan la decisión de abordar de forma «urgente» un plan de productividad para esta línea con el nombramiento como director ejecutivo de largos en Gijón de Jordi Torné, que dirigió la acería de Zumárraga y la de Zaragoza, la primera cerrada y la segunda vendida por Arcelor. Son unos antecedentes que no gustan nada a la plantilla, que critica las prisas por tomar decisiones en unas instalaciones que llevan años con problemas y que «se han dejado caer». Aunque se reconocen los 28 millones de inversión en el tren de carril, se pone en duda su eficacia, dados los problemas de fiabilidad que tiene la instalación. De hecho, los representantes de los trabajadores desligan el ajuste ahora anunciado para largos de la crisis general del sector.

Se mezclan, por tanto, en las plantas asturianas problemas viejos y nuevos, algunos que dependen de decisiones de la propia compañía, que concentra los recortes en algunas plantas europeas y deja a otras sin ellos, y otros de carácter geopolítico y económico. Incluso, algunas medidas de Arcelor se entienden como una forma de presión a la Unión Europea, para que adopte medidas de salvaguarda comercial más duras e imponga un arancel ambiental que compense el sobrecoste de los derechos de CO2 que paga la industria comunitaria y no la de otros territorios.

Sin embargo, aunque esta es la crisis más compleja de la era Mittal, por la cantidad de factores y actores implicados, fuentes del sector recuerdan la gravedad de la anterior, que llevó a Arcelor en 2012 a decidir prolongar la parada de un horno alto de Gijón, medida que se repetirá este mes de octubre. Entonces, el retroceso de la economía había llevado a una recesión sin precedentes de todos los sectores, que se había iniciado casi un lustro antes y que estaba impactando de lleno en la demanda de acero. Las cuentas del gigante siderúrgico se colocaron en números rojos y las pérdidas millonarias se sucedían en sus instalaciones en todo el mundo.

Más información

El momento actual no es el mismo, ni se le parece. Hay una desaceleración económica y la industria europea empieza a notarla, pero se viene de varios años de grandes beneficios. De hecho, los trabajadores recibieron el variable por lograr los objetivos de resultados en 2018. La demanda de acero creció el año pasado un 3,3% y, aunque se prevé que pueda reducirse un 0,4% en este 2019, el problema está del lado de la oferta. El director ejecutivo de productos planos de Arcelor en Europa, Geert van Poelvoorde, insistió el jueves en una jornada en Bruselas en reclamar medidas de salvaguarda comercial a la UE para que frene el exceso de importaciones y un arancel ambiental que iguale la situación de los productores locales, que tienen que pagar derechos de emisión de CO2, con los de los extracomunitarios. En España, además, se pide un precio de la energía estable, competitivo y predecible.

Las soluciones están, sobre todo, en manos de la UE. Si no hay decisiones urgentes, el problema se puede convertir en uno de dimensiones desproporcionadas y «borrar» la siderurgia del continente, advirtió Van Poelvoorde, de quien dependen las factorías asturianas.