Un grito unánime: «¡Alcoa no se cierra!»

Los participantes en la marcha pasan por la zona industrial de Avilés en dirección hacia Llaranes, poco después de iniciar su camino hacia Oviedo. / FOTOS: TAREK HALABI
Los participantes en la marcha pasan por la zona industrial de Avilés en dirección hacia Llaranes, poco después de iniciar su camino hacia Oviedo. / FOTOS: TAREK HALABI

La marcha, con un recorrido total de 33 kilómetros, finalizó ante centenares de personas en la Delegación de Gobierno | Los vecinos de las zonas por las que pasaron los trabajadores salieron a la calle para mostrarles cariño y apoyo

SANDRA S. FERRERÍA OVIEDO.

Más de 150 trabajadores de Alcoa desafiaron al frío, el granizo y la intensa lluvia pusieron ayer desde la fábrica de la empresa a Avilés hacia Oviedo con un único objetivo: «¡Que Alcoa no cierre!». Y ese fue el grito de guerra con la que los componentes de la 'marcha del aluminio' recorrieron los 33 kilómetros que separan Avilés de la capital asturiana.

EL COMERCIO siguió a los trabajadores en una larga y dura jornada que comenzó pasadas las 7.30 horas, cuando los primeros en llegar comenzaron a preparar la furgoneta de avituallamiento. Bebidas isotónicas, agua y frutos secos para hacer frente a los 33 kilómetros que separan la ciudad del Niemeyer de Oviedo. Un cuarto de hora después un coche cargado de café llegó para proporcionarles el último desayuno. «Hay que coger fuerzas y entrar en calor», comentaban los trabajadores a la puerta de Alcoa.

Pasados unos minutos de la hora prevista, las ocho, 150 trabajadores de Alcoa iniciaron la marcha. El momento emotivo llegó cuando los compañeros que se encontraban trabajando les enviaron ánimos desde la ventana. «Es que no se puede parar la producción», afirmaba un trabajador poniendo la vista en el presente y en el futuro.

Las primeras etapas fueron «cómodas». Iban bien, esperanzados, con ilusión y no llovía, hasta que a la salida de Avilés, a la altura de Llaranes y cuando casi llevaban una hora y media de recorrido, la lluvia se unió a la marcha, convirtiéndose a las 9 y media de la mañana en una gran granizada, casi en Villalegre.

El granizo y el frío dificultó el camino, pero no lo hizo imposible. Tampoco la que cayó cuarenta minutos después en Nubledo. Paraguas e impermeable en mano, los trabajadores de la multinacional estadounidense, siguieron su camino a buen ritmo pasando por delante del antiguo Ayuntamiento de Corvera, por Cancienes y por Solís.

«Están apretando ahora ¿no?», comentaban los más rezagados durante la subida al alto de la Miranda. Y es que apretaron tanto que tenían previsto llegar al hotel Royal a las 12 de la mañana, una parada que se adelantó media hora por la rapidez y las ganas de la gente. Mientras la lluvia caía a cántaros, los trabajadores de Alcoa cogieron fuerzas bocadillo y café en mano. También hubo tiempo para asearse, para secarse, para curar pequeñas molestias en los píes y para cambiarse la ropa mojada por otra más seca.

La marcha se reanudó concretamente a las 12.34 horas. En ese momento el conductor de la furgoneta de avituallamiento pidió un disco de Víctor Manuel «para que sea más animado». Lo consiguió y la voz del asturiano acompañó a los trabajadores hasta la plaza de España, en Oviedo.

Posada de Llanera fue la antesala de lo que venía después. Varios vecinos, que a esas horas se encontraban en sus casas o en las cafeterías de la zona se asomaron a ver qué pasaba. Los aplausos y el apoyo mostrado fueron continuos, desde Posada hasta Oviedo, pasando por Lugones y La Corredoria.

Y es que la marcha de los trabajadores del aluminio recordaba a muchos una que se celebró en el año 2014. Especialmente la rememoraba el jubilado José María Ramos Rodríguez, 'El francés', que iba en la cabecera en 2014 y que «como no podía ser de otra manera» repitió ayer. Con una especial jovialidad después de haber dejado de fumar hace diez meses «la subida a la Miranda no es tan dura». Entre muchas bromas, durante un momento de la marcha se puso serio: «Esperemos que esto se arregle para la juventud, porque al final nos afecta a todos».

De la misma opinión fue Javier González quien aseguró que «lo que no podemos hacer es quedarnos de brazos cruzados en casa. Dependemos de esto para vivir».

Para Sergio Gómez la marcha es la única forma de «pelear» que tienen de momento. «Así canalizamos la frustración que la situación nos produce, porque es muy duro», aseguró durante la parada en Royal.

Las principales dificultades que se encontraron fueron las condiciones climatológicas «mucho frío y mucha lluvia», comentaban. Pero hasta el cielo los respetó. Y cuando subieron desde Toreno por Santa Susana hacia plaza de España al grito unánime de «¡Alcoa no se cierra!» paró de llover.

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