La UE se rearma para defender su siderurgia

Un trabajador dirige la labor de elevado de una bobina de acero en la fábrica del grupo Dongbei Special Steel, en Dalian, China. / REUTERS
Un trabajador dirige la labor de elevado de una bobina de acero en la fábrica del grupo Dongbei Special Steel, en Dalian, China. / REUTERS

Busca protegerla de los efectos del proteccionismo de Trump | Ha propuesto hacer definitivas las medidas de salvaguarda comercial del acero, aunque ve problemático imponer tasas ambientales

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La sombra del proteccionismo de Trump es alargada, tanto que las negociaciones entre Washington y Bruselas tienen su repercusión en la industria asturiana, así como los efectos indirectos de los aranceles impuestos por la Casa Blanca al acero y al aluminio de casi todos los países del planeta. Estos provocan una nefasta reacción en cadena con el desvío hacia Europa de productos siderúrgicos que antes iban dirigidos al país americano y una competencia feroz en el mercado en el viejo continente. Sin embargo, esta vez el Ejecutivo comunitario ha respondido a las peticiones de la industria.

Lo hizo en marzo, al imponer medidas provisionales de salvaguarda comercial sobre 26 productos -entre ellos todos los que salen de las factorías asturianas de Arcelor - para evitar esos flujos y, ahora, notificando a la Organización Mundial de Comercio (OMC) su intención de hacer definitivo ese mecanismo durante al menos tres años, ya que en principio tenía solo 200 días de duración.

Esta decisión es aplaudida por la industria siderúrgica, aunque no se da por satisfecha, y denuncia que existen partidas importantes que aún se cuelan en el mercado europeo, sobre todo procedentes de Turquía, de donde ya viene el 40% del acero que importa el bloque comunitario y país que sirve de puente hacia Europa para la entrada de acero chino. El Estado otomano cuenta con una unión aduanera con la UE que facilita los flujos comerciales y dispone, además, de una protección especial, al tener consideración de país en desarrollo por la OMC. Pese a todo, esto no le exime de estar sometido a las medidas de defensa comercial. De hecho, será uno de los territorios en los que más categorías de productos serán penalizadas, junto con China, Rusia e India, según el documento trasladado por la Comisión a la OMC.

Este texto defiende imponer un arancel del 25% a productos como los laminados en caliente, en frío, la hojalata, la chapa gruesa, el alambrón, el carril o el galvanizado, todos ellos producidos en Asturias. En total son 26 categorías a las que se les impone esa tasa una vez que se supere un cierto volumen de entradas de ese material, una cuota basada en los «niveles tradicionales de importaciones». Se trata, por tanto, de evitar que acceda más acero del que lo hacía de forma histórica e impedir así esos desvíos que tanto se temen de productos que, en principio, se dirigían a EE UU.

La propuesta trasladada por la Comisión esta semana es muy similar a las medidas provisionales que entraron en vigor el año pasado, aunque incluye alguna novedad, como añadir a un contingente global, cuotas individuales para ciertos países basadas en sus volúmenes tradicionales de exportaciones hacia el bloque comunitario. Plantea un sistema mixto en el que se atenderán criterios generales y específicos por Estados. La propuesta de la Comisión tiene que recibir ahora la aprobación de los 28, un visto bueno que se espera este mismo mes, ya que el 4 de febrero se agotan los 200 días de plazo con los que contaban las medidas provisionales.

Según la notificación enviada por la UE a la OMC, la industria siderúrgica comunitaria «aún se encuentra en una posición vulnerable» y, a pesar de una mejora temporal, está en «una situación frágil, bajo la amenaza de un daño grave si la tendencia creciente de las importaciones continuaba con la consiguiente caída de pedidos y de la rentabilidad por debajo de los niveles sostenibles».

Además, subraya el documento que en cada mes de 2018 los volúmenes de importación fueron mayores que los del mismo periodo de 2017, sobre todo tras la imposición de los aranceles por parte de Trump. Mientras, las exportaciones a EE UU cayeron un 19% de enero a septiembre y se espera que el mercado americano se vuelva cada vez más difícil, ya que los productores estadounidenses, protegidos por los aranceles, han anunciado planes de expansión.

A este mecanismo se añaden otras medidas contra prácticas de competencia desleal ('antidumping') dirigidas, principalmente, a países como China o Rusia, que hace tres años llegaron a invadir el mercado europeo con productos siderúrgicos muy baratos, incluso, por debajo del precio de coste, lo que provocó una crisis de enormes consecuencias en el sector.

Costes del CO2

Lo que no tiene visos de salir adelante, al menos en el corto plazo, son los aranceles medioambientales que reclama la gran industria europea y, entre otros, la dirección de Arcelor, para defender la producción en el viejo continente, que tiene que sufragar derechos de emisión de CO2, frente a la de países que no están sometidos a este mercado, y que además ha visto dispararse los precios en el último año.

La apuesta por la descarbonización de la UE amenaza a la competitividad de las factorías de los 28, que tienen que pagar por contaminar, pero que se enfrentan a un negocio global con rivales que no tienen que costear estas emisiones de CO2, que al precio actual suponen unos 40 euros por tonelada de acero en el caso de Arcelor.

A pesar de la fuerza del lobby industrial europeo y de las reuniones mantenidas al más alto nivel por directivos como Lakshmi y Aditya Mittal con autoridades europeas, la Comisión no se plantea imponer tasas ambientales que penalicen a los productores de fuera de la Unión. Entre otros puntos, Bruselas considera que plantearía problemas de compatibilidad con las normas de la OMC.

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