«Sorprende que en un país como Asturias nadie sepa quién fue Belarmino Tomás»

Nacho Vegas y Ramón Lluis Bande presentaron su película anoche en el Teatro Jovellanos, lleno para la ocasión. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA
Nacho Vegas y Ramón Lluis Bande presentaron su película anoche en el Teatro Jovellanos, lleno para la ocasión. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

Ramón Lluís Bande presenta en la Sección Oficial de FICX 'Cantares de una revolución', «cine de resistencia política y cinematográfica»

M. F. ANTUÑA GIJÓN.

En 'Cantares de una revolución' han confluido dos aventuras: la de narrar cómo la música popular ha cantado la historia de Asturias y la de recontar la Revolución del 34 poniendo el foco en la figura y el papel de Belarmino Tomás a través de sus propias palabras. Amigos y colaboradores habituales desde hace años, Ramón Lluís Bande y Nacho Vegas unieron fuerzas para hacer converger ambas ideas en la película dirigida por el primero que ayer se estrenó con lleno en el Teatro Jovellanos y que compite en la Sección Oficial del FICX.

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Vegas se encargó de revisar esos cantares. Son ochos los que suenan en otros tantos espacios vinculados directamente con la Revolución del 34, para la que también aporta Bande una relectura diferente a la comúnmente conocida. Es la Revolución vista por los propios revolucionarios, buscando un nexo a través de presente y pasado en esos espacios -el cementerio y la cárcel de Oviedo, la Universidad, el Ayuntamiento de Sama, el parque Dorado...- y buscando una versión diferente a la hegemónica, esa que apunta que fue la primera batalla de la guerra civil. «En este país se ha cultivado la amnesia política sobre nuestro pasado», denuncia Bande, que sostiene que su relato sorprende.

La película se inscribe dentro de una dinámica de trabajo que es puro compromiso. «Este cine es muy frágil, es resistente en lo político y en lo cinematográfico», subraya. Y lo dice a sabiendas de que el camino que ha arrancado en Gijón y que llevará el filme a estrenarse en Madrid y Oviedo y a entrar en una distribución comercial no es fácil para este tipo de cine. Aunque aún así piensa que la película no tendrá problemas para verse y entenderse fuera del Principado. «Yo no creo que fuera de Asturias la Revolución del 34 sea más desconocida que dentro», afirma. Y ahonda en que lo aquí sabido es más tópico que histórico. «Mi pretensión es que se politice». Porque, sostiene, nadie de la izquierda asturiana reivindicó el 34, porque esa sorpresa, esa visión novedosa que dice aportar, pasa por convertirla en un «hecho fundacional, constituyente» de las «clases populares asturianas», en un «referente» al que mirar. «Es sorprendente que en un país como Asturias nadie sepa quién es Belarmino Tomás». Fue líder revolucionario, diputado, fue quien declaró la soberanía de Asturias en plena guerra civil y quien, con la caída en manos nacionales en 1937, era presidente legítimo de Asturias. «La Tansición no quiso reconectar con su figura. Ese olvido no fue fortuito, se cultivó desde el poder, fue un personaje incómodo para esa Transición de cartón que hicieron», reflexiona.

Dice Bande que no sabe si su cine es disidente o resistente, pero no ve en absoluto contradicción en el hecho de que su película reciba ayudas públicas: «No, no creo que lo sea, los poderes públicos están obligados», concluye.

Más allá de lo político, la cinta es un «musical» con un tono «celebrativo» que en lo puramente cinematográfico tiene también un compromiso: alejarse por completo del 'mainstream' también en la manera de narrar. Ha querido dar protagonismo a la palabra. Nada de recreación. Bande pone a Nacho Vegas a leer para filmar «las palabras y la música». «He querido captar el movimiento de las palabras», apunta el creador asturiano, que confiesa evitar la emoción en la narración. «Espero que la película genere una emoción ideológica», concluye.

 

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