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«En estos tiempos no vale todo, hay que aunar calidad y precio»

Amable Bedriñana ante un plato de fabada de su restaurante sidrería Bedriñana./
Amable Bedriñana ante un plato de fabada de su restaurante sidrería Bedriñana.

Cocinero, su fabada fue la ganadora del campeonato del mundo organizado en Villaviciosa

La Sidrería Bedriñana de Villaviciosa acaba de cumplir los 15 años y el mejor regalo que pudo tener se lo dio el Campeonato del Mundo de la Fabada que se celebra en la villa, que lo encumbró como campeón de 2014. Su propietario, Amable Bedriñana (Villaviciosa, 1965), venía del mundo de la noche, donde tuvo negocios hasta que decidió apostar por la hostelería diurna. Para él la clave está «en aunar calidad y precio».

¿Qué tiene que tener una fabada para ser elegida la mejor del mundo?

Buen producto. Sin producto no tienes nada. Hay que tener buena faba y buen embutido, porque si uno de los dos falla, falla todo.

¿De dónde son sus fabas y su embutido?

Son productos de aquí. La faba es de Moriyón, de Villaviciosa.Y el embutido del Bosque de Cardes, enPiloña.

Sus proveedores también se habrán alegrado del premio.

El productor de fabes, que es un paisano con poca producción, se alegró como si fuera mi padre.También los de los embutidos, ya que es una buena promoción para todos.

Este campeonato tiene gran repercusión.

Es un concurso que está cogiendo mucho prestigio y que, como ya anunciaron el mismo día del concurso, se va a mejorar más, para que todos los que quieran puedan participar, visitando los restaurantes, haciendo preselección...

¿Ya han notado el empuje de haber sido seleccionado como mejor fabada del mundo?

Sí, las dos primeras semanas tras el concurso fueron bestiales, vendimos 150 kilos de fabes.

¿Combina bien la fabada y la sidra?

¡Claro! El dicho dice que con fabes y sidrina nun fai falta gasolina.El 99% de la gente que toma fabada en esta casa lo hace con sidra, apenas con vino.Van muy bien juntas.

¿Qué palos de sidra tiene en su casa?

Antes sólo de la villa, pero ya en los últimos tiempos vamos teniendo de Gijón, de Nava, abriéndonos un poco a todo.

Un mundo complicado también el de la sidra.

¡Y más aquí! (Ríe) ¡Todo el mundo sabe de sidra!

¿Qué más se come en su casa?

Nuestra especialidad son los cachopos de ternera y jamón y de ternera y cecina.Y, claro, el de merluza con salsa de oricios.En nuestra sidrería, además de la fabada, el pescado es un gran protagonista.

¿Cuál es para usted la clave para que un negocio que da comidas funcione?

Las sidrerías y los restaurantes, si quieren vender, tienen que saber que ahora, en estos tiempos, no vale todo. Hay que tener buen producto y precio moderado. El que vende, normalmente, es el que respeta la relación entre calidad y precio. Y claro, vale más tener cuatro cosas buenas, que cien, pero malas.

¿Qué importancia tiene el chigrero?

Mucha, la gente viene a ver al dueño. Puedes tener cuadros muy guapos, pero el dueño es el alma del local y hay que estar aquí, al pie del cañón, 13 o 14 horas los fines de semana.¡Con lo bien que vivía yo cuando trabajaba en la noche! (Ríe) No lo pensé bien. Pero luego también es muy gratificante, cuando la gente viene un año tras otro, y cuando vuelven vienen a visitarte y a saludarte expresamente y te dicen que han comido muy bien, que estaba muy rico, esa es la gratificación mayor de la hostelería.

¿Los turistas vienen por el producto asturiano?

Quieren fabada, arroz con leche, queso de Cabrales e ir a Covadonga. Y les da igual tomarse la fabada para comer o para cenar, quieren probar lo de aquí.

 

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