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GIJÓN

Casa Carmen

Casa Carmen

Lo bueno, bonito y barato, con sonrisa y calidez, se multiplica por dos

Luis Antonio Alías
LUIS ANTONIO ALÍASGijón

El chigre exhibe en su frontal un cartel colorista que vocea su más conocida especialidad, los cachopos XXXL.

Traspasada la fachada, que retrasa un poco el acristalamiento para dar cabida a dos bancos corridos donde los fumadores y contempladores se acomodan, podemos recorrer sus profundidades, divididas en una primera mitad de barra larga y tapeo amplio, y una segunda de comedorín. Mientras lo hacemos nos vamos fijando en los mil detalles que, al paso, entretienen la atención: el sencillo mobiliario de madera, los apliques de piedra, les plantines, la variedad de cuadros, la techada fresquera de sidrinas, las posibles combinaciones de menús y –muy especialmente– el ambiente desenfadado y cálido, a pie firme o silla reposada, entre culinos escanciados brazo en alto y bandejas servidas con sonrisa plena.

Casa Carmen

Dirección:
Calle Manso, 26. Gijón
Teléfono:
985 33 44 15
GERENTES:
Rocío Belén y Liliana Bermúdez Arias
Cocina:
María Amor Fernández y Rocco Papallo
EQUIPO:
Iván Caro, Paola A. Corina, Francisco J. Franco, Souhailia, Fran y Pablo
EQUIPO ACTUAL:
2014
Menú LABORABLE:
10 euros
Menú DÍA FESTIVO:
20 euros
DESCANSO:
No

Un lugar llano y enormemente popular que, tras la bien ganada jubilación de Carmen, su recordada fundadora, pasó a unas nuevas propietarias igualmente merecedoras de agasajo. Y sirven de testimonio numerosas notas en redes multimedia, las nuestras incluidas.

De la fundadora mantienen los enormes cachopos, que ahora también sirven XL para parejas, siempre crujientes y rellenos con xatina, serrano o cecina, y crema de gouda; las croquetas –de jamón, picadillo y cabrales, cecina y queso de cabra, compango, gambas– poseen un aparte especialmente estimado; las zamburiñas y navajas, otros. Hay mejillones a las mil maneras (tigre, a la vinagreta, al ajillo, a la marinera, infierno, a la sidra); otrosí con pulpos y chipirones (a la gallega, a la brasa, en cazuela, a la plancha, a lo pobre, a lo rico); otrosí con los potes, los cortes de vacuno y las ensaladas.

La triada del bueno, bonito y barato funciona a las mil maravillas, y la atención carece de reproches; toca pues preguntar: ¿quién dirige un sitio así, que saca sobradamente para tanto como destaca?

La historia detrás del negocio justifica los aciertos, ya que Liliana y su hija Rocío se han currado la vida igual que dos leonas: en Buenos Aires llevaba Liliana una próspera representación de prendas de piel cuando el corralito la dejó sin ahorros ni clientes. En medio de un país falto de recursos y creciente en inseguridades (luego supimos por aquí algo de tal asunto), su familia asturiana le facilitó la venida, y nada más pudo, trajo a su madre y a su hija, que, por cierto, aseguraba desdemuy niña que casaría con un español, pálpito que dentro de un mes hará real: español y gijonés.

Una vez aquí hubo que trabajar y la hostelería brindó la salida: a través de un familiar, con bares propios y enfrentando éxitos, dificultades y el precorralito español de casi anteayer.

Para entonces Rocío combinaba trabajos de camarera y de estudiante de medicina, los primeros en Casa Carmen; y ésta, en su retirada, facilitó que nuestro trío Bermúdez heredara su querido negocio.

Excelentes herederas, que quienes saben navegar con el viento en contra, manejan mejor que nadie las brisas a favor.

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