El 'Alonso de Chaves' lucha para que la mayor marea negra desde el 'Prestige' no llegue a la costa

El 'Alonso de Chaves', en El Musel, donde el remolcador fue descontaminado y relevó a su tripulación. / JOAQUÍN PAÑEDA
El 'Alonso de Chaves', en El Musel, donde el remolcador fue descontaminado y relevó a su tripulación. / JOAQUÍN PAÑEDA

Descarga en El Musel el fuel recogido durante siete días de faena. La peor evolución esperada dejaría la mancha a 160 kilómetros de Gijón

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

A las 11.12 horas y con el casco enlutado atracaba ayer en El Musel el 'Alonso de Chaves', remolcador que llega para descontaminarse y coger tripulación de refresco con la que continuar en una batalla clave para la salud del Cantábrico. El buque de Salvamento Marítimo fue movilizado poco después de que el portacontenedores italiano 'Grande América' se fuera a pique, el 12 de marzo, en el golfo de Vizcaya, víctima de un incendio que no pudo sofocar. Llevaba una carga de 2.210 vehículos (1.298 de ellos nuevos) y 365 contenedores, entre los que se embarcaron 45 llenos de ácido clorhídrico (un centenar de toneladas) y ácido sulfúrico (otras 70). La fragata inglesa 'Argyll' logró rescatar a tiempo a la tripulación, pero pronto se vio que la mayor amenaza para el ecosistema estaba en las 2.211 toneladas de fuel oil, las 197 de diésel y las 69,9 de aceite lubricante que almacenaba el buque.

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El combustible ha ido escapando del casco, formando dos machas que se vienen extendiendo por el Cantábrico en sentido sureste. Entre los días 16 y 20 Francia, en cuyas aguas ocurrió el siniestro, informaba de que la mayor ocupaba unos 13 kilómetros de largo por siete de ancho. A unos 20 kilómetros de distancia le seguía otra de nueve kilómetros por siete. Hasta seis satélites se coordinan para seguirles la pista. También lo hace el CN235, un Airbus de Salvamento Marítimo que lleva días peinando el litoral cantábrico, tomando tierra en el aeropuerto de Asturias para cargar inspectores y material.

Dada la situación, el país vecino activó el 'plan Vizcaya', protocolo firmado con España que garantiza apoyo mutuo en la lucha contra la contaminación. En aplicación del mismo el 'Alonso de Chaves' zarpó desde Gijón el día 18, con una tripulación de quince profesionales.

En el peor escenario previsto ahora la contaminación quedaría a 160 kilómetros

Durante siete días han desarrollado una tarea «ingrata» y «exhausta», indican fuentes del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Gijón. «La jornada normal a bordo empieza entre las 7 y las 7.30 y sigue hasta las 17.30. Es un tiempo en el que todos han estado trabajando, recogiendo el fuel», comentan. Antes de ese horario hay labores de preparación y después del mismo toca estibar los equipos. Ha sido una faena «durísima, en un mar en el que siempre es difícil trabajar».

Ya en forma de galipote

Al alcanzar la superficie el fuel tiende a dispersarse y extenderse, dejando una película fina que termina ensuciando un área cada vez más amplia. Con el paso de los días el hidrocarburo ha ido emulsionando con el agua de mar, conformando esa mezcla conocida como galipote.

Francia tiene batallando contra ello a cuatro buques civiles, reforzados por otros navíos de la armada gala. Desde España Salvamento ha participado en una primera fase con el 'Alonso de Chaves' y el 'María de Maeztu'. Para darles relevo se ha destacado ya el 'Luz de Mar', que en breve recibirá el respaldo del 'Don Inda'.

«Primero se intenta contener la dispersión, utilizando barreras, y luego hay que absorber el fuel de la superficie, utilizando para la succión los 'skimmer' y las redes», describen en Salvamento Marítimo. «Se trata de sacar la mayor cantidad posible, almacenarlo en tanques especiales y tratarlo en tierra como residuo contaminante», añaden.

Una vez llegado a El Musel, el trabajo continua. El galipote se entrega a un gestor de residuos industriales, para que separe el fuel del agua e incinere las fracciones que pueda. Al remolcador, ahora, le toca someterse a labores de descontaminación, una limpieza que lleva varios días. Tras el saneo se lo cargará y embarcará una tripulación diferente para dar el relevo cuando reciban la orden.

«Es la mayor intervención en la lucha contra la contaminación marítima que hemos tenido en estas latitudes desde el 'Prestige'», asumen en la institución. El accidente, con todo, les coge preparados. Cada año entrenan en el mar cómo reaccionar en estos accidentes, «para mantener el nivel de adiestramiento».

Asturias, como Cantabria y País Vasco, tienen activados sus planes de contaminación marina para vigilar y tener los equipos de limpieza a punto en caso de que la mancha llegue a costa. No es de todas formas el escenario con el que se trabaja. El fuel se ha ido desparramando hacia el sureste y ha pasado ya la frontal de Asturias. Con esos datos Salvamento hace simulaciones y modelos para anticipar lo que puede ocurrir en las siguientes 48 horas. En la peor de las hipótesis el galipote quedaría a unos 160 kilómetros de la costa asturiana y tampoco mancharía el litoral de Cantabria o País Vasco.

Los responsables del despliegue, eso sí, dan por hecho que pese a los esfuerzos, el fuel terminará llegando a la costa francesa cubriendo enclaves de alto valor ecológico.