Cimavilla recuperará su refugio y las casamatas para «discursos sobre Memoria Histórica»

Oquedades de las casamatas del cerro de Santa Catalina (fuera de plano está la puerta de entrada). / TAREK HALABI
Oquedades de las casamatas del cerro de Santa Catalina (fuera de plano está la puerta de entrada). / TAREK HALABI

El concejal de Cultura prevé hacer visitables ambos espacios, que se incorporarían a la red de museos para hablar sobre la guerra civil en Gijón

IVÁN VILLARGIJÓN.

El Ayuntamiento de Gijón prevé recuperar como espacios expositivos el antiguo refugio antiaéreo de Cimavilla y las casamatas del Cerro, integrándolos en la red municipal de museos y dedicándolos a asuntos relacionados con la Memoria Histórica. «Son dos lugares entre los que queremos que haya un nexo de comunicación y en los que podemos realizar muchos discursos para sacar a la luz esa memoria. Utilizar este tipo de infraestructuras permite llegar muy bien al visitante, porque además de lo que supone visualmente dentro de ellas puedes desarrollar unos determinados lenguajes», asegura el concejal de Educación y Cultura, Alberto Ferrao. En el caso concreto del refugio, el edil destaca que ya existe «un proyecto de investigación muy avanzado» y cree que «para Gijón sería una oportunidad muy buena seguir trabajando sobre él».

Ferrao se refiere a un estudio sobre el estado actual del refugio y la viabilidad de su recuperación como espacio visitable, trabajo promovido por la Asociación Lázaro Cárdenas y que en enero fue presentado por el geólogo Toño Huerta. En él se indicaba que a día de hoy podrían recorrerse 140 metros, entrando por el acceso situado junto a la Casa Paquet y continuando por dos ramales, uno que va hacia la Colegiata y otro que termina bajo la Torre del Reloj. Tirando algunos tabiques podría estudiarse además la integridad de los pasillos que continúan hacia la plaza del Marqués y hacia la parte trasera del Palacio de Revillagigedo.

Durante la guerra civil, Gijón llegó a disponer de 193 refugios, entre los que destacan los túneles de Cimavilla, una red que sumaba 500 metros cuadrados de espacio con capacidad para unas 1.200 personas. Su construcción fue iniciativa del gobierno local, que empezó a adoptar medidas para proteger a su población a raíz de los bombardeos de la Legión Cóndor que sufrió la ciudad los dos primeros años del conflicto, así como del asedio del buque Almirante Cervera.

Iniciadas en 1904

La historia de las casamatas se remonta algo más en el tiempo. La denominada batería alta de Santa Catalina comenzó a contruirse en 1904 como complemento a la que ya existía en la falda occidental del cerro, para poder defender con artillería el conjunto de la bahía de San Lorenzo. No obstante, nunca llegó a completarse. Estuvo en obras durante dos décadas, periodo tras el cual los cañones que estaba previsto montar en ella habían quedado ya desfasados, por lo que no llegaron a colocarse. La batería, de hecho, solo estuvo artillada durante un breve periodo de la guerra civil. En 1982 pasaron a ser propiedad municipal junto al resto del cerro. Y actualmente una parte del complejo, que contaba además con varios edificios de servicios ya desaparecidos, es utilizado como almacén por el servicio de parques y jardines de Emulsa.

La asociación de vecinos de Cimavilla lleva años pidiendo la apertura al público de las casamatas, aprovechando sus 620 metros cuadrados para fines museísticos. En lo que respecta al refugio antiaéreo, además de ser una vieja reclamación de las entidades memorialistas su recuperación y apertura como 'Aula de la Memoria' es una de las 88 medidas recogidas en el acuerdo de gobierno suscrito para este mandato entre el PSOE e IU. Junto a ella aparecen en un capítulo específico dedicado a la Memoria Histórica junto a otras como «la investigación, difusión y reconocimiento de las víctimas de la guerra civil y la dictadura franquista». Es previsible que entre otras acciones que se lleven a cabo esté la instalación en la vía pública, en las calles correspondientes, de una treintena de paneles con fotografías y textos explicativos sobre los daños causados en la ciudad durante los bombardeos de 1936 y 1937. Aunque ya están hechos, llevan ocho años guardados en un almacén municipal.