Confraternización en la barraca

La Providencia. Las bailarinas del grupo folclórico Trebeyu, durante la cita del encuentro./ JOAQUÍN PAÑEDA
La Providencia. Las bailarinas del grupo folclórico Trebeyu, durante la cita del encuentro. / JOAQUÍN PAÑEDA

Los vecinos salieron en procesión antes de compartir mesa en concurridas pitanzas | La Providencia, Deva y Roces cierran sus festejos con un excelente balance mientras Bateao aún tiene por delante dos días más de fiesta

GUILLERMO TELLADO GIJÓN.

Si por algo se caracterizó la jornada de ayer en La Providencia, Roces, Deva y Bateao fue por la excelsa comunión entre lo tradicional y lo gastronómico que «siempre funciona a la perfección porque sirve para confraternizar con todo el mundo en la barraca», señalaba Manuel Louzao, presidente de la comisión de festejos de La Providencia. El barrio, al igual que Deva y Roces, puso ayer fin a sus fiestas con un excelente balance. El buen tiempo contribuyó en buena medida a ello. Por su parte, los vecinos de Bateao aún tienen dos días por delante para continuar con sus festejos.

La nota tradicional de estas fiestas la puso, en La Providencia, la procesión amenizada por la actuación del grupo folclórico Trebeyu y su banda de gaitas que animaron a los presentes, entre los que se encontraban la alcaldesa, Carmen Moriyón, y la concejala del PP Sofía Cosmen, que acompañaron a la formación hasta la capilla, donde comenzó la procesión. La imagen de San Lorenzo fue portada hasta el cabo que lleva su nombre y, ya en la parte baja, se produjo un encuentro entre el San Lorenzo de tierra y el de mar, representado con un estandarte que portaba una lancha deportiva custodiada por varias embarcaciones que se acercaron hasta el cabo. Allí mismo, el grupo folclórico Trebeyu interpretó y bailó un tema propio titulado 'El encuentro'. Después, la comitiva, acompañada de la banda de gaitas, que no dejaron de sonar durante todo el recorrido, pusieron de nuevo rumbo al templo para la misa solemne. El restallón posterior sirvió para cerrar los actos religiosos.

Una vez superado el mediodía, los vecinos fueron tomando posiciones en la barraca, donde 250 personas se reunieron para degustar una suculenta paella. La cita gastronómica, como había ocurrido la noche anterior con la cena campestre, estuvo de lo más concurrida. «Como la cena ya era algo tradicional, este año queríamos hacer algo diferente y más especial para el barrio», señaló Louzao en referencia a la comida dominical.

También a los placeres gastronómicos se entregaron ayer en Deva. En este caso, con una fabada en el día en el que tocaba honrar a San Julián, patrón del barrio. «Hemos rerpartido más de un centenar de raciones», señalaba Carmen Coro, de la comisión de fiestas. La tarde la protagonizaron los niños que se acercaron al prau de la fiesta para participar en las carreras de sacos, pruebas de equilibrio y otros juegos populares. Tras la diversión y el esfuerzo realizado, la recompensa fue una chocolatada.

En Roces, la fiesta tuvo de todo. Primero, una misa en honor a San Julián que contó con la actuación del grupo Xolgoriu. Después, la comida para los vecinos que, en torno a la mesa, compartieron animadas conversaciones y se divirtieron bailando al ritmo de La Orquestina. «Es un día diferente ya que no viene tanta gente, pero la diversión está asegurada», decía Eva Medina, representante de la comisión de festejos.

En Bateao celebraron el segundo día en honor a Santa Juliana con una gran paella y con la animación del Dúo Marfil. Hoy, más.

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