«Entráronme todes les chispes por la ventana»

Ana López señala la ventana por la que entró el fuego. / C. SANTOS
Ana López señala la ventana por la que entró el fuego. / C. SANTOS

Un fuego desvió su trayectoria e impactó en un edificio de la calle Vicaría | Ana López 'La Larola', que se encontraba viendo la tele, se llevó el susto de su vida, aunque el incidente solo causó daños materiales leves

I. VILLARGIJÓN.

La noche que miles de personas llenaban el Muro y Poniente para disfrutar de los fuegos artificiales, ella eligió quedarse en su casa, situada a apenas 250 metros en línea recta del punto de lanzamiento. Pero fueron los propios fuegos quienes decidieron visitarla. Y por eso al mismo tiempo que en las playas el público rompía en aplausos tras la estruendosa traca final, arriba en Cimavilla ella salía a la calle, en busca de aliento, todavía con el gran susto de su vida en el cuerpo.

Todo ocurrió pasadas las doce y veinte de la noche, cuando el espectáculo pirotécnico se encaminaba ya a su cierre. Sobre el cerro la pólvora dibujaba enormes sauces, cuyas hojas de fuego caían lentamente sobre el Barrio Alto, desvaneciéndose mucho antes de acercarse al suelo. Pero uno de los artefactos no siguió la trayectoria prevista. Y en lugar de subir hacia el cielo, voló en dirección sur, hasta impactar en la calle Vicaría, donde la carcasa estalló liberando su fuego. Desde la distancia, los espectadores solo vieron cómo una de las figuras florecía en un punto bastante más bajo que el resto. Pero de cerca la imagen fue muy distinta.

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«Les chispes entráronme todes por la ventana», narraba a sus vecinos, aún sin sobreponerse del todo, Ana López Lazcano, más conocida en Cimavilla, y en medio Gijón, como 'La Larola'. Primero fue el estruendo de la pólvora explotando, sonido que se vio amplificado al rebotar en la paredes vecinas -a la estrechez de la calle Vicaría se suma que su casa está separada del siguiente portal por un pequeño callejón que da la plaza de Arturo Arias-. «Estaba viendo la tele, con el teléfono al mi lao. Del sustu cayome el teléfono, el mando y todo», explicaba. Después «todo era humo», añadía señalando desde la calle hacia el exterior de su ventana. Hasta que finalmente «entraron les llames en casa».

Fue un rápido fogonazo que, según asegura, tras recorrer el salón «y entrar hasta la cocina» acabó marchándose por la misma ventana por la que entró. Pese al sobresalto, no causó daños, al menos en el interior de la vivienda. Sí lo hizo fuera. En el edificio de la Larola tiró abajo la antena de televisión, que quedó colgando junto a la medianera de la casa. Y en la fachada de enfrente abolló una bajante de aguas pluviales, además de quemar parte de la pintura de la pared. Algunos restos de la carcasa del artefacto pirotécnico quedaron esparcidos por el suelo de la calle Vicaría.

Bomberos, agentes de policía y personal de Protección Civil acudieron al lugar, para inspeccionar la casa y evitar que la gente pasara por el callejón ante el riesgo de que la antena de televisión cayera a la calle.

Matorral quemado

El Ayuntamiento informó que durante el lanzamiento de los fuegos también «prendió fuego un poco de matorral», aunque los bomberos presentes en la zona lo apagaron casi de inmediato. Este último incidente es habitual en un espectáculo para el que se obliga a la empresa adjudicataria a contar con un seguro de responsabilidad civil, cuya cobertura alcanzaba este año los cinco millones de euros.