Los usuarios del centro de Siloé en El Coto gestionarán el servicio de cafetería

Representantes municipales en el centro de día Milsoles./Joaquín Pañeda
Representantes municipales en el centro de día Milsoles. / Joaquín Pañeda

El dispositivo de día gana espacio con más duchas y una zona amplia de lavandería. Las reuniones de educadores y vecinos reducen los conflictos

Elena Rodríguez
ELENA RODRÍGUEZGijón

Era un local muy antiguo, estrecho y con muchos recovecos. Ahora, ese mismo espacio es «luminoso, diáfano y mucho más acogedor». Son palabras de la edil de Bienestar Social, Eva Illán, tras recorrer el renovado centro de día Milsoles que la Fundación Siloé tiene en El Coto, en Gijón, orientado a personas en riesgo de exclusión social o con problemas de consumo de alcohol o estupefacientes. El dispositivo –que fue visitado por ediles de la Corporación– ha ganado cien metros cuadrados, aunque, según Illán, «da la sensación de que la superficie se ha triplicado».

Tras seis meses en obras, el número de duchas se duplica (pasa de tres a seis) y hay una zona amplia de lavandería, con cuatro lavadoras y cuatro secadoras, con el fin de que los usuarios se responsabilicen de esta tarea. «Antes era un habitáculo muy pequeño, con obstáculos, al que solo accedían los educadores. Ahora está en condiciones óptimas para la autogestión», señaló el coordinador del programa de adultos de la Fundación Siloé y psicólogo, Pablo Puente. Precisamente, la autogestión es una de las líneas que quiere reforzar la entidad. De hecho, serán los usuarios los que lleven las riendas de la cafetería, acompañados por el equipo de educadores, algo inédito en la comunidad autónoma.

Todos los viernes se imprime el planillo para las labores semanales y cada vez son más los que apuntan su nombre en cada uno de los casilleros para rotar por las diferentes tareas. En este mismo espacio, hay una zona de taquillas para que puedan depositar el móvil y cargarlo en su interior, previo registro del nombre y el tipo de terminal en un documento firmado por el usuario.

«El centro ofrece un espacio confortable para que los usuarios puedan desenvolverse, cubran sus necesidades básicas y ganen en autonomía personal», señaló el director general de Salud Pública, Antonio Molejón, tras recorrer las instalaciones, que cuentan con office, una sala de estar y un comedor mucho más amplios que los anteriores.

Sala de fumadores

Una de las novedades es la zona para fumadores, lo que permitirá que los usuarios puedan pasar más tiempo en el interior. En este sentido, Molejón resaltó el trabajo de mediación social que ha hecho el equipo de educadores, «hablando y corrigiendo las cuestiones que preocupaban a la vecindad. Ahora, los usuarios vuelven a estar bien integrados en el entorno». Así lo señaló también Pablo Puente, que hizo referencia a la labor de «deshabituación» para evitar, por ejemplo, que los usuarios estén con las cervezas en el parque. «No deja de ser un dilema ético, pero se trata de hacer comunidad y evitar el malestar de los vecinos».

Los residentes se reúnen con los educadores cada dos meses. El centro –abierto de lunes a viernes, de 9 a 16.30 horas– atiende una media de cien usuarios al día. A lo largo de 2017 pasaron por él 850 personas. El 80% son hombres; el 20% mujeres, con una media de 45 años.