Marcelo Conrado ya descansa en Santullano

Marcelo Conrado ya descansa en Santullano
Javier Antón junto al pintor Manolo García Linares. / MARIO ROJAS

El funeral por el fundador de Casa Conrado y La Goleta tendrá lugar a las cinco de la tarde en la basílica de San Juan

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

El frío y el viento del norte que dejó ayer a la parroquia de Santullano, en Tineo, casi helada se contrarrestó con el calor que ofrecieron los habitantes de esta aldea del Occidente asturiano a la familia del hostelero Marcelo Conrado Antón. Ayer se celebró su entierro en el cementerio parroquial tras la celebración de un responso que por deseo de la familia tuvo carácter íntimo aunque no por ello los vecinos de Santullano dejaron solos a los hijos del fundador de Casa Conrado y La Goleta. Javier y Laura Antón estuvieron acompañados por sus respectivas parejas y por más familiares. No pudo acudir, por motivos de salud, la viuda del hostelero fallecido, María Adelaida Riestra.

El camposanto de Santullano se quedó pequeño para despedir a Marcelo Conrado, que descansa ya en el nicho que la familia Antón tiene en esta localidad, a tan solo un kilómetro de la aldea dónde nacieron los bisabuelos, abuelos y padres de Conrado, Norón. De hecho, la familia posee una casa en el pueblo a la que acude periódicamente. También lo hacía el hostelero que era muy querido en la localidad. «Todo el pueblo estaba allí», destacó Rafael Secades, exdirector del Auditorio Príncipe Felipe y miembro de la Cofradía de los Quesos, pero sobre todo, amigo personal de la familia. «Ver un cementerio tan pequeño hasta los topes da idea de lo que el pueblo de Santullano quería a Conrado», aseveró. Rafael Secades acudió al entierro acompañado por sus tres hijos.

También estuvo el pintor tinetense, de Navelgas para más señas, Manuel García Linares, amigo personal de la familia. «En esta despedida, el pueblo de Santullano ha dado su calor a la familia, es muy entrañable y se ha visto el sentimiento de afecto y dolor del pueblo hacia su paisano», comentó Linares tras el sepelio.

Cuenta de ello la dieron desde el bar de la localidad, La Soledad, el único de una aldea que no llega a la treintena de habitantes. «Yo siempre tuve mucho afecto por Marcelo y por sus padres, Conrado y Jesusa, muy buena gente, eran como de la familia», recordaron desde el local.

El acto de ayer, de carácter más íntimo y familiar, precedió al funeral que esta tarde habrá, a partir de las cinco , en la basílica San Juan El Real. Será la despedida pública al hombre que supo revolucionar la hostelería carbayona en particular y la asturiana en general. Un acto que se sabe congregará a representantes de la hostelería, de la cultura, del arte, de la política, de los medios de comunicación, de todas las esferas que pasaron por las mesas de Casa Conrado y sus afamadas tertulias.

Tradición hostelera

Marcelo Conrado Antón falleció la noche del martes a los 73 años tras agravarse su estado de salud debido a un cáncer de pulmón, que le detectaron hace un mes y medio. Llevaba retirado de la primera línea de la hostelería siete años, tras sufrir un ictus. Se recuperó pero cedió el testigo de Casa Conrado y La Goleta a sus hijos, Javier y Laura Antón.

Famosos, políticos, personalidades del mundo de la cultura, de las artes, del periodismo..., todos disfrutaron de la buena mesa que proporcionó este hombre que descubrió la hostelería de pequeño cuando su padre, Conrado Antón, abrió en Tineo, su localidad de origen, la casa de comidas y tienda El Recreo. Sus progenitores fueron los que guiaron los horizontes hosteleros a Marcelo Conrado. Una familia con una tradición hostelera que se gestó en Cuba. Fue en La Habana donde el abuelo de Marcelo Conrado abrió el restaurante La Alhambra. Entre la tradición hostelera familiar y el don de gentes que caracterizó la personalidad de Marcelo Conrado, logró convertirse en un icono de la restauración ovetense.

Casa Conrado y La Goleta fueron su seña de identidad. La crisis y las ganas de renovación tocó a estos dos restaurantes, gestionados desde 2011 por Javier y Laura Antón. Ambos cerraron sus puertas hace año y medio para luego reabrirlas. Iván Suárez, del llagar de Colloto, se hizo con Casa Conrado el pasado mes de septiembre, junto a Javier Conrado como gerente. La Goleta pasó a manos de Quico Álvarez, hostelero leonés, en octubre. Hoy todos los que disfrutaron de ellos podrán decir su último adiós al hombre que los convirtió en iconos de la hostelería carbayona.

 

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