«Me drogó tanto que me salía espuma por la boca, me amenazó con un cuchillo y me violó»

«Me drogó tanto que me salía espuma por la boca, me amenazó con un cuchillo y me violó»
Christian Sandulache y su hermano Sebastián, en primer término, ayer en la sala de la Audiencia. / A. PIÑA

Las víctimas de la red de prostitución liderada por los hermanos Sandulache narran episodios de extrema violencia en la segunda sesión del juicio

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

La pregunta fue clara: «¿Les obligaban a mantener relaciones sexuales con los hermanos Sandulache?». La respuesta desgarradora: «Sí. Una vez a una de las chicas la drogaron y violaron tan fuerte que pensamos que se iba a morir».

Este fue el tono de las declaraciones, muy duras, que ayer se escucharon en la sala de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Asturias durante la segunda sesión del juicio contra los hermanos Sandulache y cuatro personas más, acusadas de liderar una de las redes más violentas de trata de seres humanos en España. En total, se enfrentan a más de 600 años de cárcel.

El testimonio de esta mujer fue uno de los tres que se escucharon ayer en sala. Tres víctimas narraron las atrocidades a las que eran sometidas por parte de Christian y Sebastián Sandulache, a diferencia de ña declaración de una cuarta mujer que aseguró que no recordaba nada. Algo que le sirvió para que la presidenta del tribunal le advirtiera que estaba en obligación de decir la verdad o podía ser acusada de un delito de falso testimonio.

Pero antes de este ataque de amnesia, el resto de las víctimas sí que contestaron a cada una de las preguntas realizadas tanto por el Ministerio Fiscal como por la acusación particular y los abogados de las defensas. Protegidas por un biombo y a través de videoconferencia explicaron que llegaron a España engañadas.

El relato más estremecedor fue el de la tercera testigo. Declaró en sala, también oculta. Ella fue una de las chicas a las que los Sandulache obligó a comer dinero. Relató que uno de los acusados «vino con una botella de coca cola de dos litros para tragarlo». Durante su testimonio rompió en llanto: «Tengo miedo de estar aquí, no me fío de nadie».

Sacó fuerzas, no obstante, para contar como en una ocasión uno de los hermanos Sandulache la violó: «Christian me drogó tanto que me salía espuma por la boca y me amenazó con un cuchillo para acostarme con él». Recordó también como una vez que intentó escapar recibió una paliza «que no podía respirar». «Christian me pegó con las piernas y la cabeza contra la pared». Las tres víctimas, además, coincidieron en señalar que las dos acusadas por trata de seres humanos también fueron víctimas de los malos tratos y violaciones cometidas por los Sandulache.

Otra de las testigos llegó a Asturias conociendo que iba a dedicarse a la prostitución y que los beneficios obtenidos por ello se repartirían a partes iguales entre ella y los hermanos Sandulache. «Esto luego cambió y la mayoría del dinero era para ellos», aseveró ante el tribunal. A preguntas de la Fiscalía sobre cuánto podía ganar en una noche, la testigo protegida dijo que «más de 500 euros» pero que ella solo recibía 200 euros a la semana. Relató que estaba obligada a entregarles el dinero cada noche: «Yo tenía que trabajar para ellos». Explicó que todas estaban controladas y vigiladas, sin documentación ni teléfono y que para contactar con su familia lo hacían en presencia de alguno de los acusados y siempre con el teléfono puesto en manos libres.

Amenazas de muerte

Esta testigo también tuvo que abortar tras quedarse embarazada de un cliente y ser obligada a ello por los dos hermanos Sandulache. Relató que logró escapar de uno de los club de alterne en los que ejercía la prostitución aprovechando un descuido de sus vigilantes. «Salí huyendo porque no podía seguir más allí. Estaba obligada a hacer cosas que no quería. Aguanté un año y cuando encontré el hueco salí».

Otra de las víctimas aseguró que llegó a España engañada. Relató que Christian Sandulache le ofreció venir a Asturias para cuidar a personas de la tercera edad. Descubrió el engaño cuando, acompañada de Sebastián Sandulache y otra de las acusadas, fue a comprar la ropa de trabajo. «Yo pensaba en el clásico traje de chaqueta y pantalón pero compramos vestidos cortos y maquillaje. Me di cuenta que vine para el tráfico. A partir de ahí todo fue muy doloroso». Hasta el punto que la testigo, que también logró huir de la Red gracias a la ayuda de un cliente, aseguró que «si quería seguir viva tenía que obedecer sus órdenes». Si no lo hacía se arriesgaba a recibir palizas con bates de béisbol, patadas, puñetazos y amenazas de muerte. «Me amenazaron con cortarme los brazos y las piernas y meterme en una maleta».

La tercera sesión del juicio continua hoy, a partir de las diez y cuarto de la mañana, con la declaración de los investigadores que destaparon la trama tras la denuncia interpuesta por una de las víctimas.

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