Guimarães, la cuna de la nación de Portugal

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Guimarães.

La cercanía con España y su indudable belleza hacen de ella una ciudad perfecta para realizar una escapada al país vecino

ÁLVARO ROMERO

La histórica ciudad de Guimarães se ubica en el norte de Portugal, concretamente en el distrito de Braga, a 50 kilómetros de Oporto y a tan solo 120 de la ciudad de Vigo. Una localización perfecta para realizar una escapada y conocer la auténtica esencia del país luso pues sus vecinos consideran esta localidad como "la cuna de la nación". Allí se coronó al primer rey portugués, Alfonso Enriquez, en torno al año 1128.

Durante sus más de nueve siglos de historia Guimarães ha sabido transformarse en una urbe moderna sin perder su autenticidad medieval manteniendo de la mejor manera posible la arquitectura tradicional de la zona. Hecho que le ha valido, junto a la belleza de sus formas, para ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001 y Capital de la Cultura Europea en el 2012.

Ciudad única y original

Así es Guimarães, una localidad singular cuyo mayor valor lo aglutina el casco histórico. Un lugar que muestra construcciones tradicionales levantadas entre los siglos XV y XIX, donde descubrir los materiales y técnicas que se usaban antaño.

El jardín de la República de Brasil, presidido por la bella Iglesia de San Gualter, conduce hasta la Plaza de Oliveira, en centro antiguo de la ciudad. A su derecha deja la avenida de Alberto Sampaio, a través de la cual transcurre la antigua muralla, construcción defensiva levantada en época medieval. En uno de sus tramos se puede leer "aquí nació Portugal".

En el interior de la misma aparece la Iglesia de Nuestra Señora de la Oliveira, un templo románico del siglo XII que se eleva frente a la pequeña y encantadora plazoleta donde los bares colindantes extienden sus terrazas. Los suelos empedrados encajan visualmente a la perfección con las fachadas que flanquean este maravilloso rincón, en cuyo centro se sitúa el Padrón de Salado, un monumento gótico que conmemora la victoria portuguesa en la Batalla del Salado.

Cruzando un acceso desde la Plaza de Oliveira se llega la Plaza de San Tiago, siempre llena de vida es uno de los espacios más peculiares de la ciudad pues se encuentra rodeado de curiosas e irregulares casas. Allí, entre suelos de piedra se puede degustar la maravillosa gastronomía local en cualquiera de sus restaurantes.

A pocos metros aparece la calle de Santa María, un callejón estrecho y empedrado que transporta al visitante al Portugal más puro. La vía que conduce hasta el Convento de Santa Clara, actual sede del Ayuntamiento local. Un edificio sobrio de belleza superlativa, capaz de captar las miradas de todos los que hasta allí se acercan.

Parte alta de Guimarães

La zona alta de la urbe no es menos atractiva, allí se sitúan algunas de las obras arquitectónicas más representativas, ofreciendo maravillosas vistas. Pese su localización fuera del casco histórico se puede llegar a pie pues las distancias en Guimarães son cortas y el grueso de las atracciones turísticas se puede visitar caminando.

El Castillo de Guimarães domina la Colina Sagrada desde el siglo XI, afianzándose como una de las joyas de la urbe, visita obligatoria para los turistas. Se levantó con carácter militar como un recurso defensivo, para repeler ataques de pueblos enemigos que ansiaban conquistar la región. A pocos metros se levanta el Palacio de los Duques de Braganza, monumento del siglo XV que guarda en su interior verdaderos tesoros.

 

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