La Junta echa a andar una legislatura que obliga a pactos a varias bandas para gobernar

Marcelino Marcos Líndez será elegido hoy presidente de la Junta General del Principado. / ÁLEX PIÑA

Las dificultades para componer la Mesa del Parlamento, sobre todo entre PSOE y Podemos, anticipan un mandato en el que Barbón jugará a la 'geometría variable'

ANDRÉS SUÁREZOVIEDO.

«Es una legislatura para hacer política, buena política». En boca de un destacado socialista, la frase representa bien el apasionante periplo parlamentario que comienza en la Junta General, que hoy celebra su pleno de constitución. Una etapa marcada por la insólita pluralidad política, con siete partidos con representación en la Cámara, y con un PSOE con una posición muy sólida que, no obstante, tendrá que jugar a la 'geometría variable' y buscar apoyos a varias bandas, según el caso, para asegurar la gobernabilidad de la región. Los problemas para constituir la Mesa, el órgano rector del Parlamento, con diferencias especialmente visibles entre los socialistas y Podemos, anticipan que las cosas no van a ser sencillas para Adrián Barbón y los suyos.

Los contactos que el PSOE ha liderado estos días para conformar la Mesa, el órgano que rige el funcionamiento ordinario del Parlamento, han constatado las dificultades para negociar con tantos actores de por medio. Y, en este caso concreto, con solo cinco asientos a repartir. Los socialistas plantearon la alternativa de ampliar la Mesa a seis puestos, propuesta que chocó con el rechazo de Podemos. A partir de ahí, intereses cruzados que dejan la resolución del sudoku para el pleno de hoy, aunque el resultado, salvo alguna cuestión puntual, parece bastante encaminado.

El acuerdo de PSOE e IU para apoyarse mutuamente convertirá en presidente de la Junta a Marcelino Marcos Líndez, hasta ahora portavoz parlamentario. Su designación solo corría el riesgo de tropezar con una carambola que pasaría por el acuerdo de todos los partidos restantes para apoyar a un candidato alternativo, hipótesis ya descartada por parte de los posibles socios. El terreno para el aspirante socialista, que ayer agradeció el «honor» de su designación y que prometió «humildad, respeto y dedicación», está despejado.

Esos mismos votos de Podemos e Izquierda Unida harán vicepresidenta primera a la también socialista Celia Fernández, ex presidenta de Cruz Roja, y otorgarán una secretaría a la coalición que ocupará Ovidio Zapico.

En virtud del resultado electoral, el PP, principal fuerza de la oposición, se hará con la segunda vicepresidencia en liza. Y quedaría otra secretaría, que según las conversaciones que todavía se mantenían ayer, y a la expectativa de posibles cambios de última hora o de sorpresas en las votaciones, correspondería a Ciudadanos. De ser así, es probable que sea ocupada por Armando Fernández Bartolomé.

Aunque solo como un primer indicio, el proceso para la conformación de la Mesa deja claro que la legislatura no va a ser sencilla. Lo más revelador de las negociaciones de estos días es el desencuentro entre el PSOE y Podemos. Los socialistas, como era previsible por su buena relación de siempre, no tuvieron problemas a la hora de entenderse con IU, pero con el partido morado ha sido otra historia. Sus dirigentes rechazaron la propuesta de ampliar de cinco a seis los miembros del órgano en cuestión -hay quien sospecha que el objetivo era excluir del mismo a Izquierda Unida- y mientras el PSOE optó por un hombre, Marcelino Marcos, para presidir la Junta, Daniel Ripa y los suyos sugerían que fuera una mujer. El diálogo se zanjó sin entendimiento.

Su resolución deja en una posición complicada a Podemos, cerca de quedarse fuera de la Mesa porque el PSOE ya ha comprometido sus votos a IU para una secretaría, lo que reduce las opciones del partido morado a buscar alianzas extrañas, contra natura. Sus dirigentes deslizaron una crítica a la forma en que se han conducido estas negociaciones y rechazaron «pactos de despacho». Avanzaron además que presentarán candidatura para conseguir una secretaría y también que votarán a favor del aspirante del PSOE a la presidencia.

En medios parlamentarios se apuntaba ayer que ese apoyo de Podemos a la opción de Marcelino Marcos solo busca cubrirse las espaldas y tener un argumento para criticar a los socialistas en caso de que el candidato de la formación morada finalmente se quede fuera de la Mesa.

Esos primeros tanteos apuntan a una legislatura en la que el PSOE, que cuenta con el sostén de sus 20 escaños y la cercanía con IU, que tiene dos, deberá maniobrar con habilidad para asegurar la gobernabilidad. Vistos los roces con Podemos, la posibilidad de alianzas estables se complica y abre el camino a acuerdos puntuales, ya sea a la izquierda, con los partidos antes citados, o mirando al centro-derecha de Ciudadanos. Y queda por ver el papel que quiera jugar Foro, obligado a redefinirse ante su declive electoral.