Vicente Álvarez Areces, el orador infatigable que no pensaba jubilarse nunca

Vicente Álvarez Areces, el orador infatigable que no pensaba jubilarse nunca
Vicente Álvarez Areces, durante una de sus intervenciones en la Junta General. :: MARIO ROJAS

Vicente Álvarez Areces imprimió un sello inconfundible a sus intervenciones, con frases que quedarán para la historia

AZAHARA VILLACORTA GIJÓN.

«Nunca en la vida». Como buen político de raza, comprometido con todas las causas que merecían dar batalla, Vicente Álvarez Areces no tenía planeado jubilarse «nunca en la vida». «A mí me jubilarán cuando pierda mis facultades físicas, cuando cumpla mi ciclo vital», decía en una entrevista concedida a EL COMERCIO con motivo de su relevo al frente de la Presidencia del Principado. Y ese día fue ayer.

Porque el playu más playu de La Arena, dueño de un diminutivo con el que no había pérdida en la ciudad más grandona, siempre generoso y accesible, cercano, apasionado y vehemente, a tiro de teléfono, nada fotofóbico él, tenía cuerda para rato y ganas de explayarse, como solía recordar a quien quisiera escucharle hablar de la prodigiosa longevidad de su madre, Nieves Areces, por la que sentía auténtica devoción. Así que, toda vez que ella ya había cumplido los 106, él calculaba que, como mínimo, le quedarían al menos «treinta de hacer política».

Ese era Tini, genio y figura. Un orador infatigable, largo en los manejos del aparato del puño y la rosa y en las intervenciones, que muchos recuerdan interminables. Una idea, una sinergia, un dato, una implementación, un estado de la cuestión, un poner en valor. Aquello no acababa hasta que él no repasaba hasta la última coma que llevaba estudiada o que, directamente, improvisaba. Logros, inversión, gasto. Aquello era un torrente, un optimismo desbordante que arrollaba. Más madera.

Y, si el arecismo ha sido comúnmente definido como el movimiento de renovación política que Areces encabezó a partir de la asamblea que los socialistas gijoneses celebraron en marzo de 1987 en la Laboral, el tinismo sería, por contra, ese sello inconfundible que imprimía a sus discursos, en los que era también una apisonadora de verbo ágil y tendencia hiperactiva que no rehuía la polémica y que ha legado a la política asturiana frases que ya han quedado para una intrahistoria de pinchos de tortilla, pitas pintas y leyendas urbanas.

«Esto pone fin a la leyenda urbana de la emigración»

Aquella expresión que luego serviría en tantas ocasiones como pólvora ajena y azote popular se fraguó en 2005, durante la presentación de un estudio elaborado por el catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Oviedo Joaquín Lorences por encargo del Ejecutivo regional que cifraba en el 66% la tasa de empleo de los titulados. Unas estadísticas que pretendían rechazar con cifras, negro sobre blanco, que se produjese una marcha masiva de universitarios, echar abajo de un plumazo todos los estereotipos circulantes sobre la fuga de cerebros. Porcentajes que dejaron notablemente satisfecho al entonces rector Juan Vázquez, entonces próximo al PSOE y hoy candidato naranja al sillón de Súarez de la Riva, quien se sintió «aprobado incluso con nota» y que destacó para la posteridad que la Universidad no solo no era «una fábrica de parados, como se decía, sino una fábrica de oportunidades».

Pero de las palabras de Vázquez nadie hizo sangre. Sí de su traducción al 'tinismo', que fue, textualmente: «El informe sirve para poner fin a la leyenda urbana sobre la emigración de nuestros universitarios».

«En las comarcas mineras conviven el ratón y el carbón»

A Tini le dolía aquel éxodo urbano y rural como le dolía el futuro de Asturias y de ahí otra frase (circa 2011) que luego haría fortuna: «Tras años de duras reconversiones y 125 de ferrocarril tradicional, estamos venciendo el aislamiento con la alta velocidad horadando la cordillera y nuestras comarcas mineras son hoy valles tecnológicos donde conviven el ratón con el carbón».

Una ocasión -el acto central de la campaña 'Nuevas Energías', aunque para energía la suya- en la que también aprovechó para cargar contra el PP, del que fue azote máximo, con Gabino de Lorenzo como contrapunto capitalino y acusador con el cerco a Oviedo como punta de lanza.

«Gabino, estarás contento. Es un andén de lujo»

Las escaramuzas entre Tini y Gabino alcanzaron la categoría de clásicos. Y si un día Tini tiraba de Villa Magdalena y lanzaba su artillería asegurando que «Gabino será recordado por sus malas formas y nefasta gestión», al otro De Lorenzo lo llamaba «manirroto» y cargaba con su retranca habitual: «¿Alguien sabe dónde está el presidente de Asturias? Yo estoy preocupado porque esté secuestrado o algo parecido porque no sé nada de él. Ante los problemas de esta región, no lo veo más que de excursión a Cuba o a París, ya me dirá usted para qué».

Y, cuando volvía a presentarse otra cita propicia, como la inauguración de la estación de La Corredoria, el socialista contraatacaba: «Gabino, estarás contento. Es un andén de lujo».

«Cascos es el Mortadelo y Filemón de la política»

También con Francisco Álvarez-Cascos mantenía, según confesión propia, «una relación controvertida». Al de Foro le espetó que era «el Mortadelo y Filemón de la política». Y no se equivocaba cuando vaticinaba la estampida de algunos: «A los quince días de fundar el partido ya están saliendo militantes porque dicen que no soportan la falta de democracia y porque hace justamente lo que contrario de lo que dice». Y es que, hacía memoria, «Cascos ha roto su partido en dos ocasiones muy claras. La primera, cuando el PP gobernaba en Asturias. Y en 2010, cuando intentó ser candidato pero el PP no lo quiso porque es una persona que antepone sus intereses personales a todo lo demás. Vendrán cosas desagradables si alguien cree que aquí llegará un salvador que lo arreglará todo».

«Riopedre va a demostrar que no obtuvo prebendas»

Pero las mayores decepciones llegaron de sus propias filas. De Villa y Riopedre. La más dolorosa, la de quien durante siete años fue su consejero de Educación y amigo personal de los tiempos de Perlora, cuya detención le dejó «perplejo».

Álvarez Areces reconoció su «estupor» ante aquel golpe, y luego confió. «Riopedre va a demostrar que no obtuvo prebendas ni favores», sacó la cara por su compañero de partido, gobierno y mil batallas.

«O seguía la obra o se entregaba al mar»

También algunos de sus proyectos bandera como la ampliación de El Musel le trajeron más de un quebradero de cabeza, pero cerró filas con Ayuntamiento y Autoridad Portuaria para justificar el pago de sobrecostes: «O seguía la obra o se entregaba al mar», sentenció. Y, al final, se fue con la convicción de que dejaba una Asturias mejor de la que había encontrado. «Todo lo que yo hago es una gota en el océano, así de pequeño es lo que podemos hacer, y, sin embargo, si yo no lo hiciera, le faltaría una gota». La historia ya lo ha absuelto.