La alfombra azul de los Premios se mueve hacia la originalidad

Yelena Ysinbayeba, en 2009. / CITOULA
Yelena Ysinbayeba, en 2009. / CITOULA

La moda refleja los cambios experimentados por una sociedad. De la uniformidad y sobriedad de las primeras alfombra azules a la libre expresión individual de los últimos Premios Princesa

ROSA IGLESIAS

En 1981, año de la primera edición de los Premios Príncipe de Asturias, la platea que se puso en pie para aplaudir el discurso del entonces niño don Felipe de Borbón no era un público a la moda. No al menos como la entendemos a día de hoy. Ellos y ellas vestían atuendos de la época en su modalidad más discreta y seria. Trajes oscuros para ambos y blusas satinadas de lazada al cuello, estolas y pequeñas piezas de piel de pelo corto para las señoras. Sobriedad propia de ceremonias de tipo académico. Solo los hombros anchos, las mangas fruncidas y algún volante en el cuello y puños daban pistas de lo que estaba ocurriendo en los inicios de la eclosión de los jóvenes diseñadores de mediados y finales de los ochenta. La penúltima década del siglo XX se vistió de brocados dorados y de drapeados, como en las míticas pasarelas de Yves Saint Laurent. Hollywood los interpretó a su manera superlativa en series como 'Dinastía'. Y haciendo buena la tendencia y con todo el glamour de una estrella vivimos la entrega de premios del 92 con destellos de celuloide gracias a una Liz Taylor con un su capa de lana ribeteada en piel, que tanto veríamos aquel año y posteriores en nuestra pasarela azul. Al cuello, una cruz de la Victoria tamaño XXL, 'plus size' también el cardado de la diva. En esta época y en los inicios de los noventa, las pequeñas chaquetas de piel, estolas y capas con detalles de pieles naturales fueron prendas recurrentes de fondo de armario, antes de que el cambio climático hiciera del otoño un apéndice del verano y de que las modas y otros asuntos aparcaran la peletería.

A finales de la década de los 80, las hombreras y las abotonaduras doradas en trajes de señora habían tomado la calle y la entrada al Campoamor. Algunos caballeros se sumaron a las hombreras y a los trajes cruzados. Hasta bien entrados los 90, continúa la tendencia de los trajes del tejido del tweed estilo chanel y perlas al cuello. Este tejido de origen escocés y sus múltiples interpretaciones, así como las perlas, son fieles año tras año a la entrega. Con la entrada en escena de Versace comienza el exceso. Las múltiples interpretaciones que de las creaciones del modisto de la medusa se hicieron en aquel momento conformaron trajes de solapa con americana larga y faldas por encima de la rodilla, esta es la década de la mujer vestida de profesional con un punto barroco. Rozando el fin de siglo la imagen se dulcifica y volvemos a los terrenos clásicos, con abrigo s de entretiempo con vestido o pantalón, a pequeños vestidos negros con broches festivos. Flores en la solapa, como en las bodas de primavera, y encaje.

Más Premios Princesa

El nuevo siglo rompe todo lo anterior en pedazos. Los códigos de la moda se reinventan de nuevo. El 'low cost' llega para quedarse y pone al alcance de todas ropas de toda categoría y para cualquier ocasión. Las grandes marcas del ramo también aparecen en las entregas. El estilo se impone como una necesidad, como un elemento a trabajar, más que como una casualidad del destino. La globalización nos trae protocolos indumentarios de otros lugares: coloridos vestidos africanos, preciosos trajes típicos de Latinoamérica y señoras con vistosos hiyabs. Con la información de las nuevas tecnologías y los ojos puestos en alfombras de otros lares, la imaginación se dispara. Algunas premiadas se lanzan incluso a vestir modelos propios de ceremonias nocturnas como Yelena Isimbayeba, premio Princesa de Asturias del deporte 2009. Algunos caballeros se atreven con el color y la pajarita como el diseñador Modesto Lomba. Vimos en estos últimos años a uno de los hombres más elegantes del mundo, James Costos, el que fuera embajador de EEUU. Proliferan en estos años las corbatas color V.E.R.D.E en honor al soberano.

Casi todas las firmas internacionales están representadas Desde el clasicismo de Dior a la independencia de Dries Van Noten. El refinamiento étnico de Etro, La sofisticación de Lanvin, la inspiración arquitectónica de Iseey Miyake...y asi hasta mil opciones. Firmas nacionales como Jorge Vázquez, Ulises Mérida, Jon Fiz. Y por supuesto diseñadores locales de proyección nacional como Marcos Luengo que viste a gran número de señoras, Aloha Tatá o Apparentia. Bolsos de los denominados por las revistas del ramo 'It bag' y objetos de deseo, inversiones en forma de clutch y pequeñas bellezas con utilidad de bolso de la artista Inés Figaredo.

De los zapatos de salón clásicos de los principios, a la obsesión por el calzado por los tacónes infinito y las suelas rojas. Suelas a las que sucumben hasta vicepresidentas del Gobierno. De la discreción y la prudencia a las sandalias de Aquazurra, Valentino o Ferragamo. De la obligatoriedad de igualarse en la uniformidad al atrevimiento, salir de la zona de confort y expresarse. La moda va de saltarse el mayor número de códigos posibles sin salirse de la alfombra. Y disfrutarlo, porque es espejo de nuestro tiempo.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos