Gdansk, una ciudad siempre en lucha, Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2019

La ciudad polaca de Gdansk, Premio Princesa de Asturias de la Concordia
Vistas del paseo de 'Krantor', en el puerto de Gdansk, en Polonia. / AFP

Totalmente devastada por los nazis, fue reconstruida tras la Segunda Guerra Mundial y hoy es ejemplo de fusión de culturas y solidaridad

MIGUEL ROJO / AZAHARA VILLACORTA

Ocho proyectiles cayeron el 1 de septiembre de 1939 sobre Westerplatte, un brazo de tierra que alojaba unas instalaciones militares polacas en la actual ciudad de Gdansk, a orillas del mar Báltico. Aquel ataque alemán daba inicio a la invasión de Polonia y, por tanto, a la Segunda Guerra Mundial, y a pesar de que los nazis contaban con más de 3.000 efectivos y eran 210 los que defendían la plaza, la escaramuza se alargó durante una semana, causando los defensores de la plaza alrededor de 300 bajas, entre muertos y heridos, al ejército de Hitler.

Gdansk, por aquel entonces, y tras el tratado de Versalles, era una ciudad-estado, la Ciudad libre de Danzig, pues dejó de formar parte de Alemania tras la primera gran guerra, recibiendo Polonia una serie de privilegios económicos y diplomáticos sobre la misma, lo que había generado ciertas tensiones entre la ciudad y Polonia, además de un claro acercamiento a Alemania. Cuando acabó la contienda, en 1945, un 90% de la ciudad había sido destruida y el 90% de la población había huido o fallecido en el momento en el que, el 30 de marzo de aquel año, hizo su entrada en la misma el Ejército Rojo. Tras la conferencia de Postdam, la ciudad fue cedida a Polonia, y fueron expulsados de ella más de 125.000 alemanes. Otros tantos polacos fueron obligados a trasladarse a la misma por los soviéticos. Su casco antiguo fue reconstruido por polacos, alemanes y flamencos, por hebreos, holandeses y escoceses, dejando todos su huella en la actual fisonomía de la ciudad, que recuperó su actividad económica apoyándose en sus potentes astilleros y sus instalaciones portuarias. Hoy es el principal puerto de Polonia.

Fue en aquellos astilleros, que llevaban el nombre de Lenin, en los que nació el famoso sindicato Solidaridad, en 1980, cuando Lech Walesa fundó junto a otros obreros una asociación clandestina que acabaría convirtiéndose en un movimiento social anticomunista no violento con más de diez millones de miembros y que contribuyó decisivamente a la caída del comunismo en Europa del Este. Un movimiento prohibido y perseguido en múltiples ocasiones que acabó convirtiéndose en partido político a finales de la década de los 80, llevando a Walesa a la presidencia. Desde esos mismos puertos, a lo largo de los años 70 y 80, llegaron a Gijón millones de toneladas de carbón polaco con destino a la industria siderúrgica de la región, principalmente a Ensidesa. En El Musel entraban regularmente buques como el 'Ea' y el 'Castillo de la Mota', con cargas de hasta 50.000 toneladas de carbón siderúrgico para las factorías asturianas.

Pues bien, la ciudad polaca de Gdansk, «símbolo histórico y actual de la lucha arriesgada por las libertades cívicas en un punto crucial donde el espíritu de Europa consigue renacer una y otra vez frente a la intolerancia o la opresión» acaba de alzarse con el Premio Princesa de la Concordia 2019, el último de los galardones de esta edición. A juicio del jurado reunido en Oviedo, «la historia y el presente de la ciudad de Gdansk son un ejemplo de sensibilidad ante el sufrimiento, de solidaridad, de defensa de las libertades y los derechos humanos y de extraordinaria generosidad».

La candidatura de Gdansk fue propuesta por Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo nacido precisamente en esta ciudad del báltico, y Adam Zagajewski, Princesa de las Letras 2017. También son naturales de Gdansk el escritor Günter Grass, el actor Klaus Kinski y el filósofo Arthur Schopenhauer, entre otras personalidades polacas. Hoy en día, la ciudad destaca por su cohesión ciudadana y por su carácter tolerante, especialmente a través de programas dedicados a la integración de los inmigrantes y la defensa del colectivo LGTB.

Su nombre alemán es 'Danzig', nombre que fue oficial bajo el dominio de la Orden Teutónica (1308-1454) y en la época contemporánea entre 1793 y 1945. Tras la caída del telón de acero en los años 1990, la República Popular de Polonia cambió su nombre por el de República de Polonia (Rzeczpospolita Polska), a la cual Gdansk pertenece actualmente, aportando unos 582.000 habitantes al país, como sexta ciudad en cuanto a población.

Gdansk apareció recientemente en los titulares cuando en enero de este año su alcalde, Pawel Adamowicz, fue asesinado a cuchilladas durante un acto solidario. Su colaboradora Aleksandra Dulkiewicz le sustituyó hasta las elecciones anticipadas del pasado mes de marzo, en las que salió elegida con el 82% de los votos.

El galardón, que el año pasado recayó en la oceanógrafa estadounidense Sylvia Earle, nombrada 'Héroe del planeta' en 1998 por la revista estadounidense 'Time' y autora de numerosos documentales para National Geographic, es el último en fallarse en esta edición de los Premios Princesa de Asturias. Y quizás sea su propia alcaldesa quien recorra la alfombra azul del Campoamor para recoger el premio en nombre de todos los habitantes de Gdansk que, a lo largo de los siglos, han luchado por la libertad y por lograr la unión del pueblo ante las injusticias.

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