Adolescentes que llegan a robar a familiares y amigos para pagar sus deudas de juego

Adolescentes que llegan a robar a familiares y amigos para pagar sus deudas de juego

Los menores prefieren el juego presencial porque no necesitan una tarjeta de crédito o débito, les basta con la paga que les dan en casa

LAURA CASTRO

No es una droga pero, para el cerebro, la sensación de placer que ofrece es idéntica. El juego también puede causar adicción y entre las personas que más riesgo corren de sufrirla están los menores. Para ellos es ilegal y lo saben, pero algunos adolescentes asturianos no dudan en saltarse la prohibición suplantando identidades.

Les gusta demostrar todo lo que saben de fútbol y cuando su combinada les da una victoria no dudan en presumir ante sus amigos. «¿Ves? Te dije que pusieras más de dos goles, que es el Barça tío», le dice un joven a otro en una casa de apuestas deportivas del centro de Gijón. Los enormes televisores que invaden una de las paredes de la sala retransmiten una y otra vez la hazaña del 10 del Barça y en el resto de pantallas el baloncesto, el tenis y las carreras de galgos se van alternando. La decepción de uno se compensa con la alegría del otro. Son el claro reflejo de las dos caras del juego, una imagen que en teoría solo es apta para mayores de 18 años, pero que en la realidad la viven también los menores.

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De los 1.293 adolescentes asturianos que entrevistó el grupo de investigación de Conductas Adictivas de la Universidad de Oviedo en 2016, más de la mitad reconoció haber jugado alguna vez en su vida y más de uno de cada cuatro aseguró haberlo hecho en el último mes. De todos los encuestados, un 4,2% están en riesgo de padecer adicción y un 1,2% ya presentaban problemas. El estudio refleja, además, que los menores prefieren el juego presencial, principalmente porque no necesitan una tarjeta de crédito o débito para jugar, les basta con la paga que les dan en casa. Solo tienen que pasar el control de seguridad de los locales y es tan fácil como conseguir el documento de identidad de alguien mayor de 18.

«No miran ni la foto», le confirma a este diario un jugador de 16 años al que llamaremos Jorge para proteger su anonimato. Nunca jugó cantidades elevadas, por lo que las pérdidas no le quitaban el sueño, pero empezó a darse cuenta de que el juego se estaba convirtiendo «un vicio absoluto». El pasado verano iba prácticamente a diario al salón y cuando llegó a casa con 200 euros de ganancias decidió hablar con sus padres. Se ofrecieron a buscarle ayuda, le amenazaron con cortarle el grifo si volvía a jugar y cuando se sacó el carné de moto llegó a la conclusión de que era mejor invertir la paga en gasolina y no en apuestas. Sin embargo, la tentación seguía ahí a pie de calle. «Al lado de mi academia hay un local de apuestas y cada vez que iba a clase pensaba: ¿Y si entro?».

Para su amigo, al que llamaremos Diego, solo era algo para divertirse con los colegas, aunque confiesa que «cuando perdía me enfadaba mucho y llegué a plantearme que igual me estaba empezando a pasar». Ahora, cerca de cumplir 17, evita por todos los medios ir a las casas de apuestas , pero sí que le da un euro o dos a su hermano mayor para que haga un par de apuestas por él. También juega a la quiniela, él la rellena y su madre la echa, pero eso «es diferente». Este diario ha intentado sin éxito ponerse en contacto con las principales marcas con actividad en Asturias.

El estudio antes mencionado refleja que el 16,9% de los menores juegan a la lotería y es precisamente la normalización de este tipo de variantes del azar la que lleva a los adolescentes a pensar que no pasa nada. Es lo que creen en Larpa, la Asociación de Ayuda a la Ludopatía en Asturias. Allí atienden a varios adolescentes y también a jóvenes de 18 y 20 años, lo que confirma, a su juicio, que han jugado sin tener la edad legal. También en el programa Reciella, de Proyecto Hombre, tratan a menores con problemas con el juego. En la actualidad trabajan con 86 adolescentes, todos ellos varones, de los que un 3% abusa de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y otro 4% tienen conductas de riesgo asociadas al juego.

El presidente de Larpa, Máximo Enrique Gutiérrez, incide en que el «gran» problema ahora mismo son las apuestas deportivas. «Los chavales no hablan de otra cosa y si encima juegan a fútbol en algún equipo es aún peor...», subraya. La Liga ya reconoce la existencia del problema y muestra de ello es la presentación llevada a cabo esta semana en Madrid. Han elaborado un tríptico informativo para prevenir el juego entre los adolescentes, de la mano de Ordenación del Juego, organismo del Ministerio de Hacienda.

«Aquí han venido chavales de 20 años que han llegado a acumular deudas de 30.000 euros. Creen que tienen toda la vida para devolverlo, no son conscientes de que tienen una hipoteca sin haber comprado nada», lamenta Gutiérrez. Y lo peor, agrega, es que varios de ellos han cometido ya pequeños robos en su entorno y estafas por internet para sufragar su adicción al juego. Es un comportamiento que responde a la actitud típica de un ludópata. Pero extraña su edad.

Hasta los 21 años el cerebro sigue en fase de maduración. Primero se desarrolla el sistema límbico. Es el de las emociones, y en la adolescencia está especialmente activo gracias, en parte, a la combinación con los altos niveles de hormonas propios de estas edades. No es hasta unos años después cuando el cerebro empieza a desarrollar la parte más 'consciente', la que entiende la dualidad causa y efecto, y por eso los menores son más vulnerables ante las adicciones. Así lo explica Eduardo Carreño, médico especialista en conductas adictivas, quien apunta que varios de los adolescentes que trata por drogodependencia tienen también problemas de juego. «Han venido críos que se habían pagado su dosis en el casino», afirma.

¿Una alarma «innecesaria»?

Desde la Dirección General de Ordenación del Juego de Asturias aseguran que «se está creando una alarma social innecesaria» y ponen en duda el resultado del estudio del Grupo de Investigación de Conductas Adictivas de la Universidad de Oviedo, a pesar de que fue encargado por la Consejería de Sanidad. Aunque consideran que las asociaciones de ludópatas están siendo alarmistas, el año pasado el Principado puso en marcha el 'Protocolo de menores en materia de juego y apuestas'. En él se recogen los controles que deben llevar a cabo los diferentes establecimientos para impedir que los adolescentes jueguen.

Tienen prohibido el acceso a casinos, salas de bingo, locales de apuesta y salones de juego –aunque en este caso, a diferencia de los anteriores, no hay un control previo para acceder–. El protocolo también recogía una obligación para el sector hostelero: deben asegurarse de que quienes usan las tragaperras tienen 18 años o más. Se realizaron más de 400 registros en todos estos establecimientos y no se detectó a ningún menor en ellos. Pero sí que entran y juegan, como ha podido comprobar este diario.

Hay menores asturianos que «suplantan identidades para acceder a los juegos y negar esta evidencia solo nos va a llevar a que el problema crezca y nos tiremos de las orejas cuando sea tarde», defiende el presidente de Larpa, quien considera que la situación es muy similar a la del alcohol. Está prohibido vendérselo a menores y aun así, beben. Gutiérrez acusa al Principado de «echar balones fuera» y, aunque valora el protocolo puesto en marcha hace un año, lamenta que «las medidas quedan muy bonitas en el papel, pero hay muchas cosas que se deberían haber implementado ya y no se están cumpliendo».

¿Soy adicto al juego?

En Jugadores Anónimos lanzan 20 preguntas a quienes les visitan para determinar cuál es el grado de adicción que tienen. ¿Causa infelicidad en tu vida el juego? ¿Has sentido remordimientos alguna vez por jugar? ¿Después de perder sentías que tenías que volver a ganar rápido para recuperarte? ¿Te cuesta dormir? Si responderías sí a tres de estas, tienes un problema.