El agua sucia es 20 veces más letal para los niños en zonas de conflicto que las balas

Una mujer tira agua sucia en un canal contaminado situado junto a una fuente pública de agua potable en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). / EFE

El estudio 'Agua bajo el fuego' desarrollado por Unicef destaca que los menores de 5 años tienen más probabilidades de morir de diarrea que por la violencia

Elena Martin Lopez
ELENA MARTIN LOPEZMadrid

«Cuando les doy agua sucia a mis hijos mi corazón no se siente bien». Así expresa Charity, madre de Rumering, Baraka y Grace, de siete, cinco y dos años, respectivamente, la dura decisión que debe tomar todos los días: darles agua sucia a sus pequeños o dejar que se deshidraten. Su caso es uno, pero miles de madres en el mundo sufren la misma situación. A veces, el agua sucia de un pozo o un río es su única opción para sobrevivir, a pesar de saber que puede ser letal.

«En las crisis que involucran conflictos armados, los niños son amenazados por lesiones y muerte, pero las balas y las bombas no siempre son las amenazas más mortales para la vida de un niño», destaca el informe 'Agua bajo el fuego', que analiza las tasas de mortalidad en 16 países inmersos en conflictos prolongados. Así, los niños menores de 15 años tienen tres veces más probabilidades de morir por enfermedades diarreicas causadas por la falta de agua potable, saneamiento e higiene que por la violencia derivada de la guerra; mientras que en los menores de 5 esta probabilidad se multiplica por veinte.

La directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore, ha expresado que estas hallazgos subrayan la necesidad de que el acceso al agua potable y el saneamiento sean tratados como un derecho humano y no como un privilegio. «Los ataques deliberados contra el agua y el saneamiento son ataques contra niños vulnerables», ha dicho Fore. «El agua es un derecho básico, una necesidad para la vida».

Sin agua segura, saneamiento e higiene, la salud, la nutrición, la seguridad y la educación de los niños están en riesgo, exponiéndose a enfermedades prevenibles como la diarrea, la fiebre tifoidea, la cólera y la polio. Además, están en riesgo de desnutrición, son vulnerables a la violencia sexual, ya que recolectan agua o se aventuran a usar letrinas y se enfrentan a dificultades para administrar su higiene menstrual. Por su parte, la falta de agua y saneamiento en los centros médicos dificulta el tratamiento de lesiones y enfermedades.

El informe 'Agua bajo fuego' ha comparado los datos de la Organización Mundial de la Salud sobre «violencia colectiva» y «enfermedades diarreicas» de 2014 a 2016 en Afganistán, Burkina Faso, Camerún, República Centroafricana, Chad, la República Democrática del Congo, Etiopía, Irak, Libia, Mali, Myanmar, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen.

Según los datos obtenidos, en todos ellos, con la excepción de Libia, Irak y Siria, se constató una mayor probabilidad de morir por enfermedades relacionadas con el agua que como resultado de la violencia. Así, hubo 85.700 muertes de menores de 15 años por diarrea frente a 30.900 por la violencia y 72.000 muertes de menores de 5 años por enfermedades diarreicas frente a las 3.400 por la violencia.

«Los seres humanos pueden escapar o refugiarse de las balas y las bombas, pero buscan agua cueste lo que cueste. Si tienen sed, beberán cualquier tipo de agua», ha dicho Omar El Hattab, jefe regional de agua, medio ambiente y saneamiento de Unicef para Oriente Medio y el norte de África. «En Yemen, un niño muere cada 10 minutos por causas prevenibles, y muchas de esas causas (desnutrición, cólera, diarrea) están relacionadas con el agua, el saneamiento y la higiene inseguros», ha añadido.

Los sistemas de agua, saneamiento e higiene a menudo son el objetivo de atacar a los civiles, lo que infringe la convención de Ginebra. «Los hospitales y la infraestructura de agua y saneamiento solían estar fuera a las afueras y las partes en conflicto respetaban su valor para la vida humana, pero la experiencia reciente indica que esto ya no es así», ha explicado Sian White, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. «Los perpetradores de conflictos ven cada vez más los sistemas de agua y saneamiento como un bien de la guerra que puede ser aprovechado para obtener poder y ser destruido para infligir daño a los civiles», ha agregado.

Asimismo, la violencia también suele limitar el acceso a la reparación de equipamientos y a consumibles como combustible o cloro, cuya distribución puede reducirse, racionarse, desviarse o bloquearse. «Los ataques indiscriminados a los servicios de agua y saneamiento deben detenerse, y el personal para el suministro de energía y los trabajadores de agua y saneamiento deben tener acceso a las instalaciones para reparaciones y mantenimiento, independientemente de donde existan esas instalaciones», ha defendido El Hattab.

Con este informe publicado con motivo del Día Mundial del Agua, Unicef hace un llamamiento a los gobiernos y sus aliados para que se detengan los ataques a infraestructuras y personal de agua y saneamiento. Pidiéndoles, a su vez, que vinculen las respuestas humanitarias al desarrollo de sistemas sostenibles para todos y que refuercen la capacidad de los gobiernos y las agencias humanitarias para proporcionar sistemáticamente servicios de agua y saneamiento de alta calidad durante las emergencias.