Su lugar en el mundo

«Siempre quiero ir a por más. Necesito retos»

Paula Beirán, junto a la estatua del desaparecido y añorado Manolo Preciado, su amigo y modelo. / JOAQUÍN PAÑEDA
Paula Beirán, junto a la estatua del desaparecido y añorado Manolo Preciado, su amigo y modelo. / JOAQUÍN PAÑEDA

Paula Beirán soñaba con «ser directiva de una multinacional» y lo consiguió con tan solo 33 años | La responsable de Telefónica en Asturias, con casi 500 personas a su cargo, tiene en Manolo Preciado «un referente»

AZAHARA VILLACORTA

El despertador de Paula Beirán suena todos los días a las seis y media de la mañana. Y, a las siete menos cuarto, ya está corriendo por el parque fluvial gijonés. Diez kilómetros. Llueve, truene o haga sol. «Y los fines de semana, tiradas más largas», dispara como una ametralladora, porque en la vida de la directora de Telefónica en Asturias no hay ni un minuto que perder y porque, si no hubiese nacido en Pontevedra hace 39 años, «podría perfectamente ser alemana».

Ya desde niña apuntaba maneras esta hija única que en el cole empezó a dar muestras de un carácter responsable y disciplinado. «Siempre fui la típica empollona de la clase, la que levantaba la mano, la delegada». Y, claro, con esa cabeza tan «cuadriculada», estaba claro que lo suyo era alguna ingeniería. Exactamente, «Telecomunicaciones en Vigo». Una época en la que, a pesar de que en casa no pasaban «ninguna necesidad», decidió ponerse a trabajar en el servicio de reprografía de la Facultad. «Me enseñaron muy bien desde pequeña que el dinero había que ganarlo y me metí ahí para sacarme un sobresueldo mientras estudiaba», cuenta.

Así que, con esos mimbres puestos por sus padres -ambos empleados de Telefónica-, a pocos puede extrañar que alcanzase la cúpula de la compañía en la región con solo 33 años: «Siempre quise ser directiva de una multinacional y lo conseguí pronto». La primera mujer, algo que no ha sentido como un hándicap: «Nunca he tenido problemas. Al contrario: me siento privilegiada. Precisamente porque estoy en un mundo en el que no hay muchas mujeres, siempre me han tratado especialmente bien».

Donde sí ha corregido su rol es en casa. Allí ejerce la maternidad con sus dos niñas (de nueve y cuatro años) sin demasiados agobios: «El que está más al pie del cañón es mi marido. Al principio, intentaba llegar yo a todo, pero luego te vas dando cuenta de que hay otra persona, que es el padre, con el que te puedes repartir tareas y, si no llegas tú, llega él. Los niños pueden ser igual de felices. No hay que ser mamá para todo». Un marido que, por otra parte, «tiene más tiempo libre por semana» que ella, porque su pareja desde hace tres lustros es el exfutbolista Iván Hernández, hoy segundo entrenador del Sporting. «Nos conocimos en Málaga una vez que yo fui a visitar a mi mejor amigo y, después de varias idas y venidas, cuando él se trasladó a Gijón, pensé: 'Esto es serio. Allí me voy yo también'».

Dicho y hecho. No podía ser de otra manera con Paula, «muy futbolera» y que conoció entra la familia rojiblanca a una de las personas que más habría de inspirarla: el añorado Manolo Preciado, del que aún habla mezclando pasado y presente.

«He tenido la suerte de haber compartido muchas cosas con él, muchas conversaciones y momentos, y me ha dejado marcada. Es una persona que ha tenido graves problemas, a la que la vida le ha dado fuertes batacazos, y, a pesar de ello, tenía un optimismo y una capacidad para gestionar personas envidiable. Yo, que gestiono personas, lo tengo muy presente. Para mí, es un referente total», explica la mujer que dirige los destinos profesionales de alrededor de medio millar de empleados, que no desconecta «ni en vacaciones», cuando la pueden ver «pegada al móvil en la hamaca», y que sigue levantando la mano en todas las reuniones.

«Soy ambiciosa, sí. Siempre quiero ir a por más y necesito nuevos retos», confiesa. Así que, aunque el primer día que salió a correr se puso «malísima», el año pasado hizo la media maratón y ya tiene en mente sus primeros 42 kilómetros, además de «seguir creciendo en la compañía, porque todavía hay mucho recorrido. Y también me apetece ampliar mi formación en temas de empresa, másteres... El encaje de bolillos es complicado, pero todo es ponerse». ¿Alguien puede dudar de que lo logrará?