Detenido un exmilitar asturiano en Santo Tomé acusado de intentar un golpe de Estado

Fotografía de Marco Martínez Méndez, que el exmilitar asturiano publicó en sus redes sociales. / E. C.
Fotografía de Marco Martínez Méndez, que el exmilitar asturiano publicó en sus redes sociales. / E. C.

Fue encarcelado junto a otros dos españoles por, según el Gobierno de la isla africana, tratar de asesinar al primer ministro y secuestrar a otros dos mandatarios

LAURA CASTRO GIJÓN.

Viajó a Santo Tomé para hacer de guardaespaldas y acabó encarcelado acusado de un intento de golpe de Estado. Marco Martínez Méndez, exmilitar de Vegadeo y de 36 años, llegó el pasado 29 de julio a la isla africana acompañado por otros dos excombatientes españoles, Orlando Pérez López (La Rioja) y José Manuel López Jiménez (Cádiz). Habían decidido viajar al país para aceptar la oferta de empleo del exministro de Juventud y Deporte, Albertino Francisco. Se trataba de darle protección como guardaespaldas a él y a otros políticos opositores al Gobierno de Patrice Trovoada, de cara a la campaña electoral previa a los comicios generales del 7 de octubre.

La versión oficial de Santo Tomé, en cambio, describe un objetivo muy diferente que se resume en un plan para matar al primer ministro y secuestrar al presidente de la República y al del Parlamento. Supuestamente, algo salió mal y no pudieron llevarlo a cabo. Los tres exmilitares fueron detenidos el pasado 3 de agosto, encarcelados y acusados de «mercenarios» y de formar parte de «una operación terrorista para subvertir el orden constitucional», es decir, de participar en un intento de golpe de Estado. En el supuesto complot también estarían implicados dos civiles tomenses. Uno de ellos, el exministro Francisco, quien les había ofrecido el trabajo a los españoles. El otro era un supuesto miembro de los Búfalos, batallón de élite de la Sudáfrica del apartheid para la lucha contra los enemigos del régimen instaurado en las antiguas colonias de Portugal.

Sin embargo, fuentes consultadas por el diario 'El Mundo' aseguran que todo se trata de una «trampa, las armas no eran suyas. Se las colocaron». De hecho, es el segundo intento golpista que se da en Santo Tomé en un mes, pues el pasado 21 de junio fueron detenidos y acusados por un delito similar el exministro y diputado opositor Gaudencio Costa y el francotirador Ajax Managem. Ambos quedaron en libertad provisional a la espera de juicio, a diferencia de los exmilitares Martínez, Pérez y López, quienes esperan que la vista se celebre en unos quince días.

Los tres españoles viajaron a Santo Tomé en un avión de la TAP, línea aérea de bandera portuguesa, el 29 de julio equipados únicamente con chalecos antibalas. Sin embargo, según el informe oficial, en el momento de su arresto les fueron requisadas varias armas de guerra, como fusiles de asalto AK-47, granadas, bayonetas y machetes, entre otras. Tras su detención fueron encerrados en la prisión central, en celdas sin ventanas ni ventilación donde comparten espacio con el resto de presos. Según la Oficina de Información Diplomática en Madrid, «no se les ha permitido salir de las celdas desde que fueron detenidos».

Las familias de los tres exmilitares han contratado ya los servicios de un despacho de abogados en Santo Tomé, que ha presentado un recurso para que los españoles puedan hablar con sus allegados. Denuncian, asimismo, «la lentitud, el hermetismo y el silencio mediático en torno a lo ocurrido» y «esperan una respuesta contundente y mayor apoyo» desde España. El Ministerio de Asuntos Exteriores, por su parte, no se ha pronunciado por el momento y el consulado español en la isla africana se ha limitado a confirmar que los tres exmilitares «están bien».

'Popeye', en la élite del Ejército

El vegadense Marco Martínez, apodado 'Popeye', separado y con tres hijos, estuvo en la Armada española durante más siete años y después entró a formar parte de uno de los grupos de élite del Ejército de Tierra, el de Operaciones Especiales III (GOE), donde permaneció tres años realizando distintas operaciones. Una de ellas, en el Líbano, donde protegió a agentes españoles del CNI, a personalidades de la ONU y del Gobierno de Zapatero.

Tras abandonar el Ejército se dedicó al sector de la seguridad privada en diferentes empresas. Con la última, Segur Ibérica, ayudó a frenar los ataques de piratas a los atuneros españoles en el índico. Sin embargo, el ERE de la empresa le dejó en el paro y aprovechó para continuar su formación mientras planeaba opositar a policía local. Estuvo a punto de aceptar un puesto como guardabosques en Ferrol, cuando Orlando Pérez le llamó ofertándole el empleo de guardaespaldas en Santo Tomé.

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