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«Si no fuera por el antroxu...»

Arriba a la izquierda, Nuevo Jazmín. Los flecos y las plumas, son los accesorios más vendidos. A la derecha, Vestuario Yolanda González. Venden incluso dientes de atrezo. Abajo a la izquierda, Que No Te Lo Cuenten. Sushi de chosco de Tineo, para Comadres. A la derecha, Telas al Peso. Las telas más vendidas son las de forro polar./JORGE PETEIRO
Arriba a la izquierda, Nuevo Jazmín. Los flecos y las plumas, son los accesorios más vendidos. A la derecha, Vestuario Yolanda González. Venden incluso dientes de atrezo. Abajo a la izquierda, Que No Te Lo Cuenten. Sushi de chosco de Tineo, para Comadres. A la derecha, Telas al Peso. Las telas más vendidas son las de forro polar. / JORGE PETEIRO

Modistas, merceros y hosteleros disparan sus ventas durante estos días Señalan, no obstante, que la competencia online les perjudica. «Cada año vendemos menos, pues la gente prefiere cantidad a calidad», aseguran

LAURA CASTRO GIJÓN.

«Si no fuera por el antroxu, el mes de febrero sería desolador». Es el pensamiento que expresaron Marta Cuervo y Susana Díaz, copropietarias de Telas al Peso. Aunque también lo comparten José Ramón Fernández, de la mercería Nuevo Jazmín, y Yolanda González, propietaria de una tienda de disfraces y vestuario que lleva su nombre.

Los tres comparten también un balance negativo de los últimos antroxus. «Es muy difícil mantener la tradición de hacer los disfraces a mano, cuando los puedes encontrar en internet ya confeccionados y muy baratos», comenta Cuervo. En términos similares se expresa González, quien añade que «la gente ha preferido cambiar la cantidad por la calidad», pues el abanico que ofrecen las páginas online es inmenso.

Sin embargo, no todo lo que reluce en el infinito mundo cibernético es oro y cuando los disfraces llegan a las manos de su dueño pueden causar decepciones. «Muchos no son como esperaban y otros no son de la talla adecuada. E incluso, algunos llegan con desperfectos», señala González. Y entonces «les entran las prisas y las preocupaciones» por solventarlo y recurren a expertos como los de la mercería Nuevo Jazmín.

Un mes de antelación

«Todos los años acabamos arreglando los desaguisados que causan las compras por internet», asegura Fernández. En su caso, recurre a los flecos de seda, los galones dorados, las plumas y los botones para reparar a tiempo los disfraces del antroxu.

Al final, «siempre se hace todo a última hora». Y esa es otra de las quejas más compartidas. «Si vienen con un mes de antelación se les puede conseguir mediante proveedores y confeccionándolo en el taller cualquier tipo de disfraz», afirma González, quien procura cada antroxu empaparse de las modas juveniles para no decepcionar a ningún cliente. «No hay límites», confirma Alejandro Hidalgo, cliente habitual del establecimiento. «Soy actor y cada dos por tres tenemos que venir a por nuevos vestuarios. Siempre saben cómo ayudarnos, independientemente de la temática», asegura.

Es porque González se implica en lo que hace. «Estoy al tanto de los últimos dibujos y videojuegos, aunque a veces es difícil conocerlos todos. Son demasiados», confiesa. Los adultos tienen gustos, «en su mayoría, pues siempre hay excepciones», más comunes. De hecho, este año, según apunta González, vuelve la moda de inspirarse en el carnaval veneciano. «Es más elegante, da mucha presencia y es sencillo», concluye. Aun así, los animales siguen siendo los reyes de los disfraces y más este antroxu que llega de la mano del temporal.

Motivo por el cual, la tienda de telas de Cuervo y Díaz venden estos días el forro polar «como churros». Si bien señalan que todavía quedan muchos valientes que se atreven con los atuendos de «hadas y romanos», la mayoría prefieren «ir calentinos y abrigados». Y como no son los jóvenes los que confeccionan los trajes, si no sus madres y abuelas, la preocupación porque cojan frío es casi tan tradicional como el propio antroxu.

Macarrón de morcilla

No es solo cuestión de disfrazarse, pues en carnaval también es importante llenar el estómago. En el gastrobar Que No Te Lo Cuenten lo saben bien, pero quieren alejarse del tradicional menú con tortos y picadillo. Por eso, apuestan por platos más innovadores como el sushi de chosco de tineo y el macarrón de morcilla y dulce de tomate para su cena de comadres. «Hacemos un menú a nuestro estilo. A la gente le gusta probar cosas nuevas», asegura el propietario, Miguel Méndez. De hecho, para esta noche ya tienen lleno.

La Montera Picona, en cambio, apuesta por mantener la tradición y un año más ofrecerán los platos más típicos a sus clientes. No acompañarán, sin embargo, el espíritu del antroxu disfrazándose, pues tal y como indica su propietario, Emilio Rubio, «es muy complicado servir con un traje carnavalesco».

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