Feve cierra por primera vez toda la red y Pajares se quedó cinco horas sin trenes

Ferrocarril descarrilado entre Vega de Anzo y Santa María de Grado. / E. C.

360 pasajeros del Alvia realizaron el viaje en autobús, un argayo hizo descarrilar un cercanías y el agua se llevó la tierra bajo la vía que linda con el Sella

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Las infraestructuras asturianas carecen de un mantenimiento o diseño capaz de resistir a chaparrones continuos, como los de las últimas horas. Desde la noche del martes al miércoles los argayos, aludes y ríos desbordados empezaron a hacer estragos en las carreteras y se cebaron sobre todo con los 369,5 kilómetros que componen la red ferroviaria de la región. El parte es amplio y deja una situación inédita. A las 17.30 horas el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) cerró «de forma preventiva» toda la red de ancho métrico desde Muros de Nalón hasta Ribadesella. «Nunca vimos algo igual», confirmaban ferroviarios con décadas de servicio. Antes de llegar a ese extremo, Adif ya había tenido que lidiar con un descarrilamiento con viajeros que salieron ilesos, un cierre de la rampa de Pajares por caída de árboles sobre la catenaria y la pérdida de la vía entre Soto de Dueñas y Arriondas porque la lluvia se llevó por delante todo el suelo que le daba soporte y lo echaron al río Sella.

En la red viaria llegaron a estar cortadas en algún momento del día 22 carreteras, según los recuentos del 112 y la Dirección General de Tráfico (DGT). Al cierre de esta edición permanecían sin acceso tramos de doce de estas vías. Entre ellos se cuentan los túneles de Riaño en la AS-17, un carril de la A-66 a la altura de Cardeo Baxo, la AS-16 de La Bimera a Cornellana, la Nacional 625 en Campurriondi (Ponga), la AS-252 por un hundimiento del firme entre Laviana y Cabañaquinta, la AS-343 de Puertas a Panes, la AS-391 de La Piñera a La Camperona, así como las vías locales SM-7 de Blimea a Las Quintas y la CU-5 de Villerín (Cudillero).

La pesadilla para los operarios de Adif comenzó pronto. A las cuatro de la madrugada ya se estaban movilizando para liberar la vía de ancho ibérico en Llanera, sepultada por un argayo y la caída de árboles. Se trata del tramo que más circulaciones soporta en toda la región y que viene ofreciendo dos insuficiencias. En la salida del túnel hacia Villabona el suelo no resiste y los trenes deben decelarar por seguridad. El escaso cuidado en los márgenes de la vía también ha provocado anteriores caídas de árbol con problemas, como el tronco que terminó arruinando la cabeza tractora de un Alvia el pasado junio.

Los trabajadores solventaron ayer la situación antes de que empezaran los trenes programados pero su día 'negro' no había hecho más que empezar. A las 6.10 Adif cerró el tráfico entre Colloto y Mieres porque el río había tomado las vías. En ese momento Feve movilizó de urgencia a los primeros autobuses, para auxiliar a quienes querían desplazarse entre El Berrón y Oviedo. Menos de una hora después se repitió el problema y se perdió para el servicio la vía entre Infiesto y Carancos, también por inundación. Los autobuses fletados por Feve empezaron a hacer la ruta entre Nava e Infiesto.

A las 7.52 horas el corte se produjo entre Soto de Dueñas y Arriondas, inicialmente por la cantidad de árboles que interrumpían el paso. Luego se comprobó lo peor. A la altura de Arobes, un segmento de más de cien metros de longitud de vía había quedado colgando en el aire. Toda la tierra que lo sustentaba se la había llevado por delante la lluvia para echarla en el colindante río Sella. En una primera exploración los trabajadores de Adif comunicaron que la obra es de una envergadura que requerirá un mínimo de tres días de trabajo. «Es el daño más costoso y difícil de reparar», reconoció al final del día la delegada del Gobierno, Delia Losa.

A las 8.45 el rosario siguió con un poste de la catenaria caído sobre la vía, entre Ribadesella y Arriondas. El agua anegó a las 11.25 horas la vía de Collanzo a Cabañaquinta.

Árboles en Pajares-Navidiello

Tras la tregua del mediodía, cayó una de las infraestructuras más delicadas: la rampa de Pajares. Un maquinista dio el aviso a las 13.50 horas al percatarse de que había ramas tendidas sobre la catenaria entre los túneles de El Topeal y La Pisona, tubos que permiten la circulación en el segmento Pajares-Navidiello. A las 14.40 otro conductor de tráfico de carga comunicó que tuvo que detener la marcha porque había un árbol apoyado en la catenaria. Adif reaccionó y dio por cerrada la rampa, vía única que une a Asturias y la Meseta.

«Nosotros íbamos en el Alvia que salió de Chamartín a las 11.45 y de repente nos vimos detenidos en el pueblo de Villamanín, detrás del Ezequiel», comentaba Publio Lorenzana, ovetense afectado. «Tras media hora nos comentaron el problema y que teníamos que regresar a La Robla para desde ahí ser trasbordados en autobuses», indicó. Lorenzana contó que ya el viernes, cuando viajó a Madrid, tuvo que hacer el trayecto hasta León en otro ferrocaril y allí cambiar de unidad, lo que le supuso un retraso de más de 40 minutos. «Me devolvieron la mitad del billete, y ahora me tendrán que reembolsar todo», reivindica. «Esto es un sabotaje, es como si no quisieran que siguiéramos... Ya en el puente de la Constitución tuve que recoger en La Robla a mi hija y nieta por lo mismo, no hay derecho», lamentó.

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El trabajo de los operarios de Adif reparó la catenaria a las 17.57, decretándose la reapertura al tráfico a las 19.14. En total la conexión con La Meseta estuvo interrumpida cerca de cinco horas, lo que obligó a Renfe a buscar autobuses para 360 viajeros que iban en los distintos servicios Alvia y regional que no pudieron pasar.

En la red de ancho métrico, mientras, las incidencias siguieron dando guerra. Entre Luarca y Cudillero se registró un argayo, en Trubia el río anegó las vías y a las 16.20, entre Vega de Anzo y Santa María de Grado saltó la alerta: un cercanías de Feve descarriló con quince viajeros. La unidad circulaba entre dos trincheras que el agua estaba descomponiendo; la acumulación de barro y piedras terminó sacando al ferrocarril de la vía.

La baja velocidad a la que iba el conductor evitó daños personales. «Sentimos un golpe, más fuerte de lo habitual y vimos que frenamos en seco», confía Belén Cuendías, vecina de Grado que acudía a su puesto de trabajo en Oviedo.

«Estábamos a kilómetro y medio de la estación más cercana así que tuvimos que caminar por las vías, lo que no es fácil si llevas tacones; nos metimos por el túnel y todo», recuerda. En el apeadero Feve ya tenía dispuestos los taxis para ayudarles. Hoy empezará la jornada con la red cortada, enviando a especialistas para supervisar todas las líneas antes de decidir en cuál permite el servicio comercial.