Yésica, una luchadora contra la adversidad, víctima de un cruel crimen

Edificio donde residía la pareja fallecida, en el número 2 de la Travesía Mohices de La Caridad; abajo, a la izquierda, una imagen de Yésica Menéndez./DAMIÁN ARIENZA
Edificio donde residía la pareja fallecida, en el número 2 de la Travesía Mohices de La Caridad; abajo, a la izquierda, una imagen de Yésica Menéndez. / DAMIÁN ARIENZA

La joven de 29 años fue asesinada por su pareja, que se ahorcó en la ventana de su casa con sus dos hijos dentro

E. F. / D. S. F. LA CARIDAD.

Yésica Menéndez era una joven apreciada en La Caridad. Natural de El Franco, «era una buena estudiante, una alumna de diez», explicó a este periódico su antigua profesora del colegio público Jesús Álvarez Valdés, donde ayer tenían que haber empezado el curso sus dos hijos, de cinco y siete años.

Menéndez, según contaron ayer los vecinos, era «muy trabajadora». Se había dedicado al servicio doméstico en varios domicilios del municipio, pero hace unos meses «se sacó el carné de camión, que era lo que ella quería, y empezó a trabajar de camionera. Hacía la ruta a Italia para varias empresas del concejo».

La vida de Menéndez no había sido fácil. Su padre, Tomás Celestino Menéndez, que vivía con la pareja hasta su muerte, falleció hace poco más de un año. Según sus allegados, se suicidó. Su madre, Regina Fernández, también perdió la vida. En este caso, su muerte conmocionó a la localidad porque «fue un terrible accidente, la atropelló un camión de una manera brutal». Por si fuera poco, su hermana también se suicidó y dejó tres hijos pequeños.

«No lo tuvo fácil pero ahora se la veía contenta otra vez, era muy reservada y tímida. Iba a veces a ver a su abuela, que vivía en Castello, un pueblo de El Franco», comentaron.

Ayer, La Caridad vivió una jornada negra. Esta pequeña localidad del concejo de El Franco está hoy de luto oficial por la muerte de su vecina Yésica Menéndez Fernández, de 29 años. Es la tercera víctima por malos tratos en Asturias este año y la número 31 de España. La Caridad fue ayer escenario de la repulsa y la condena de estos actos, con la sociedad asturiana movilizada de nuevo contra esta lacra frente al Consistorio. Yésica Menéndez Fernández fue asesinada. Recibió cinco puñaladas en la medianoche del domingo de manos de su pareja, el brasileño Abdenego de Souza, de 50 años, quien después se ahorcó desde su ventana -en el segundo B- y quedó colgado de la fachada del edificio, el portal 1 del bloque número 2 de la Travesía de Mohices. Fueron sus vecinos quienes avisaron a la Guardia Civil.

Jonathan Iglesias, vecino del segundo C, vive justo debajo de la pareja fallecida. «Estábamos en la cama y los sentimos discutir fuerte, no era la primera vez, y a ella decir: 'Déjame, déjame en paz'. A él no le entendíamos, pero no le dimos importancia. A los cinco minutos, oímos un golpe muy fuerte y levanté la persiana a ver qué habían tirado. Miré hacia arriba y vi la cuerda y pensé que nos intentaban robar, pero al girar la cabeza hacia abajo ya le vi a él (Abdenego de Souza) colgado. Un metro más y me entra en casa».

En el primero A, los vecinos también se percataron de que Yésica Menéndez y Abdenego de Souza protagonizaban una acalorada discusión antes de tener lugar este trágico episodio. «Vivimos una noche de película», comentaron a este diario. «Estaba durmiendo al niño y escuchaba ruido y voces. Al poco, sentimos como si tiraran algo por la ventana y se asomó mi marido. Y lo vio ahí, colgado. 'No te asomes, no te asomes', me dijo. No dábamos pie con bola y fue nuestro vecino, Jonathan, el que avisó al 112».

Jonathan Iglesias comentó que «estaba tan nervioso que no atinaba a marcar». Como pudo, llamó al 112 y pasadas las doce de la noche recibió el aviso la Central Operativa de la Guardia Civil informando del hallazgo del cuerpo de un hombre colgado de una ventana de una vivienda en La Caridad. Iglesias explicó que «en un primer momento pensamos que solo se había suicidado él, pero al juntarnos los vecinos, empezaron a decir que podía haber alguien dentro porque una hora antes, a las once de la noche, la habían visto subir a ella y a los niños. Teníamos miedo de que les pudiera haber hecho algo». Virginia García, vecina del inmueble, en el segundo D, también le había visto a él, Abdenego de Souza. «Fue cuando llegué a casa, a las nueve de la noche. Estaba como todos los días, no le noté nada raro. A las doce ya me despertó el ruido y me encontré con todo esto».

Más información

«Oíamos llorar a los niños»

La Guardia Civil trasladó al domicilio de la pareja a varias patrullas de Luarca, a personal de la Policía Judicial de esta compañía así como del laboratorio de Criminalística de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo para realizar la inspección técnico-ocular en el piso. «Cuando los bomberos tiraron la puerta de la casa abajo, los niños salieron llorando y medio dormidinos», explicaron en el primero A. Según esta vecina, «él no me daba buena espina y eso que nunca hizo nada que me llamase la atención, pero veía algo raro». Una opinión que compartió la residente en el segundo D, Virgina García. «Tenían discusiones frecuentes y oíamos llorar a los niños todos los días pero no sabemos por qué».

En la vivienda, los guardias localizaron el cadáver de la mujer con heridas mortales de arma blanca y para descolgar el cuerpo de él solicitaron la colaboración de bomberos del SEPA con base en Luarca que fueron quienes procedieron a bajar el cadáver del hombre. «Lo descolgaron a la calle con una cesta», contó Iglesias. Ambos cadáveres fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal de Oviedo, donde ayer se les realizó la autopsia. En el informe se detalla que ella recibió tres puñaladas en región dorso lumbar, por la espalda, y otros dos en el lado derecho del cuello, producidas por un machete de cazador de grandes dimensiones. Murió por la hemorragia. Él se rompió el cuello al ahorcarse. El informe de la autopsia confirmó así la principal hipótesis de la Guardia Civil de que él cometió un acto homicida contra su pareja y posteriormente se colgó de la fachada de su casa.

Al parecer, la pareja estaba en trámites de separación. «Los niños, no sé si se enteraron de algo pero el mayor, de siete años, no paraba de decir que había mucho ruido. Estaban asustados, aturdidos y adormilados. El mayor tenía el niqui manchado con sangre. El pequeño, de cinco, es más dormilón y sí que no se enteró. Se los llevaron al Hospital de Jarrio porque tenían miedo de que les pudieran haber dado algo para dormirlos, pero están bien». Fuentes policiales manifestaron también que los niños se encontraban en el salón cuando los agentes abrieron la puerta. No existen antecedentes ni denuncias previas por malos tratos entre la pareja, según confirmó la directora del Instituto Asturiano de la Mujer, Almudena Cueto, que presta apoyo jurídico y psicológico a la familia. Los niños están ahora con un familiar de la madre.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos