Los técnicos usan las rocas del argayo de La Cortina para proteger la ladera

Una de las máquinas, desmenuzando una de las grandes rocas del argayo. / J. M. PARDO
Una de las máquinas, desmenuzando una de las grandes rocas del argayo. / J. M. PARDO

Los geólogos regresan a la zona para comprobar si hay nuevos riesgos de derrumbe y determinar el modo de contener la parte superior de la montaña

ALEJANDRO FUENTE LA CORTINA.

La alcaldesa de Lena, Gema Álvarez, se trasladó ayer a la población de La Cortina para dar cuenta a los vecinos de los trabajos que realiza la empresa Construcciones Souto para retirar el enorme argayo que casi se lleva por delante a todo el núcleo el pasado 26 de junio. Las obras avanzan a buen ritmo. De hecho, ayer ya se habían picado por completo dos de las grandes rocas desprendidas que derribaron cuatro viviendas y dejaron otras dos dañadas. El material se está usando para construir una escollera con la que proteger la ladera y evitar nuevos argayos.

La regidora daba la información a los vecinos afectados por el desprendimiento. «De momento, no tenemos plazo para la conclusión de los trabajos de limpieza de la zona», apuntaba. La previsión inicial es que las labores se puedan alargar durante, al menos, tres meses. Pero se trata de un calendario que se puede alargar en función de las dificultades que los operarios se encuentren en la zona. Por lo pronto, explicaba la responsable municipal, esta semana han regresado los geólogos para analizar la situación del terreno y comprobar si hay nuevos peligros de derrumbe. «También para determinar la mejor solución para poder construir el elemento de contención en la parte superior de la ladera y eliminar todo riesgo».

La empresa ya ha habilitado dos caminos para que la maquinaria pueda acceder a esta parte superior de la montaña desprendida. El jefe de obra de Souto, Jesús Antuña, ya admitió que se trata de una de las obras más complicadas a las que se ha enfrentado hasta el momento. «No nos hemos encontrado con desprendimientos de estas dimensiones, va a ser una actuación compleja y larga». Se comenzó con la retirada de tierra desde la parte de arriba. «Casi hay que reconstruir el pueblo», afirmó Antuña. No todo, pero sí la parte más afectada, ya que, además de las viviendas dañadas (cuatro en total), el desprendimiento se llevó por delante caminos, carreteras y servicios de los vecinos. Todo eso hay que volver a habilitarlo», apuntó.

Álvarez acude cada poco a la población. Estuvo el día del suceso y se desplaza periódicamente para informar de primera mano a los vecinos. También quiso estar en el inicio de trabajos de limpieza del argayo. «El proceso de contratación de las obras ha sido bastante rápido, por la urgencia. Llevamos días ya trabajando con el Principado y los vecinos están más tranquilos porque ven que se trabaja por su seguridad». Álvarez confesó que no se atreve aún a cifrar el coste de las labores necesarias y puso como ejemplo la actuación en el desprendimiento de Anzó, en Sobrescobio, «que comenzó también con unos 300.000 euros y, al final, se elevó a más de 800.000».

Sin heridos

Ahora, en el pueblo, hay más de un centenar de vecinos. De forma habitual residen solamente seis, pero se llena en esta época y durante los fines de semana. «Con las máquinas trabajando, ya vemos luz al final del túnel», comentaron esperanzados algunos.

Fueron toneladas de rocas y barro las que se deslizaron ladera abajo generando el pánico entre los pocos habitantes habituales del pueblo. En el momento del suceso, en La Cortina había apenas seis personas. De llegar a producirse en fin de semana, el argayo podría haber ocasionado una tragedia, ya que había más de medio centenar de personas, como indicaron los vecinos. El día del suceso se tuvo que desalojar parte del núcleo del pueblo -ante la llegada de una tormenta de agua- y se acordonó la zona afectada.