«Fue una enorme emoción ver a los Reyes y sus hijas llegar a Covadonga»

Asturianos y turistas inavaden hoy el Real Sitio, colapsado por la etapa reina de la Vuelta

ÓSCAR PANDIELLO

El Real Sitio de Covadonga amaneció hoy tomado por turistas que se encontraron con las dificultades de acceso de la etapa reina de la Vuelta Ciclista a España que culmina esta tarde en Los Lagos, lo cual ha colapsado la carretera. Turistas y visitantes han podido llegar en coche hasta Covadonga, pero no seguir hasta Los Lagos, carretera cortada desde ayer a las once de la noche. El ambiente en la explanada de la basílica rezuma curiosidad por la visita real de ayer, una de las comidillas de todos los grupos reunidos en torno a la basílica y la Cueva. «Fue una enorme emoción ver a Sus Majestades llegar a Covadonga. No lo pude ver en directo debido a las restricciones de acceso, pero me emocioné mucho igualmente a través de la televisión», comentaba una vecina de Ribadesella.

El abad de Covadonga, Adolfo Mariño, destacó para EL COMERCIO el orgullo y la trascendencia de la histórica visita así como la atención y la curiosidad de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía por todo lo concerniente al Real Sitio, un lugar que les era desconocido. Igualmente, Mariño se mostró muy satisfecho por cómo se desarrolló la visita real durante la jornada.

Llegó la comitiva al Real Sitio de Covadonga con media hora de retraso. Justificado. En Cangas de Onís, los reyes Felipe y Letizia y sus hijas, Leonor y Sofía, se entretuvieron saludando a los abuelos del asilo. Sirvió la espera para afinar voces y lanzar ¡vivas! A la monarquía, al Rey, a la Guardia Civil y a la Policía Nacional. Allí, en Covadonga, cuna del Reino, con banderines de Asturias, España y Europa, un millar de personas aguardaban para ser parte del histórico día, el de celebración de los tres centenarios -el XIII del Reino de Asturias, el I de la Coronación Canónica de la Virgen y el I de la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga- y ser testigos del gran día de Leonor.

La Princesa de Asturias llegó en vehículo propio, con el estandarte azul que eligió como enseña cuando recibió los atributos de heredera de la Corona. Acompañada de la infanta Sofía, descendió del coche y buscó con la mirada a su padre, al Rey; de hecho, no dejó de hacerlo durante prácticamente toda la jornada, para que la guiara. Lo mismo hizo con la Reina. Tímida y sonriente, era consciente de que se la observaba con lupa. Don Felipe, doña Letizia y sus hijas respondieron con saludos a los primeros aplausos y vítores. Tras saludar a las principales autoridades regionales -llamó la atención la corbata verde (acrónimo de Viva el Rey de España) con flores de lys (la de los Borbones) que lució el alcalde de Cangas de Onís, José Manuel González Castro-, la Familia Real se adentró en la Santa Cueva. Fue el momento más íntimo y recogido, y dicen que el que más impactó a la princesa Leonor y a la infanta Sofía. No es de extrañar. La gruta es la gruta. Allí están la Santina -ayer con manto rojo y delantal y rostrillo históricos, confeccionados a partir de un vestido que fue de la reina María Cristina y donó su hijo Alfonso XIII poco después de su muerte- y los restos de don Pelayo -por lo que está catalogada como panteón real-.

Antes de abandonar la Santa Cueva, los Reyes y sus hijas escucharon el himno de Covadonga, interpretado por el gaitero José Ángel Hevia, y se asomaron a la balconada, desde donde se tiene una privilegiada vista.

El cielo se tornó gris y la tarde amenazaba tormenta en el corazón del Parque Nacional de los Picos de Europa, adonde la Familia Real se dirigió tras descansar un poco de la intensa mañana. Sin embargo, pocas cosas iluminan más que la cara de felicidad de un niño, y ayer, por unos minutos, los Lagos de Covadonga, los pastores cangueses y su especial regalo hicieron que Leonor y Sofía, amables y correctísimas durante toda la jornada, recordasen que en el fondo son eso: niñas. Lo demostraron primero durante el empinado ascenso al nuevo Mirador de la Princesa, que la futura reina se encargó de inaugurar para conmemorar los cien años de la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, el primero de toda España.

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