«Había vendido el coche porque decía que a su edad era un peligro conducir»

El coche fúnebre llega a la iglesia de San José, donde ya esperaban familiares y amigos de Senén Álvarez. / DAMIÁN ARIENZA

Más de cien personas entre familiares y amigos se reunieron en la iglesia de San José para dar su último adiós a Senén Álvarez

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

«Son accidentes que pueden ocurrir en cualquier momento, pero que nunca esperas que te toquen a ti. Senén nunca pudo imaginar que le iba a suceder lo que terminó por acontecerle». Así se refería el sacerdote de la iglesia de San José al accidente que terminó con la vida de Senén Álvarez, de 77 años, quien volvía a casa, en Gijón, en el autobús siniestrado después de haberse realizado un chequeo médico en Avilés. Ayer, más de un centenar de personas entre familiares y amigos hicieron que la iglesia de San José le dieron su último adiós. Sus cenizas presidían el púlpito del templo, donde también se le dedicará la misa del próximo domingo.

Tras la lectura de la carta del apóstol Santiago a los romanos, donde este incide en la obra redentora de Cristo, el cura se refirió a la celebración de la Novena de la Virgen de Covadonga, de quien dijo que se encargaría de cuidar a Senén. «La Virgen actuará como madre y lo acogerá en su balsa», afirmó dirigiéndose a la familia.

Era un hombre soltero y sin hijos que, no obstante, tenía una amplia familia, en su mayoría primos, y una gran cantidad de amigos, los cuales lamentaban «profundamente» su pérdida. «Era un hombre muy abierto y espléndido que se hizo a sí mismo. En el ámbito laboral era todo un profesional, lo que hizo que tuviese una clientela muy fiel», afirmó uno de sus mejores amigos, José Luis García.

«Había vendido el coche hacía poco porque decía que con su edad era un peligro conducir y que no se la quería jugar. El destino quiso que encontrase la muerte precisamente en una carretera», contaba apesadumbrado un amigo, quien explicaba que Álvarez había ido a pasar consulta a Avilés porque uno de sus sobrinos trabaja allí. «Como es obvio, Senén prefería que le llevase todo lo relativo a los chequeos su propio sobrino, por lo que se desplazaba a Avilés periódicamente», contó.

«No paraba quieto»

Su círculo más cercano habla de Álvarez con un tremendo cariño. «Era una persona muy buena y con la que disfrutabas tomando un café o dando un paseo. Siempre estaba acompañado. No paraba quieto», relatan sus amigos. Por su parte, la familia, con quien mantenía un estrecho y permanente contacto, apenas podía contener ayer el llanto ante la repentina pérdida. «Era una persona muy bondadosa. Enterarnos de que ya no estará con nosotros de esta manera ha sido muy duro. En un primer momento apenas nos lo podíamos creer», acertaban a decir, conmocionados por el fallecimiento de Senén Álvarez, quien había regentado una asesoría fiscal en la gijonesa calle de Donato Argüelles.

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