«Gracias por hacernos sentir que Emilio era una persona tan especial»

«El chófer estaba consciente. Nos dijo su nombre y que le dolía la pierna»
Nota de agradecimiento de la viuda de Emilio. / E. F.

La viuda agradeció con una nota manuscrita en el local que regentaba el comerciante gijonés las muestras de cariño de los vecinos de Avilés

EVA FANJUL AVILÉS.

«Muchísimas gracias a todos y a todas por hacernos sentir tan orgullosos de haber compartido la vida con alguien tan especial y querido. De todo corazón». Con estas palabras la viuda y el hijo de José Emilio Menéndez agradecían ayer las numerosas muestras de afecto y apoyo recibidas en Avilés tras su muerte en el accidente de autobús del lunes.

Hacia las tres de la tarde de ayer, la viuda de Emilio, colocó una nota con este mensaje en la fachada de 'El Duende', el sex shop que desde hacía cerca de quince años regentaba en la calle Concepción Arenal y cuya puerta se ha ido llenando de flores y velas en homenaje espontáneo a este gijonés.

El mensaje de agradecimiento de la familia aparecía pegado justo al lado de otra emotiva nota en la que unos vecinos dedicaban palabras de cariño y recuerdo al fallecido. «Es fácil llorar en soledad, pero casi imposible reír solo. Doy gracias por todas las risas que he compartido contigo... Te recordaremos siempre sonriendo».

Fue Fredo Sánchez, gerente de Fredo Events, el primero en colocar una flor y una vela en su memoria. Un gesto que emularon otras personas que conocieron a Emilio. «Coloqué en la entrada una vela y una flor y al poco tiempo la gente fue trayendo más e incluso había algunas personas rezando», contaba Sánchez sobre un 'altar' en el que muchos quisieron rendir homenaje a Emilio.

«Divertido y amable»

«Era muy querido, divertido y sobre todo amable. Siempre tenía chuches para los perros del vecindario y le cogía las bolsas a sus vecinas mayores», decía Javier Díaz, gerente de 'El Pesquín', otro comercio que colinda el que llevaba este gijonés. «Emilio era metódico y muy puntual». Por eso, cuando la tarde del lunes observaron que la puerta de su negocio permanecía cerrada «comenzamos a temernos lo peor» recordaba Miguel Suárez, propietario del bar Antonio, donde todos los días Emilio tomaba su café y donde era considerado «más amigo que cliente». Allí tenía su tertulia y «disfrutaba debatiendo sobre fútbol o música», detalló este hostelero.

Emilio fue despedido en el tanatorio de Cabueñes en Gijón, donde se ofició una ceremonia civil en su memoria.

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