Analizan miles de teléfonos conectados en Pría la noche del crimen de Ardines

Guardia Civil, familiares y compañeros de Javier Ardines, poco después del crimen, en Belmonte de Pría. / JUAN LLACA
Guardia Civil, familiares y compañeros de Javier Ardines, poco después del crimen, en Belmonte de Pría. / JUAN LLACA

La cercanía de la autovía y la saturación de otras antenas próximas por la afluencia a las fiestas complican la investigación de los terminales

OLAYA SUÁREZ / LUCÍA RAMOS GIJÓN / LLANES.

El miedo marca la linde. Las puertas de las casas se han cerrado en Pría, los vecinos evitan salir solos por la noche y son muchos los que han optado por instalar cámaras de seguridad en sus fincas. El miedo y la incertidumbre del no saber se ha instalado en esta parroquia llanisca. No hay respuestas para las muchas preguntas que se plantean sus habitantes. No hay posibilidad de pasar página sin antes saber quién y por qué cometió tan macabro crimen. Se cumple un mes de la muerte de Javier Ardines, el concejal de Izquierda Unida asesinado a golpes tras ser objeto de una emboscada de madrugada, a escasos metros de su casa.

La falta de explicaciones y el paso de las semanas no han hecho más que contribuir a la proliferación de rumores, algunos malintencionados y otros sin fundamento. La Guardia Civil trabaja incansable, ajena a las habladurías que se han apoderado del pueblo y en busca de pruebas sólidas que marquen de manera clara los pasos a seguir para detener a los responsables. Porque la principal vía de investigación es que fueron varias personas las que acabaron con la vida del edil.

Los vecinos de Pría se han acostumbrado ya a la continúa presencia de los investigadores en los caminos. Es raro el día en el que los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) y los efectivos de la Comandancia de Gijón no regresan para buscar nuevos indicios, comprobar localizaciones o recorrer una y otra vez el camino en el que un vecino halló el cadáver de Ardines, a unos sesenta metros de su vehículo, que estaba arrancado, y a la misma distancia del lugar en el que los autores del crimen habrían colocado las vallas de obra que le obligaron a bajar de su furgoneta para así poder atacarle.

Esta misma semana los agentes han contado con la ayuda del Servicio Cinológico. Los perros han rastreado fincas y carreteras en los que los guardias habrían fijado su mirada en el transcurso de las pesquisas policiales. Se trata de ir montando un complicado puzzle hasta tener la imagen completa. A esos trabajos minuciosos se sumarán en los próximos días los resultados de los restos de ADN hallados en el cadáver y también en las vallas que los autores tuvieron que manipular para su traslado y colocación. Esas conclusiones serán clave en la investigación, pero no determinantes. Que las manos de Javier Ardines tuviesen restos biológicos de otra persona no significa necesariamente que sea su asesino, sino que en algún momento, los días previos, pudo haber tenido algún contacto con ella. El ADN es un argumento más, pero no es el único.

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Cientos de horas invertidas

Desde que a las 8 de la mañana del 16 de agosto fuese hallado el cuerpo sin vida del concejal de Izquierda Unida, los agentes de la Guardia Civil encargados del caso han invertido cientos de horas de trabajo. A la toma de decenas de declaraciones a familiares, amigos y personal del Ayuntamiento -donde Ardines ostentaba la concejalía de Costas, Medio Rural y Personal- se suma el análisis y estudio de los ingentes datos aportados por la antena de telefonía móvil que proporciona cobertura a Belmonte de Pría, donde vivía y donde fue asesinado, a los 52 años, Javier Ardines.

A priori, en esa zona rural con población dispersa, la conexión de teléfonos debería de ser residual. Sin embargo, las labores se complican por el hecho de que la noche de autos se celebrasen varias fiestas en Llanes (con el colapso de antenas que rebotarían la señal hacia la de Pría) y que por las proximidades circulen cientos de conductores por la autovía del Cantábrico, una de las vías que soporta más tráfico del Principado, más aún en pleno agosto.

Los agentes están revisando y cotejando miles de números de teléfono. Aún así, las pesquisas avanzan, aunque no tan rápido como les gustaría no solo a los llaniscos. Quieren respuestas y las quieren ya. Pero el procedimiento y las investigaciones certeras requieren sus tiempos.

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