«Nunca le faltó el respeto a mi madre, éste no es un caso de violencia machista»

Concentración convocada por el Ayuntamiento, Principado y Delegación del Gobierno./
Concentración convocada por el Ayuntamiento, Principado y Delegación del Gobierno.

A. FUENTE LANGREO.

La familia de Luis Llaneza y María Isabel Fuente quedó «destrozada». Así lo aseguraba, todavía conmocionado, uno de los hijos del matrimonio, José Ramón, una persona muy conocida en el sector de la sidra. Roto de dolor, pudo articular unas palabras para salir en defensa de su padre, presunto autor del crimen. «Rechazo de forma rotunda que éste sea un caso de violencia machista; de hecho, nunca le faltó el respeto a mi madre en todo el tiempo que estuvieron juntos».

La noticia caía como un jarro de agua fría en el tranquilo vecindario de casas bajas y adosadas. Un operario, ya tras la marcha de los investigadores, limpiaba con calderos de agua la calzada. Asomados a sus ventanas, algunos vecinos, primero con cierta reticencia, avalaban la versión del hijo y aseguraban que se trataba de un matrimonio «modélico», que nunca había provocado problemas ni discusiones, que era una familia «muy conocida y querida» en el concejo y que siempre se preocuparon todos ellos por el barrio que nunca quisieron abandonar.

Una mujer, desde la ventana de su casa, comentaba que María Isabel ya no salía a la calle desde hacía tiempo a causa del alzhéimer. «Pero él era un hombre muy activo, iba y venía con su coche y se le veía animado. De hecho, hace poco comentaba que pensaba irse hasta septiembre a una casa que tenían en Rodiles». El cariño que se había granjeado venía, en gran parte, por su compromiso desinteresado con la vecindad. Hasta el lugar se acercó Fernando López, quien aseguraba sentirse «destrozado» por la muerte de ambos; recordaba que Luis era un hombre con un «gran corazón» y detalló que, hace unos pocos años, se quemó la casa de su hermana, en el barrio, muy cerca de la calle Juanito Perotti. «Mi familia se quedó con lo puesto en la calle, se quedaron sin nada; él acudió al poco tiempo, sin pedirle, nada, con material de construcción y una cuadrilla de su empresa y se hizo cargo del arreglo de forma desinteresada de la vivienda calcinada. Era una persona excepcional y siento mucho lo que ha sucedido». Nadie sabe qué pudo pasar con exactitud dentro de esa casa. «No lo parecía, pero debía estar sufriendo mucho por la enfermedad de su esposa. Nunca dieron problemas y él siempre era muy atento con su mujer. Estamos sorprendidos», reconocía Alfonso Hernández.