A Tapia de Casariego, a ver la ballena

Decenas de curiosos se acercaron a la cala del Figo donde varó el cetáceo de 21 metros | «Es impresionante», repetían los visitantes ante el ejemplar de 30 toneladas de peso. Hubo quien aprovechó para hacerse selfies

BELÉN G. HIDALGOTAPIA DE CASARIEGO.

«Me da mucha pena. No puedo ni mirarla a las ojos», confesaba, sobre una roca, Arancha Fernández, una gijonesa que se acercó a la cala del Figo, en Tapia de Casariego, para contemplar el cuerpo de la ballena que varó en el acantilado y murió el mediodía del pasado miércoles. El cetáceo es un ejemplar de rorcual común que mide 21,7 metros de largo y cuyo peso oscila entre las 25 y las 30 toneladas. «Es impresionante», repetían decenas de curiosos que se acercaron al lugar para ver de cerca tan majestuoso animal. Algunos quisieron inmortalizar el momento con un selfie.

Poco importaba que el acceso hasta el cetáceo fuese todo un complejo periplo. Ni siquiera el peligroso sendero hasta la cala mermó el interés. Entre las ramas de las higueras que cubren el camino que llega hasta la orilla se adivinaba la fila de personas que trataban de acercarse al animal. «Merece la pena el riesgo. Es muy interesante. Me hubiese gustado haberla visto viva», comentaba, de regreso de la cala Elena Rodríguez, natural de Noreña que no quiso perderse esta oportunidad.

En la parte alta, los más cautos se servían de los prismáticos para ver el cetáceo. «Somos reincidentes. Vinimos ayer (por el miércoles) pero estaba la marea alta y no se veía bien. Esto parece una romería», apuntaba la tapiega Cruz Ana, en referencia a la cantidad de gente que se estaba acercando, sin temor a la altura ni a las mareas.

Para las pequeñas Alicia y Marina Romillo fue una experiencia única. Veranean con su familia en Tapia de Casariego y ayer fueron a hacerse la foto con la ballena. «Desde arriba parece más pequeña», apuntó Alicia. Marina, en cambio, no dejaba de mirar el rojo del agua. «El agua tiene sangre porque estaba herida», se lamentaba la pequeña.

Más información

Pero alrededor de la rorcual común también merodeaban expertos en biología marina. Fue el caso de Anxo Cao, miembro de la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA), de Galicia. «Hay interés por parte de la ciudadanía. Eso es bueno. Antes se mataban y ahora se sacan fotos. Quizás sirva para concienciar», afirmaba mientras estudiaba el ejemplar varado. Sin atreverse a apuntar las causas de la muerte, Cao explicó que «se están alimentando en el golfo de Vizcaya y es probable que se haya desorientado hasta llegar a tierra». Habrá que esperar los resultados de la necropsia para saber qué le causó la muerte.

Los técnicos del Principado realizaron las biometrías para conocer la dimensión de la ballena, un dato básico para concretar el dispositivo que permitirá llevar a tierra al cuerpo del animal. También tomaron muestras de sangre, piel y grasa. «Es complicado. Se intentará arrastrarla por mar hasta un punto donde se puedan acercar medios que la lleven a tierra», explicaron miembros de la Consejería de Medio Ambiente. Por el momento se desconoce cuándo se procederá a extraer el ejemplar de la cala.