Bob Dylan, el hombre que vive encapuchado

El autobús recogió a Dylan en el hotel y lo llevó al Palacio de Deportes a primera hora de la tarde. / D. A.
El autobús recogió a Dylan en el hotel y lo llevó al Palacio de Deportes a primera hora de la tarde. / D. A.

El enorme autobús negro en el que se traslada tardó media hora en llegar hasta el Palacio de Deportes por el tráfico que había en la zona | Bob Dylan solo salió del hotel desde su llegada para realizar una prueba de sonido

P. A. MARÍN / K. LEVIN GIJÓN.

Entradas fulgurantes, salidas entre guardaspaldas, siempre embozado con una capucha y sin mirar a los lados. Bob Dylan apenas se dejó ver en Gijón, y su equipo de seguridad hizo todo lo posible porque nadie le viese en su llegada ni en su salida del hotel al Palacio de Deportes ayer para realizar una prueba de sonido con su banda. Estos sí se mostraron más accesibles, sobre todo Charlie Sexton, y hasta firmaron algunos autógrafos y pasearon por el Carmen, acompañados también del equipo de seguridad antes de trasladarse al recinto donde a las nueve de la noche iba a tener lugar el concierto.

El gran autobús negro en el que se traslada el artista aparcó a eso de las dos de la tarde ante el hotel, y a una señal del equipo de seguridad, el músico se metió en él mientras los guardaespaldas evitaban que los pocos aficionados que hacían guardia a aquella hora ante el Hotel Moderne pudiesen siquiera acercase a él o sacarle una fotografía. Tardó cerca de media hora en llegar al Palacio de Deportes, porque entre elecciones, partido de fútbol y la animación típica de un domingo de sol en Asturias, el tráfico estaba complicado.

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Una vez allí, el autobús aparcó ante la entrada trasera del recinto y, mientras los miembros del equipo comenzaban a bajar las maletas y bultos que venían con él, Dylan se quedó dentro hasta que colocaron unas vallas que impedían cualquier tipo de visión hacia el interior. A eso de las cuatro y media de la tarde salió desde el hotel, en otro viaje en bus, el resto de maletas de los músicos, con la ropa que usarían para el concierto, pero los aficionados y curiosos congregados se quedaron con las ganas de ver al Nobel de Literatura y sacarse una foto con él. Tras la salida del vehículo hacia el lugar del concierto, los pocos admiradores que quedaron se fueron marchando. La anécdota la marcaron los dueños del bar aledaño al edificio, situado justo enfrente de la puerta lateral del hotel por la que entró Dylan la madrugada del sábado. Un cartel invitaba al músico estadounidense a pasarse por el bar «a tomarse un caldo», una divertida ocurrencia ante la que, sin embargo, el artista no respondió. A excepción del recital, fue un visto y no visto.