El «buen gestor» que sucumbió a la política

Ajedrez. Alfredo Canteli con el gran maestro internacional Anatoli Kárpov en 1981./
Ajedrez. Alfredo Canteli con el gran maestro internacional Anatoli Kárpov en 1981.

Tras rechazar ofertas previas, Canteli aspira ahora a gobernar Oviedo

SUSANA NEIRA

Cuenta su equipo que Alfredo Canteli (Teverga, 12 de agosto 1946) supervisa cada detalle para que nada escape a su control. Quizá por eso a pesar de los cortejos este «buen gestor» y «líder natural», como le definen todos por su trayectoria en la banca y en el Centro Asturiano, rechazó las ofertas de Gabino de Lorenzo para ser concejal y no debió de verlo claro cuando Francisco Álvarez-Cascos le ofreció encabezar la lista de Foro Oviedo. Siempre se mantuvo en el gran refugio del Naranco. Hasta que una llamada a principios de enero de Teodoro García Egea, el secretario general del PP, le animó a dar el salto; curiosamente, en el momento de mayor incertidumbre política. «Algún loco tiene que haber en este país y uno de esos soy yo», justifica sobre la decisión.

Una segunda razón: veía a «Oviedo triste» gobernado por la izquierda que no es de su gusto - «yo siempre voté al PP», confiesa quien no cuenta con carné de partido-. Una ciudad de la que no es natural (nació en Prado de Teverga) este hijo de maestro nacional y de la propietaria de un bar-tienda. Un matrimonio que sacó adelante a siete hijos. Tras una infancia «muy bonita», Alfredo se marchó a los 11 años a Valladolid, a casa de unos tíos, para estudiar Bachiller. Solo volvía en verano y Navidad. Hasta que con 18 años regresó a Oviedo y nunca más salió.

Siempre dice que esta ciudad «me lo dio todo» -hasta el título de 'Ovetense del año'-. De ahí que como objeto personal para este perfil escoja una alianza, símbolo de su compromiso con la capital. Muy unido se siente además a Marta, la mujer de su vida. Él mismo cuenta que «me enganchó desde el primer momento en que la ví» en el paseo de los Álamos. El noviazgo duró cuatro años, se casó a los 24 y tienen dos hijos, dos nueras y dos nietos.

También le enganchó la banca. Se embarcó tras sacar el número tres de unas oposiciones y dejar, no sin el enfado de su padre, la carrera de Minas. Una profesión, la de gestor, a la que dedicó muchas horas y le reportó el triunfo profesional. Llegó a ser la cara de Banesto, entonces primer banco del país, en Asturias. «No cabe duda de que nadie llega a esos puestos por casualidad, lo merecía», elogia para destacar su valía un amigo con quien compartió muchas horas en el Centro durante dos décadas.

Otra llamada telefónica, a la que primero contestó 'no' y luego 'sí', le unió de nuevo a la «niña de sus ojos», el Centro Asturiano. Tras una primera etapa, coincidiendo con Luis Riera, regresó para ser presidente entre 1999 y 2019. Allí saneó cuentas, reformó las canchas de tenis, construyó la piscina climatizada y el pabellón infantil sin subir las cuotas de los 17.000 socios. Pisó poco el despacho, lo suyo es «visitar las obras y hablar con la gente». Y allí demostró «lo buena persona que es, honrado, trabajador, constante y con mucha calidad humana», describe este amigo.

Tanto su anterior equipo como sus colaboradores actuales del PP destacan su «vitalidad», su carácter «serio» y, a la vez, «el buen trato humano que da». Lleva cinco meses trabajando a ritmo frenético, mostrando «su gran capacidad de trabajo», cuenta un integrante de la campaña local. Sus contrincantes le ven cansado pero él asegura que está mejor que muchos jóvenes.

Como buen competidor, solo se ve de alcalde. El domingo sabrá si los números le cuadran y podrá ejecutar su plan para revitalizar Oviedo en 180 días. De momento, él sostiene que esta vez ha venido a la política para quedarse gobierne o no.